ECONOMISTA

No quise preguntar a Claudia sobre su fin de semana, sabía que era mejor no agobiarla y que ya me enteraría tarde o temprano de lo que había pasado. Lo que mas me gustaba era como después de los encuentros con Víctor mi mujer volvía a la vida cotidiana aparentemente con normalidad. Eso me daba mucha tranquilidad.

El lunes nos levantamos como siempre para ir a trabajar y por la tarde nos quedamos en casa, Claudia en el sofá con las niñas, donde se echó una pequeña cabezada y yo me subí a la habitación a echarme una buena siesta. Llevaría un par de horas dormido cuando sentí como mi mujer entraba en la habitación y se tumbó a mi lado.

– ¿Que tal?
– Bien ¿y tu?
– Bien, ayer no me preguntaste nada, me dijo Claudia.
– No hacía falta se te veía en la cara.
– ¿Como has pasado el fin de semana?
– Bien muy tranquilo, con las niñas, supongo que el tuyo habrá sido mas movidito.
– Pues si, estoy muy cansada, solo quería subir para decirte que gracias y que te quiero mucho, dijo Claudia dándome un beso en la mejilla.
– ¿Y eso?
– La verdad es que estás llevando esto muy bien, me has sorprendido mucho.
– Anda y ¿porque te he sorprendido?
– Pues no sé, pensé que iba a ser diferente, que te ibas a comer mas la cabeza, que ibas a estar todo el día detrás de mi preguntándome para saber los detalles…pero me estás dejando en ese aspecto, además nota que tu también estas disfrutando con esto.
– Ni de lejos podría haberme imaginado que íbamos a hacerlo, que ibas a estar con otros hombres, me da mucho morbo Claudia.
– Lo sé, te encanta ser un buen cornudo, dijo metiendo la mano bajo la sábana y sacándome la polla del pijama.

Comenzó a pajearme lentamente seguramente como premio por haberla dejado follar con Víctor todo el fin de semana.

– Con esto no vas a evitar tener que cumplir lo que te pedí, dije de bromas.
– ¿Lo de la falda con Don Pedro?
– Si, en la próxima reunión con el viejo tienes que llevarla.
– ¡Pero es muy corta!
– Y tienes que ponerte también las medias y las ligas, todo.
– Pues mañana tengo la siguiente reunión con él.
– ¿Mañana ya?
– Si.
– Pues tienes que ponerte eso.
– Va a ser muy escandaloso, casi se me ven las ligas estando de pies…
– Mmmmmmmmmm, mejor…que te mire el viejo.
– Va a querer hacer algo mas que mirar.
– ¿Ah si?, ¿va a querer meterte mano?
– Posiblemente.
– Pues tienes que dejarle también que lo haga.
– De eso nada, ¿por quien me has tomado?, dijo Claudia.
– ¿Tengo que contestar a eso?, vienes de pasar un fin de semana follando con otro tío, tu cuñado te hizo un dedo en plena discoteca y te pone cachonda vestirte provocativa para un viejo…¿y todavía me preguntas por quien me has tomado?

Cuando terminé de decir esa frase noté que mi polla estaba a punto de explotar, mientras Claudia no dejaba de pajearme.

– Es lo que tiene estar casada con un cornudo al que no se le pone dura, replicó.
– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhh…
– En cuanto te llamo cornudo gimoteas como un cerdito…¡CORNUDO!
– Ahhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ¡putaaaa, no eres mas que una puta!, ¡dime como te han follado este fin de semana!
– Me han follado de maravilla, no sé ni cuantas veces me he corrido, 8, 10, 12, no tengo ni idea, perdí la cuenta la primera noche…hemos follado por la noche, por la mañana, por la tarde, en la ducha, en la cocina, en el salón, en la cama, cuando me vino a recoger me metió mano en el coche en lo que íbamos a su casa, casi paramos a follar por el camino…¡¡nos han faltado horas!!
– ¡Ohhhhhhhhh, ohhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhh!, gimoteé cuando empezaba a correrme.

Claudia no se detuvo cuando sintió como le iba llenando la mano de leche y siguió pajeándome mientras me decía.

– Eso es, córrete cornudito, córrete como un buen cornudo…

Al día siguiente cumplió su promesa. Cuando terminamos de comer me quedé recogiendo en la cocina y Claudia me llamó desde la habitación. Subí corriendo y me la encontré delante del espejo en sujetador y probándose la falda. Ya llevaba las medias puestas y Claudia estaba agachada tirando de la falda hacia abajo.

– Esto es demasiado, me queda pequeña, he ensanchado un poco y tengo las piernas mas gruesas, se me ve todo, no puedo ir así…
– Te queda perfecta, dije yo.

Es verdad que ya estando de pies, la falda era tan corta que incluso se le veía parte de la liga que iba hasta sus medias, cuando se sentara en el despacho del director iba a ser escandaloso y muy provocativo. Se puso una camisa blanca en la que se transparentaba un poco el sujetador negro, junto con los zapatos de tacón y las gafas de pasta le daban un aire de secretaria cachonda.

Claudia no hacia mas que mirarse al espejo y negar con la cabeza.

