ESRUZA

Había sido un hombre exitoso, alegre, mujeriego y conquistador, pero muy responsable en su trabajo; profesionista muy preparado y culto. Daba conferencias relacionadas con su profesión. Había tenido todo lo que deseaba, en el aspecto material y, mientras estuvo en la opulencia, su casa estuvo siempre llena de “amigos”. Había tenido tres esposas y una pareja, todo a su tiempo, inestable en el amor, con hijos en los tres matrimonios a los cuales educó correctamente, dio una profesión y vida regalada mientras estuvo con ellos, buenos colegios, buena educación, etc.

En el fracaso de sus matrimonios, el mal ciertamente estaba en él, por su inclinación a las conquistas, a su inconstancia y a las infidelidades pasajeras. Trasnochador, parrandero, pero buena persona. Le gustaba cantar y algunas veces, en sus mocedades, lo había hecho en radio y televisión, pero los celos de su primera esposa lo hicieron desviarse de una carrera que le gustaba: el canto. Tenía buena voz y presencia.

La culpa de sus fracasos sentimentales no podía dársela a la suerte, estaba en él, aunque no lo admitiera y, también, a la mala elección de sus parejas. Mientras estuvo con ellas les dio vida de reinas, pero eso no fue suficiente. Le faltó darles compañía y lealtad.

Ahora, en el ocaso de su vida, a sus 84 años, era un hombre solo y solitario. Sus hijos no se acordaban de él, no lo visitaban, no le daban compañía y, sus “amigos” desaparecieron. Lo material, como muchas veces sucede, se acabó y con ello todo lo demás. La vida estaba cobrando la deuda ¿justa o injusta? No había sido una mala persona, pero no supo dirigir su vida, confió demasiado en las personas y muchos abusaron de su mano extendida.

Ahora, a pesar de su edad, tiene una fortaleza envidiable, genética, tal vez. Habiendo sufrido varios accidentes automovilísticos y una caída de la azotea de su casa, increíblemente nunca se enferma y realiza todas las tareas de su casa, conduce su auto, maneja la computadora, etc., se puede hablar con él de cualquier tema cultural, es ilustrado y su memoria es increíble. Su fortaleza es admirable.

Todavía canta bien y tiene varios discos grabados. Admirador, como su padre, del mejor cantante que ha dado México: Jorge Negrete. Y así transcurre su vida sin darse por vencido. Lúcido como su padre lo fue. ÉL ES MI QUERIDO HERMANO MAYOR.

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