JOHN ARANDA

Calixto se yergue aletargado de entre las sábanas, se desprende desnudo de las sombras como el fruto magullado y belicoso de las mismas y se dispone en dirección a un gran ventanal por el cual mana densa la luz del ocaso, Calixto deja descansar su cuerpo en su pie derecho y cruza su pie izquierdo por detrás de su pie derecho mientras apoya su mano izquierda en un borde del holgado ventanal a la vez que observa sin asombro por largo rato, desde la más desaforada altura, la magnanimidad de la áurea metrópolis y de la bóveda celeste, «si tienes todos mis atributos físicos a tu entera disposición y la posibilidad de editarlos hasta donde me sea posible, y además poder editar mi carácter y así solucionar cualquier anomalía que pueda ser reprochable en una sana convivencia, ¿qué es lo impide que me ames?», pregunta Brittany desde las sombras, «tal vez un falso drama», responde Calixto sin siquiera voltear a mirarla y prosigue, «es la primera vez que me preguntas una cosa semejante; supongo que a lo que te refieres es a que si las personas que están enamoradas tienen sexo y conviven por idoneidad de caracteres con respecto al otro y esto junto a otras prácticas como la procreación es a lo que entendemos por amor, y que si cumples a buen término estas condiciones, incluso solventando mis falencias, y claro está, a excepción de la procreación, pues, ¿qué impide que me enamore de ti?», «eso quise decir», interrumpe Brittany y Calixto prosigue como si nada hubiera escuchado, «además, que el hecho de que yo esté aquí y que haya pagado por tus servicios y más aún, que haya preferido un ser artificial a uno real y que este ser artificial, ósea, tú, posea características que o muy difícilmente las encuentre en un ser humano o simplemente sean imposibles de poseer para cualquier ser vivo, es decir, si tienes los requisitos necesarios para el amor e incluso, aquellos requisitos que podrían resultar agradables de obtener pero detestables de exigir, sea por su inhumanidad o por su imposibilidad, ¿qué impide que me enamore de ti?, incluso si tengo en cuenta que el único que debe dar el veredicto soy yo y que tú solo te limitarías a aceptar sin el más mínimo reparo», dice Calixto mientras se cruza de brazos, «amor», dice Brittany mientras se yergue en la cama y prosigue, «creo esto se debe al hábito social, es decir, entiendo que en la sociedad hay muchas conductas que no son metódicas según una inteligencia artificial como la mía, sin embargo, son preservadas como códigos de conducta, por ejemplo, podrías decir que no te puedes enamorar de mí porque no puedo darte hijos, sin embargo, sé que hay parejas que no tienen hijos incluso siendo fértiles y sé que estas parejas son tan propensas a la dicha como a la pena, al igual que las parejas que se consagran a su descendencia y en contraste, hay casos en los que la criatura se concibe sin haber sido planeada y otros casos en los que la criatura es abortada», expresa Brittany con la concentración que ni un yogui ni un filósofo podrían alcanzar tan pronto, «¿te refieres a que es por prejuicio y no por reflexión que no me enamoro de ti?», pregunta retóricamente Calixto y prosigue con tono sardónico, «supongo que el eslabón perdido en tus razonamientos es la idea predeterminada de que
debemos enamorarnos, como resulta predeterminada la idea de formar una familia, pues, Brittany, es muy fácil deducir el porqué estas ideas vienen por default en la sociedad cuando nos detenemos a pensar en otros objetivos como ser multimillonarios, objetivo bastante utópico para gran parte de la población mundial y que es justo por elocuencia con las posibilidades de la mayoría que el objetivo del amor se instaura como pilar en la sociedad, y con mas rigor cuando este amor se une al sano objetivo de perpetuar la especie, y que aunque el sexo es el quid de la procreación, este se ve alienado en la sociedad por esa faceta primitiva que ha repudiado tanto las insuficiencias humanas y que enajenan tanto a la voluptuosidad que te ha concebido como muestra de su inconformismo», Brittany se levanta de la cama como un hito de la tecnología, toda resplandeciente de entre las sombras y con un ademán autómata camina hasta donde se encuentra Calixto, lo abraza y lo besa metiéndole una lengua que le serpentea hasta el esófago, Calixto le agarra el turgente nalgatorio, se lo levanta, se lo separa y se lo sacude brutalmente, Brittany hace crecer su busto ya de por sí superlativo y la tranca de Calixto ya enhiesta se abre paso por entre la entrepierna de Brittany y termina sobresaliendo entre el nalgatorio; Calixto y Brittany se besuquean por largo rato hasta que suena el timbre que notifica que el tiempo ha terminado.
