XAVI ALTA

Yolanda. 11

Las tardes de viernes o sábado eran las únicas en que tenían permitido tocar en casa, ensayar con la guitarra, pues los padres no solían estar y no molestaban a los vecinos. Fuera de ese horario, si Sergio o Yolanda querían rasgar cuerdas debía ser sin distorsión, en acústico.

Yoli había cumplido la norma, pero no había desaprovechado las pocas horas de permiso para atronar el piso con Today’s our future, sobre todo sabiendo que su hermano estaba en casa. Era lo suficientemente tozudo para no hacerle caso ni preguntarle por la pegadiza melodía, pero el material era bueno, lo sabía ella, lo pensaba July, lo valoraría Sergio, así que decidió percutir para hacerlo bajar del burro. Yo también sé componer, yo también puedo crear algo bonito y, asociándome con July, también somos capaces de parir un bombazo.

Fuera del horario musical, la chica dedicaba las horas que pasaba en casa a ensayar en acústico la decena de canciones propias que componían el repertorio de Father’s cove. Pero ni por ésas. Sergio no parecía valorar los esfuerzos de su hermana, tampoco se sentía atraído por la última creación del dúo que él consideraba un trío y, lo que era peor, cuanto más escuchaba tocar a Yoli, más reacio era a continuar con ellos pues la soberbia había sido sustituida por rencor.

Enero había sido una mierda, pero febrero era mucho peor, pensaba la joven. Además, Vane había desaparecido, Paula estaba rarísima y Vero iba a la suya, como siempre, por lo que buscó la compañía de July, pero éste solamente parecía estar interesado en la música, en el grupo. Ella también, pero necesitaba desconectar de tanto en tanto, divertirse, pues enquistado el problema pensó que lo mejor era dejarlo enfriar unas semanas.

Por la necesidad de evasión, para sentirse viva, volvió al Rostov, se dejó caer por el Kaluha, el Blue, la Locomotora y otros baretos de ambiente de dudoso pelaje, le compró material al Rata, tuvo varios viajes siderales y confraternizó con atípicos especímenes del sexo opuesto. Aunque también con Rémy.

La divisó al fondo del Blue, charlando con dos tíos que no conocía. Al acercarse se dio cuenta que al rubio sí lo tenía visto, al menos recordaba perfectamente el diámetro de su pene pues casi la parte en dos, pero aún no se había teñido el cabello cuando la profanó. Saludó a la nueva amiga con efusividad, suponiendo que dormir desnuda bajo la misma manta le confiriera ese título, y estuvieron charlando los cuatro casi media hora. Tuvo que ser Yoli la que cortara el rollo, pues Rémy era muy cariñosa, de las que te abrazan, toman del brazo, te dan la mano, inconscientemente, pero que provocan que un desconocido pueda malinterpretar los gestos. Así, Yoli tuvo que pararles los pies a los dos tíos pues viendo la confianza y sintonía entre las chicas, dieron por hecho que los cuatro se encaminarían a encamarse juntos, en una suerte de orgía o intercambio de parejas a la que ella no pensaba prestarse.

“Les has cortado el rollo” fue la sentencia de la cantante, que mantenía su brazo derecho por encima del hombro de Yoli. “A mí tampoco me apetecía la verdad. Manu es más feo que pegarle a un padre y el Trolas es buen tío, pero eso no es suficiente para que me abra de piernas”. Sonrió ante el comentario de Rémy, pues el mote del chico provenía de lo mucho que alardeaba de sus atributos, algo que los amigos negaban o decían no creer, por más cierto que fuera, así que lo rebautizaron indiferentes a que el herido joven se abriera el pantalón y demostrara que no eran exageraciones.

Yoli confesó a su nueva compañera de copas que no era una trola lo del chaval, que había tenido que ponerse ella encima para controlarlo pues la estaba haciendo polvo, nunca mejor dicho rió Rémy, dando pie a un divertido juego de confidencias hasta que se atrevió a verbalizar la pregunta que llevaba días quemándola. ¿Qué pasó el otro día entre nosotras?

“¿No lo recuerdas?” preguntó divertida la chica. Yoli negó, me desperté aturdida, desnuda, entre dos desconocidos. Una sonrisa torcida hacia la derecha, irónica, presidía la faz de Rémy en un gesto que pronto descubriría que era muy habitual en ella. Se relamió en su respuesta, haciéndose la interesante, preguntándole de nuevo si recordaba algo, informándola de que yo soy Rémy y el chico se llama Luc, ya no somos desconocidos, rió, para acabar por confirmarle que se habían acostado juntas.

No recuerdo nada. Una lástima, respondió Rémy, “porque soy muy buena y te pegué una buena comida”. Yoli se sonrojó, preguntándole si ella también lo había hecho. La joven siguió jugando con ella, haciéndose de rogar, alabándola por tener un cuerpo tan bonito de pezones pequeños y rosados, hasta que le confesó “Qué va, tía, eres una desagradecida. Estabas tan colocada que no me devolviste el favor. Suerte que llegó Luc en ese momento y acabó la faena”.

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