SIX

Los franceses no entienden de licores, o por lo menos aquel sitio, porque nos trajo algo que sabía cómo a licor de melocotón, no tenía ni idea de que era, pero me lo bebí de un trago esperando notar algo el alcohol, pero aquella bebida era dulce, demasiado para mi gusto, parecía un zumo. Mientras nos tomábamos aquel brebaje, el camarero cobró, y ya solo quedaba salir de allí.

Ana tuvo que levantarse antes que yo para dejarme salir a mí también, levantarse de aquellos bancos era cuestión de ir haciendo sentadillas hasta quedar libre de la mesa, y me divertía mucho viendo como Ana daba saltitos sabiendo que no llevaba ropa interior. Se recompuso la minifalda que se le había subido lo justo con aquellos saltitos, un milímetro más y el restaurante hubiera disfrutado de sus encantos, pero no llegó a eso. Ana se apresuró a estirarse la faldita hacía abajo. Me miró y se apoyó en la mesa mientras yo me levantaba.

-Creo que me ha subido el alcohol.- Me comentó sonriendo.
-Mejor.- Sonreí.

Yo también andaba un pelín contento si he de ser sincero, pero Ana había bebido más que yo.

Salimos del restaurante, no estaba muy lejos del hotel, pero tocaba caminar un poco, agradecí la brisa nocturna, tampoco era muy tarde, sobre las diez, pero ya no quedaba casi nadie en la calle. Francia es húmeda y fría, había charcos por todas partes y eso que no recordaba haber visto llover.

Ana se pegaba mucho a mi al andar, en la calle resonaban sus tacones, tremendos.

Yo no me corté un pelo, y agarré a Ana por su culo, apretando bien sus nalgas y a ella contra mí. Sonreí pensando que hacía unas horas, cada uno caminaba a distancia del otro, y esto hubiera sido impensable, fruto de otro cabreo…

Como cambian las cosas con un poquito de alcohol, morbo, y deseo.

Ana se dejaba hacer, incluso sonreía cuando me miraba de manera lasciva.
Pasamos por una calle ancha, con unos dos carriles para el tráfico para cada sentido, lo que dejaba la otra acera a bastante distancia. Al otro lado estaba la via del tren, o el metro, no estaba seguro. Había una pared alta como de metal. Y por donde nosotros caminábamos estaba todo cerrado, parecía estar desierta toda la zona.

Me detuve, pero Ana aun dio un par de pasos, giró su cabeza para mirarme, extrañada. Me abalancé sobre ella y la abracé desde atrás.

-Que haces??- Me dijo alarmada.
-Ssshhh…- Le siseé para que se callara.

La rodeé con mis brazos, y llevé una de mis manos a su entrepierna, Ana me cogió la mano intentando evitar que le metiera mano allí, en plena calle, pero usé la fuerza a mi favor y logré meter mis dedos bajo su escasa falda.

-Para cabronazo! Alguien nos puede ver!- Gritó con un hilo de voz apagado.

No respondí, estrujé una de sus tetas con la otra mano y comencé a morderle el cuello, Ana se resistió, agarrándome la mano con la que intentaba llegar a su coño, lo justo, pero conforme le besaba el cuello o estrujaba tu pecho fue perdiendo fuerza, hasta que logré tocar su coño y hundirle la punta de uno de mis dedos. Entonces tiró su cabeza hacia atrás quedando apoyada en mi hombro, fue como tocar un botón capaz de apagar la rebeldía de Ana.

Comenzó a gemir, mientras yo jugaba con su coño, a resoplar ahora sin contenerse, tanto que llegó a hacerme pensar que era probable que alguien nos pillara. Le tapé la boca.

Ella pegaba su culo contra mi polla, que la tenía durísima, mientras sentía como mis dedos jugaban con su coño en plena calle. No fue algo planeado, más bien, era todo fruto del calentón que llevábamos.

Ana respiraba por la nariz de manera exagerada, emitiendo gemidos ahogados a través de la mano que le tapaba la boca. Había dejado de forcejear, en lugar de eso metió sus manos entre nosotros buscando el bulto que notaba contra culo, mi polla. La estrujó, haciendo que aceleraran mis dedos en su coño.