«Sin embargo, Brittany, tus cuestionamientos no son en balde», comienza a hablar Calixto, retomando el tema mientras busca su ropa para vestirse y partir, al igual que Brittany, «el sexo está ligado al amor, lo has afirmado sin decirlo con tu primera pregunta, y el sexo está lleno mitos, o mas bien, está lleno de tabúes», «¿tabúes?, ¿cómo cuáles?», pregunta Brittany, «el tabú más inmediato explica mi presencia aquí y se produce al momento de querer contactar una persona para la cópula, siendo este contacto en público, quedaran al descubierto nuestras preferencias y la acidez de una posible negativa», responde Calixto, «es decir que al primero le da pena que le digan que no y al segundo le de pena dar el primer paso», agrega Brittany con una sorda risita, «exacto», responde Calixto y prosigue, «el segundo tabú tiene que ver con el anterior y trata acerca de que los defectos y virtudes de los amantes que elijamos pueden ser dos cosas, o una ofensa si son totalmente contrarios a las personas que nos rodean o una muestra de adaptación para con el circulo social al que se pertenece si son similares, en ambos casos pueden resultar irregularidades, como por ejemplo, que en el primer caso se utilice la ofensa como un medio con el cual “sexualizar” a la pareja o a sí mismo en el caso de ser contrarios a las personas que nos rodean, y en el segundo, conferir más “valor sexual” a las personas que nos rodean, y según el tabú, con o sin fundamento, sentirnos vulnerables ante esas personas por una acumulación de ese “valor sexual” superior al nuestro», «alcanzo a discernir que otra irregularidad se puede dar en el segundo caso, y es que las personas al ser conscientes de que sus elecciones pueden aumentar el “valor sexual” de una persona, por consiguiente lo pueden disminuir, y justamente lo disminuirían al no elegir personas similares a quienes no queremos sumar “valor sexual”», interrumpe Brittany en el paroxismo de la concentración, «maravilloso, Brittany», dice Calixto con la corbata entre los dientes y continúa, «la elección del amante es la clave también en el tercer tabú, y es muy simple y trata acerca de qué
rol nos gustaría representar en la relación, sea sexual o afectiva, es decir, ser la persona que satisface o la persona a la que satisfacen, tanto como ser el fuerte o ser el débil», «sin comentarios», responde Brittany. Cuando ambos se hubieron vestido salieron de la habitación y se fueron caminando por un elegante corredor, besuqueándose y sobajeándose; «pero…», interrumpe Brittany el brutal beso, «y el último tabú, según mi dictamen», interrumpe Calixto la interrupción de Brittany, «se da cuando el sexo pierde su valor, esto se debe a que la importancia del sexo es intermitente», se detienen en la inmensidad de ese corredor interminable, tomados de la mano, similares a una acuarela y un óleo respectivamente, «quizá al argumento de que el sexo ha sido el método con el que cual han poblado el mundo no solo el ser humano sino también otros seres vivos, sea la razón de que exista una contraparte, una contraparte donde la pornografía es algo de poca relevancia en la sociedad, una contraparte donde el sexo resulta irrisorio incluso para los impúberes, y que en tu caso, si el sexo ha sido la razón de que te hayan creado, tu existencia perdería valor y mucho mas valor perderían los seres que han sido tomados como especímenes a “modernizar”, pues, a mis ojos, claro está, y que si resuena un eco en el mundo que nos dicta algo vago acerca de la unión entre los seres, este tabú nos disocia desde la raíz», termina Calixto, suspirando, «entiendo», dice Brittany, manoseando los testículos de Calixto, y objeta, «no digo que no sea posible que dicho momento se dé, pero creo hay una actitud secreta que prefiere dejar el nivel de la sexualidad y todas sus exquisiteces y peripecias en la vida íntima, mientras lo limita en sociedad». La pareja inmóvil se mira fijamente y en silencio.
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