PENÉLOPE

Hace un tiempo nuestra vida sexual en pareja se había vuelto un poco rutinaria y en casa estábamos ya los dos solos. Tuvimos dos hijos (hija e hijo), pero ya tienen sus propias vidas e independencia.

Mi marido me había insistido varias veces para salir de la rutina el hacer un trío con otro hombre. Le excitaba el hecho de verme follada por otra persona. Yo al principio no me podía creer lo que me proponía e incluso llegué a dudar que me siguiera queriendo. Incluso cuando hacíamos el amor me lo insinuaba al oído, diciéndome cosas como «si esta polla que te meto fuese la de otro estaría como un toro de salido» y yo notaba que se excitaba más y su polla se ponía mas dura. Incluso me enseñaba películas porno con tríos y yo observaba como gemían de placer esas mujeres al ser taladradas con dos pollas; una en el culo y la otra en el coño. Hay que decir que yo soy multiorgásmica y que me  encanta que mi marido me la meta por el culo y el coño indistintamente.

En ocasiones cuando mi marido se iba a trabajar yo me ponía una de esas películas y con mis consoladores (siempre tuvimos juguetes sexuales) me daba placer. También mi marido mientras me la metía por un lado me introducía un consolador  por el otro diciéndome «así me gusta, goza  con dos pollas dentro» y la verdad que a mi me encantaba.

Al final accedí a su propuesta. La verdad que pasé del no creerme lo que me proponía, al excitarme solo pensando en ser follada por dos hombres.

Mi marido no tardó mucho en tener una cita con un empleado suyo. Un encargado de un almacén con el que había concertado una reunión en nuestra casa.

Este hombre se presentó en la casa un sábado a eso de las 11 de la mañana y después de las presentaciones pasamos a tomar un pequeño tentempié y algo de beber, acto seguido se fueron al despacho de mi marido y allí estuvieron  hasta la hora de comer.  Después de la comida mi marido dio el día libre a la sirvienta y nos quedamos solos. estuvimos hablando un rato y mi marido recibió una llamada la cual le hice yo (habíamos planeado un plan para que yo me llevara al huerto a este hombre, mientras mi marido estaría escondido viendo la escena).

Mi marido mantuvo una conversación con sigo mismo a cierta distancia de nosotros y al regresar nos dijo que se tenía que ir que  había surgido un problema en una de sus fábricas. Nuestro invitado se incorporó para irse pero mi marido lo convenció para que se  quedara a hacerme compañía, pues él seguro que antes de dos horas no regresaría.

Allí  nos quedamos los dos en el tresillo del salón tomándonos él un cubata y yo una cerveza. Hablamos de cosas sin importancia y cuando el creía que no miraba observaba con el rabillo del ojo como me desnudaba. La verdad es que yo siempre me  conservé muy bien y de hecho cuando digo que tengo 52 años nadie me cree. mi figura es muy estilizada pese a haber tenido dos hijos y mi pecho es de una talla 100

La verdad que yo estaba nerviosa, estaba claro que el primer paso lo tenía que dar yo, pues él al ser empleado de mi marido se veía en cierta medida cortado (o eso creía yo), poco a poco me fui acercando a él, poniéndole mi mano en su muslo, insinuándome y dejando que la falda se me levantase dejándole ver mis largas piernas hasta el muslo y en una ocasión casi hasta se me vio el tanga.

El por su parte también reaccionaba bien a la insinuación y pronto me puso su mano en mi muslo, lo que me excito y me hizo subir la adrenalina, y sin pensarlo mucho decidí darle un morreo. El no se anduvo con chiquitas ni con falsas apariencias y no solo respondió al beso, sino que  sus manos se fueron directas una a mi pecho y otra acariciando mi muslo.

Tengo que decir que entre la cocina y el comedor había una persiana por la que pasábamos la comida de un lado al otro, estaba a media altura y pude ver a mi marido mirando con los ojos como platos.