-Joder que buena estas zorra! Haces que me entren ganas de hacer locuras y follarte en plena calle!- Le dije al oído.

Ana seguía con su cabeza apoyada en mi hombro, me miro unos segundos de reojo, con los ojos entrecerrados, continué masturbándola, mi otra mano estrujaba sus tetas, notaba el sujetador apretando sus pechos.

De repente noté sus dedos dentro de mi pantalón. Ana se las había apañado para abrir mi cremallera y meter sus manos, estaba buscando la manera de sortear el calzoncillo y llegar a mi polla.

Íbamos dando algún que otro traspiés, miré a lo lejos y vi que a unos metros había como un pequeño jardincito pegado a la pared, era como un muro a una altura un poco más alta que las rodillas, perfecto para apoyarse medio sentado, donde habían unos setos de esos que se podan de forma cuadrada.

La agarré de una mano y me la llevé hasta allí, me senté y Ana se colocó entre mis piernas, de frente. Me miró mordiéndose de nuevo los labios con aquel gesto que hacía y me daba tanto morbo.

-Yo estoy borracha… pero tu… definitivamente estas como una puta cabra, cabrón!- Me soltó tambaleándose.

Después se abalanzó sobre mi y comenzó a comerme la boca. Me pilló por sorpresa, me metió la lengua buscando la mía, y yo no me quedé atrás. Su boca sabía a gloria, dulce y húmeda. Abría su boca y la cerraba buscando mi lengua.

La textura de su lengua contra la mía, de sus labios y su saliva, inundaban mi boca, y era tremendamente placentero. Sabía besar muy bien.

Me había pillado por sorpresa aquel beso, deseaba follármela, jugar con ella, incluso me había hecho una idea del sabor de su coño, pero no me había planteado besarla, el sabor de su boca me pillo desprevenido, incluso cuando se separó de mi me quedé con ganas de seguir sintiendo ese sabor.

-Vamos al hotel, allí puedes pedirme que haga lo que quieras.- Me susurró con su boca aun pegada a la mía.

Me reí.

Ana me agarró de la mano y empezó a tirar de mi. Primero caminó de espaldas un par o tres de pasos, sonriéndome con una mirada lasciva, luego se dio la vuelta y comenzó a caminar moviendo su culo de manera exagerada, mirándome de reojo mientras me sonreía. Yo me dejaba llevar de la mano.

-Te gusta lo que ves?- Me dijo girándose un poco y meneando su culo sin dejar de andar.

-Mucho. No me extraña que te lo tengas tan creído con lo buena que estas!- Le dije mirándola de arriba a abajo.

No sé porque solté aquello, era un bocazas, a Ana no le gustó, se detuvo y se giró hacía mi como si fuera a contestarme, pero yo me abalancé sobre ella agarrándola del culo y apretándola contra mí, cogiéndole de la barbilla para encararme mucho a su cara.

-Ni se te ocurra contestar zorra!- Le empecé a susurrar mirándola a los ojos.- Sé que te encanta que te miren, que te deseen, y lo usas para conseguir lo que quieres… Te encanta tener a los tíos con la polla tan dura como la tengo yo ahora…

Le apreté más del culo para atraerla hacía mi y que notara como se le clavaba mi polla, la tenía durísima. Ana me miraba ahora con rabia, se apoyaba contra mi pecho para intentar soltarse. Yo la seguía apretando contra mi, sujetándole de la barbilla muy pegada a mi boca. Los dos nos mirábamos a los ojos.

-Pero que no se te olvide que ahora eres mi juguete… -Continué. –Estoy deseando probar a que sabe esa delicia que guardas entre las piernas… y luego te follaré, esta noche pienso disfrutar como nunca…- Hablaba más el alcohol que yo.

Le solté la cara, y ella permaneció mirándome con la boca abierta unos segundos, luego intentó soltarse, pero la cogí por la nuca y empecé a besarla.

