NOELIA JEM
Éramos conocidos, amantes temerarios, un lugareño más en alguna población lejana con sus propios dejes y mañas.

Entre los dos…kama-mana (mente del deseo). De hábitos sencillos, nada extravagante…aunque con mesura éramos víctimas de una potente y extraordinaria lujuria.

Nos juramos no separarnos nunca;  “jamás” salió fulminante y preciso de su boca dibujada perfecta por el pincel de una fruta fresca.

Miré y le miraba a él.

En el reloj del tiempo cruzó con dicha la parca, era oscura como la noche sin luna, levantó furiosa, tremenda tempestad, alzando en los mares, olas impetuosa que azotaban sin compasión las almas.

Miré al ser cadavérico, gritando piedad, rogándole arrodillada a sus pies que no destruyera el navío donde mi amor aventuró su suerte y nuestro destino.

Comenzó a caminar, alzó sus brazos pidiéndole al cielo más…Y más…

Lloré desconsoladamente mirado hacia el mar y le grité:

-¿ Por qué descargas tanta ira, si tú eres el dueño de éstas vidas?. Muerte, Muerte, escucha la voz de tu hija…¡ Te lo ruego!.

Ni se inmutó, ni siquiera sintió desprecio por mis ruegos y su figura se fue desvaneciendo en la tormenta llevándola con ella. Me fui incorporando despacio, algo desconcertada con mi corazón latiendo a más de mil, cuando una voz estruendosa dijo:

¡Está prohibido cruzar los mares!.

 

http://enmisotrasvidas.wordpress.com/

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