MOISÉS ESTÉVEZ

Esa mañana, no sabía muy bien por qué, pero estaba algo
malhumorado, quizá por la llamada de su jefe a las cinco de la madrugada.
Necesitaba un café.
– Entorno a las once de la noche. – Oía decir al forense con respecto a
la hora de la muerte. El desgraciado presentaba unas veinte puñaladas y varios
golpes con lo que podría ser un bate de béisbol.
– Era el encargado de hacer caja y cerrar. – Le comentó el agente que
llegó primero al escenario del crimen. – No hay testigos. –
Sangre por doquier, vasos rotos, recaudación intacta, cerradura no
forzada, un cadáver destrozado y humillado mediante un ensañamiento bestial.
El inspector se preguntaba quién podría hacer algo así. Pese a su
experiencia, se sorprendía constantemente del nivel de crueldad que un ser
humano estaba dispuesto a alcanzar, cometiendo actos tan viles y salvajes
como aquel.
Por qué y para qué.
No lo sabemos,
nadie lo sabía,
Pero siempre, sucedía…
Individuos portadores de una mente maquiavélica capaz de lo peor, no
podía dejar de pensar que, inexorablemente, esta sociedad se encaminaba
hacia la autoaniquilación…

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