Al principio ella se resistió un poco, pero cuanta más lengua le metía, más se dejó hacer, hasta que cedió por completo y comenzamos a morrearnos con ansia.

Le agarré con ambas manos el culo, y ella arqueó su espalda hacía atrás para besarme mejor, poco a poco fui ganando terreno hasta llegar a meter las puntas de mis dedos bajo aquella minifalda y llegar a alcanzar el limite de sus nalgas. En cuanto notó mis dedos tocar su piel, me cogió una mano apretándomela.

-Para…- Me dijo entre besos.

Pero yo no cedía, y ella me apretaba más la mano con la suya.

-Para por favor… Aquí no.- Se volvía a quejar entre besos.

Pero mientras forcejeaba atrapándome una mano, mi otra mano, más libre de hacer lo que quisiera, llegó más lejos, y pude meter mis dedos entre sus piernas alcanzando su coño desde atrás. Ana apretó sus piernas, pero tenía el coño tan caliente y mojado que mis dedos resbalaron solos hasta lograr meterse ligeramente en su rajita.

Abrió su boca muy pegada a la mía, cerró los ojos, soltando su aliento en mi boca y poniéndose de puntillas.

-Oooh!- Suspiró en mi boca.

Suerte que era una calle muy poco transitada y bastante mal iluminada, aunque algún que otro coche pasaba de vez en cuando, dibujando un sinfín de sombras con los faros.

Ana poco a poco fue perdiendo los papeles, y dejó de cogerme la mano para agarrarse a mi cuello y mi nuca, clavándome la lengua hasta el fondo en mi la boca. Mientras nos besábamos y jugaba con su coño, fuimos dando algún que otro paso errático, hasta acabar apoyados en la pared del edificio, entre dos persianas.

Ana quedó contra la pared y yo sobre ella.

-Estás loco…- Me dijo resoplando y peinando su pelo hacía atrás cuando comencé a comerle el cuello.

Estaba ahora totalmente estregada a mi, me abrazaba por el cuello acariciando mi nuca, besandome, mientras arqueaba su espalda apoyando solo los hombros en la pared, prácticamente tenía la falda subida por detrás, y yo la agarraba de sus nalgas desnudas, metiendole mano en su coñito desde atrás.

-Si. Y tu estas chorreando.- Le dije entre besos.

Nos devorábamos la boca en plan guarro, decidí probar una cosa, saqué los dedos de su coño y fui resbalándolos hasta llegar a su culito, acariciándolo ligeramente por encima.

Ana dejó de besarme unos segundos, elevándose de puntillas y mirándome a los ojos, pero no dijo nada, solo abrió la boca mucho.

Se lanzó de nuevo a mi boca resoplando por la nariz, agarrandose ahora a mi con fuerza, así que seguí jugando con un dedo acariciando su culo, dibujando círculos y apretando ligeramente la yema de mi dedo de vez en cuando.

-Mmmmmh!!- Soltó Ana en mi boca.

Pegó su culo contra la pared, lo que provocó que mi mano quedara aplastada contra la piedra y solo ahora solo podía mover mi dedo haciendo presión sobre su culito.

Ana gruño con un sonido nasal, como un bramido ahogado dentro de mi boca. Me puso burrísimo que no se opusiera a que le tocara el culo y jugara con su ano. Deje de besarla y le mordí el cuello, bajando hasta besar y morder el principio de sus tetas. Eran tan blandas y tan calientes que me volvieron loco. Acabé besando y lamiendo su escote, y hundiendo mi cara en el.

-Oohh… Mmmhh…- Escuchaba gemir a Ana por encima de mi.

Estaba disparado, enloquecido, fruto del subidón y envalentonado por el alcohol seguí bajando sin dejar de agarrar sus caderas, hasta que llegué a ponerme en cuclillas.

-Que haces??- Me preguntó alarmada Ana.

Tiré de su falda hacía arriba, y vi por primera vez aquel coñito que me tenía loco en persona, su olor me inundó, lanzándome a la locura.

Continuara…

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