SIX

-Que… Que haces??- Repitió Ana alarmada.
-Abre las piernas zorra!- Le dije desde abajo.

Ana miró alrededor y a lo lejos en la calle, nerviosa, miraba de un lado a otro con miedo a encontrarse a alguien que nos pudiera ver, pero yo ya estaba hundiendo mi cara entre sus piernas.

-No! No! No… nos van a pillar!- Me dijo con voz agitada agarrándome del pelo.

No le hice caso, empujé su culo hacía mi, hundiendo mi boca entre sus piernas, alargué mi lengua buscando entre los pliegues húmedos de su coño.

Ana se dobló hacía atrás en cuanto notó que mi lengua lamía entrando entre los labios, y pasó de empujar mi cabeza hacía atrás, y resistirse, a apretarme contra su coño.

-Oouuff… Ooh! Ooh! Mmmh!!- Comenzó a gemir dependiendo de cómo movía mi lengua.

Poco a poco se entregó a mi boca, y fue abriendo un poco mas sus piernas, apoyándose contra aquella pared y arqueando su espalda.

Ahora alcanzaba mejor su coño, recoloqué mi boca y me dediqué a lamer sin parar, hundiendo mi lengua con más profundidad.

Lo poco que podía apreciar de Ana desde mi ángulo, allí agachado, era como se mordía la boca y movía sus hombros contra la pared, lo que hacía que desde mi posición viera sus tetas bambolearse de un lado a otro cada vez que pasaba un coche y nos iluminaba.

Poco a poco fui abandonando aquella zona de su coño, pasando la puntita de mi lengua un poco más arriba, entre sus labios, hasta que choqué contra su clítoris.

Fue tocarlo y Ana cerró la mano con la que me cogía la cabeza formando un puño y atrapando mi pelo. Me hacía daño, sentí un tirón, pero no lo suficientemente fuerte como para que abandonara aquel manjar.

Fui rodeando con la punta de mi lengua aquella bolita, como si estuviera buscando su contorno, aquella penumbra no me dejaba apenas ver, así que usé mi lengua como un ciego usa su bastón, lamiendo cada rincón de su coño como si me hiciera un mapa mental de su forma.

Ana se deshacía, se había dejado caer un poco resbalando por la pared, ahora tenía sus piernas un pelín flexionadas, y un poco más abiertas. Y yo accedía a su coño mucho mejor.

Cuando tuve clarísimo donde estaba su clítoris, que era el caramelito que buscaba, pegué mis labios en su contorno, y succioné.

-OOouuufff!- Oí suspirar a Ana por encima de mi.

Volvió a abrir y a cerrar la mano con la que me pillaba el pelo, y sentí un ligero alivio.

Dentro de mi boca, atrapado entre mis labios, comencé a golpear con la lengua aquel botoncito de un lado a otro, dando pequeños lametones rápidos y sin parar, llevando mi lengua de un lado a otro.

A Ana le empezaron a temblar las piernas, y empezó a gemir como si le vibrara la voz. Resoplando para coger aire.

-Hijo… Oohh… de… Mmmhh… Puta…- La escuché decir entre resoplidos.

Parecía un manantial de flujos, y aproveché para llenarme los dedos y meterle dos en su coño.

Ana se deshacía cogida a mi cabeza, de vez en cuando veía los fogonazos de las luces de los coches al pasar, iluminándola, me dejaban ver su cara, con la boca muy abierta y los ojos cerrados, disfrutando.

-Ooh! Ooh! Ooh!- Sonaba a música saliendo de Ana.

Seguí jugando a ese juego, lamiendo y chupando su clítoris mientras le metía mis dedos dentro de su coño.

-Voy… Mmhh… Voy a correrme!- Me gritó desesperada.

Aceleré un poco el juego, ella empezó a variar el ritmo de sus gemidos, y a temblar de arriba a abajo.