Pronto nos deshicimos de nuestra ropa entre magreos y morreos. Cuando se quitó su calzoncillo pude ver la polla mas gorda que he visto en mi vida y el se percató de mi admiración ante aquella prominente polla. «¿Te gusta?» me preguntó. «Nunca he visto una polla tan gruesa. ¿Eso entra en un coño». Sin duda entraría pues siendo gorda no lo era tanto como el puño de la mano de mi marido quien me lo metió en varias ocasiones, tras untarlo bien de vaselina y si entraba el puño, entra esa polla que desde luego no era tan gorda. En cuanto a la largura yo calculo que sería de unos 18 cm. mas o menos como la de mi marido.

Tras hacerle una señal a mi marido esté se retiró al armario de la habitación (como estaba planeado) pues mi excitación era ya tanta y tenía tantas ganas de sentir esa polla dentro de mi que no pude esperar más y lo invité a que fuésemos al dormitorio.

Me cogió de los brazos como si fuese una pluma, le indicaba el camino y al llegar a la habitación me tiró sobre la cama. Quiso apagar la luz pero yo insistí en que no lo hiciese pues quería ver como me  metía la polla.

Tras unas caricias y un rato de excitación yo ya estaba totalmente lubricada y ya había tenido un orgasmo cuando el con su lengua juguetona me comió el coño, luego yo tuve que hacer un esfuerzo para abrir mi boca a tope y succionar esa polla en mi boca y mi lengua.

Me puso en posición del misionero  y yo me fui colocando para que mi marido desde su posición no se perdiera detalle de como me introducía la polla. Y he de decir que lo  hizo con delicadeza, poco a poco sin forzar dejando que aquella polla fuese escurriéndose dentro de mi coño poco a poco, hasta que estuvo totalmente dentro.

Yo sentía como aquella polla me rozaba en toda la cavidad. Me sentía llena y aquel roce en todo el interior de mi coño me ponía a cien no dejando de gemir de placer. El comenzó a bombear cada vez más aprisa. Yo estaba totalmente empapada y pronto tuve un nuevo orgasmo. cada vez sus bombeos eran mas fuertes. en un momento observé que su cara tenía un síntoma de que se quería correr y paró de repente, la sacó y yo le dije que no se preocupara por correrse dentro que ya hacía tiempo que no era fértil.

El dijo que no era eso, que estaba tan buena que no quería correrse y desaprovechar el momento, quería magrearme y disfrutar un rato más. Así qué comenzó a chuparme las tetas y yo quería coger aquella polla con mis manos, y digo bien «manos» por que con una sola no era capaz a abarcársela, claro está que mis manos son pequeñas.

Al poco me pidió que me pusiese a cuatro patas y en posición del perrito comenzó un rápido baibén que sin duda por la posición permitiría a mi marido ver como me la metía y me la sacaba en movimientos rápidos. En esta postura yo sentía con mas placer desplazarse esa ancha polla en todo mi interior. Una polla que cubría todo mi coño y que me hizo tener un profundo y largo orgasmo como no había tenido con mi marido, por debajo de mis pechos pude ver como mis fluidos vaginales caían sobre las sábanas.

Una  vez más me puso de espaldas y sin darme tiempo a pensarlo me la introdujo de un solo golpe. Mi coño estaba totalmente sensible y el más mínimo rozamiento me hacía correrme de gusto. Tras unos pequeños baibenes se sacó la polla de mi interior y se corrio sobre mí. Una larga y buena cantidad de esperma que salió de su polla a pequeños borbotones, hasta que se derrumbó sobre mí de tanta excitación.

Cuando mi marido «regresó» nosotros  ya nos habíamos duchado, yo me había secado el pelo y estábamos en el salón tomándonos algo.

La cosa no acabó aquí. Si le puedo decir que a partir de entonces nuestra vida sexual fue en aumento y los fines de semana de sexo a tres fueron constantes.

penelope.estudios@hotmail.com

womanpenelope.wordpress.com

Un comentario sobre “Así rompimos la rutina

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