– ¡Parezco una puta!, no puedo ir así vestida…
– A estas horas no te va a ver nadie, el instituto está vacío, ¿o es que te da miedo el viejo?, dije yo retándola.
– No me da miedo cornudo, pero no puedo ir así, todavía si llevara unas medias normales, pero así, dijo tirando de la liga, – ¿que pasa si me encuentro con alguien?
– Quedamos en que tenías que ir así vestida, ahora no puedes echarte atrás…
– Ya si quieres me quito también las braguitas y que se me vaya viendo el culo, ¿te parece bien?, dijo Claudia que parecía estar enfadada ante mi insistencia, – deja que al menos me cambie la falda.
– No, tienes que ir con esa, era mi favorita cuando eras joven.
– Pero, ahora no me queda bien…
– Te queda perfecta joder, menudo culo te hace, dijo poniéndome detrás de ella y tirando de la falda hacia arriba.
– Como quieras pesado, dijo apartándome y volviéndose a recolocar la falda.

Cogió una cazadora negra tres cuartos que al abrocharse le tapaba por lo menos la zona alta de las piernas. Así vestida se presentó a la reunión en el instituto con el director.

Llegó puntual y tuvo que abrir el instituto con llave, le sorprendió que Don Pedro todavía no hubiera llegado, las luces estaban apagadas y encendió solo las del pasillo de los despachos de los profesores. Al ir a entrar en su despacho se dió cuenta de que había luz en el del viejo. Tenía que estar dentro esperándola, pero entonces pensó “¿porque había vuelto a cerrar la puerta con llave y había dejado apagadas las luces del pasillo?”, lo lógico hubiera sido dejar el instituto abierto y la luz encendida.

Con la tablet en la mano llegó hasta la puerta del despacho de Don Pedro y llamó.

– Pasa Claudia, te estaba esperando.
– Buenas tardes, ¿que tal, ya ha comido?
– Si, he ido aquí al bar de al lado y he llegado hace un rato…

Cuando entró comenzó a desabrocharse los botones de la cazadora uno a uno y luego se puso de espaldas al viejo para colgarla en el perchero, sabía que él la estaba observando minuciosamente. Instintivamente tiró de la falda hacia abajo, pero aquello no había manera de hacerlo bajar. A Don Pedro le entró calor repentinamente cuando vió así a su jefa de estudios.

¿De que cojones iba vestida?

Desde su posición casi podía verla el culo, llevaba unos ligeros enganchados a las medias y de pronto notó como una gota de sudar le perlaba la frente. Se aflojó el nudo de la corbata e intentó tragar saliva, aunque no podía, tenía la boca extremadamente seca y casi no le salían las palabras. Sin embargo la polla se le volvió a poner dura en unos segundos.

Claudia avanzó hacia la mesa y al andar todavía se le subió un poco mas la falda, por un momento pensó que el director le iba a ver las braguitas desde su asiento en primera fila. Había sido demasiado atrevido aquel vestuario, pero ahora no estaba arrepentida en absoluto. Su marido le había retado a que fuera así y allí estaba ella, vestida como una fulana delante del viejo y además excitada. En cuanto vió como Don Pedro rompía a sudar se puso mas cachonda. No tuvo ninguna duda, cogió una silla y bordeó la mesa con ella para ponerla a la derecha del director.

Luego se sentó y cruzó la pierna izquierda sobre la otra, ofreciéndole prácticamente todo el muslo a Don Pedro al que irremediablemente se le fue la vista ahí abajo.

– ¿Ha encendido el ordenador?, dijo Claudia, para sacar del estado de trance en el que se encontraba el viejo.
– No, no, ahora mismo.

La torre del ordenador de sobremesa estaba en el suelo justo a los pies de Claudia, que tuvo que apartar las piernas cuando Don Pedro se agachó para poderlo encender. Casi pudo notar el aliento del director en sus muslos y vió como éste ya sudaba a chorros.

Antes de incorporarse se quedó un par de segundos agachado mirando las piernas de Claudia. Estaba como ido y se desaflojó mas el nudo de la corbata, sacó un pañuelo para limpiarse un poco la frente y encendió la pantalla del ordenador.

– Viene muy guapa hoy vestida, dijo Don Pedro.

Claudia omitió su comentario como que no le hubiera escuchado y volviendo a cruzar las piernas provocativamente se quedó mirando la pantalla y le dijo.

– Entonces en ese excel guarda todos los horarios de los profesores, asignaturas y demás…
– Ehhhhhhhhh…si, si, dijo Don Pedro cogiendo el ratón para abrir el programa.
– Lo tiene todo muy bien organizado, dijo Claudia tomando apuntes desde su tablet.

Al hacerlo cambió de postura y apoyó el pie izquierdo sobre el muslo, por encima de la rodilla, por lo que quedó mas abierta de piernas y al hacer esto además ya le rozaba con la rodilla al viejo, que casi se encontró con la pierna de Claudia sobre su regazo. Era una postura natural, muy poco forzada, pero la falda era tan corta que si Don Pedro miraba hacia abajo le vería las braguitas a su Jefa de estudios. Se moría de ganas por ponerle las manos encima, solo esperaba una señal por parte de ella.

Claudia seguía escribiendo sobre su tablet y al hacerlo disimuladamente se acercó mas a Don Pedro, en un movimiento casi imperceptible le puso la pierna encima del paquete, el director miró hacia abajo y se encontró el muslazo de Claudia sobre él. No podía aguantarse mas, esa zorra estaba jugando con fuego, entonces soltó el ratón y bajó la mano temblorosa para ponerla sobre el muslo de Claudia, en un gesto que intentó ser amable y fraternal, le dió varios golpecitos con la mano abierta en la pierna.

– ¿Lo entiendes, no?…
– Por supuesto, dijo Claudia sin dejar de mirar la tablet y frotando sutilmente con su pierna sobre lo que parecía el erecto pene de Don Pedro.

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