De repente se puso tensa, y empujó mi cabeza hacía atrás, al no esperarme ese movimiento por su parte, salí despedido de su coño, y la miré extrañado.

-Mierda! Viene alguien!- Dijo alarmada con cara de pánico.

Giré mi cabeza para mirar a un lado y al otro de la calle, y a lo lejos venia un tipo caminando como si tal cosa. No nos había visto, iba cabizbajo, y estaba aún bastante lejos.

-Joder!- Solté poniéndome en pie.
-Viene hacia nosotros!- Dijo Ana nerviosa.

Se recolocó la falda sin perder detalle del tío que se acercaba. Estaba lejos, mucho para verlo con claridad. Por lo que tampoco podía habernos visto. Nosotros estábamos pegados a la pared, donde había menos luz que en el centro de la acera. Por lo que seguramente aquel tío ni nos vio por el contraste de luz a oscuridad.

-Tranquila, esta muy lejos para haberse empanado de algo.- Dije.
-Vamos al hotel… por favor.- Me dijo casi como suplicándomelo.

Me cogió de la mano y tiró de mi con urgencia. El hotel quedaba hacía el lado de donde venía aquel tipo, por lo que nos lo tendríamos que cruzar tarde o temprano.

Eché a andar detrás de ella, Ana tiraba de mi, pero cuando comprendió que nos acabaríamos cruzando con aquel tio, se detuvo nerviosa, la agarré de la cintura y tiré de ella para cruzar aquella calle. Parecía que estábamos huyendo de quien fuera aquel tío, o que hubiéramos robado algo, ya que andábamos con paso ligero y mirando de vez en cuando hacía atrás.

Yo estaba mucho más calmado que ella, estaba más acostumbrado a hacer este tipo de juegos, había tenido una novia, con la que había hecho más de una travesura así, y a mi ex le ponía muchísimo el riesgo de ser pillada, y yo me volvía loco viéndola tan cachonda. Le gustaba jugar con los subidones de adrenalina. Y ahora era Ana la que estaba experimentando uno.

Llegamos a la otra acera, y vimos al tipo pasarnos de largo. Creo que ni se percató, ni siquiera miró hacia nuestra dirección, ni nada. Iba a su ritmo y en su mundo, fue un momento de esos en los que haces una travesura y piensas que todos te han visto y en realidad, luego nadie se ha dado cuenta de nada, pero tu te has montado tu película.

Ana se echó a reír, creo que más por nervios que por otra cosa. Yo la miraba sonriendo porque me hacía gracia verla así. Se peinó el pelo hacía atrás pasándose los dedos, y me miró asombrada.

-Joder! Joder! Joder! Nunca había hecho algo así!- Decía suspirando con una sonrisa en la cara, estaba alucinada.

Se llevó las manos a la cara, e iba dando pequeños paseos de un lado a otro, yo seguía mirándola sin decir nada, solo sonreía. De repente reparó en mi, y se quedó quieta.

-Como cojones puedes estar tan tranquilo! A mi se me va a salir el corazón por la boca!- Me dijo mirándome como si fuera un extraterrestre.

En realidad no estaba nada tranquilo, pero me divertía mucho verla así, estaba disfrutando de sus reacciones, y la pura verdad es que estaba demasiado cachondo como para sentir cualquier otra cosa.

Le agarré una muñeca y llevé su mano hasta mi polla, para que la notara.

-No estoy nada tranquilo, créeme.- Le dije atrayéndola hacía mi.

Ana apretó el bulto, y me miró mordiéndose el labio inferior. Se pegó a mi y volvió a besarme.

-Vámonos al hotel… te lo suplico.- me soltó en cuanto se separó de mi boca.

Cogí aire, Ana seguía palpando mi polla por encima del pantalón. Mirandome, mientras se mordía los labios.

-Está bien. Pero allí no pienso contenerme.- le dije casi como una amenaza.
-Estoy deseándolo.- suspiró mordiéndose fuerte la boca.

Continuará…

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