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Para que os hagáis una idea, trabajo en una empresa que se dedica a instalar sistemas informáticos de todo tipo, desde la instalación de redes informáticas para la oficina, webs, y hasta sistemas domóticos (controlar sistemas del hogar mediante un ordenador), vamos, todo lo que mi jefe determine que da dinero dentro del mundo informático, la verdad es que es algo dinámica en ese aspecto.

La historia empieza cuando mi jefe, un ser singular de dudosa humanidad y empatía, vamos, lo que es un jefe al que le gusta mandar y ser obedecido, nos propone a mí y a una compañera ir a Francia, concretamente a París, a montar un pequeño stand en una feria dedicada a la informática, con la idea de expandir y captar clientes para la empresa.

Muchos pensaréis que la situación es un sueño para muchos, incluso al leer esto estaréis pensando: “Ostras que potra tiene este tío!”, e imagino que estaréis haciéndoos una idea de por donde van los tiros, chico y chica en un viaje. Pero antes de que os aceleréis, os diré que mi jefe también venía, y como ya he dicho, es uno de esos jefes que están acostumbrados a que su “plebe” lo trate como a la realeza a la que pertenece, es decir, yo mando y tu obedeces. Es una de sus políticas.

Además, mi compañera Ana, con la que tenía que hacer el viaje, es una niña pija repelente, la típica niña pija que se cree mejor que los demás solo por el hecho de estar muy buena, y se lo tiene muy creído. Aunque en realidad de esto ella no tiene toda la culpa, sino todos los demás, que le “bailan el agua” y hacen lo que desea, tan solo tiene que menear un poco el culo o las tetas para tenerlos a todos bajo su voluntad.

Ana es delgadita, de 27 años (tres más que yo), de pelo castaño y con la melena un poco más allá de los hombros, unas tetas perfectas y firmes de la talla 90 o 95, no es que yo sea muy bueno con las tallas, pero para que os hagáis una idea, son las típicas tetas perfectas, quizás demasiado, hasta el punto de que creo que son operadas, porque siempre lleva unos escotes perfectos y firmes “demasiado artificiales”, o por lo menos a mí me lo parecen. También luce un culo de formas muy bonitas, y un cuerpo perfecto, con las curvas adecuadas que la dotan de ese aura femenino y sensual por donde pasa, y que en conjunto hace que todos los del curro y los que se crucen con ella, babeen al verla pasar, o se dejen el cuello con miradas furtivas.

Vamos la típica tía buena, que lo sabe, y usa sus encantos para conseguir favores. La verdad es que a mí me tira mucho para atrás, no por su cuerpo, que me la follaría sin pensarlo si se abriera de piernas, sino por su carácter, es bastante insoportable, pedante, creída, y muy prepotente.

Cuando mi jefe me propuso la “escapada” para montar en la feria, la verdad es que me lo tomé como un marronazo de los grandes, no soy mucho de hacer viajes de empresa, de hecho no había hecho ninguno hasta la fecha. Y tirarme unos días fuera de casa por obligación, vamos que no me apetecía para nada, pero la frase de “piénsatelo y dime algo mañana” que me soltó mi jefe, se podría traducir en “vas a venir o tendremos que hablar de tu contrato”, así que no me lo pensé mucho.

Me tocaba pasar 5 días en París, y no precisamente para disfrutar, sino para currar desde el minuto cero en el que pusiera un pié en Francia.

Iríamos mi jefe, al que llamaremos Marc, que es un tipo de unos treinta y muchos, que va de moderno, con camisas desabrochadas en plan informal para dar un aire de buen rollo que no tiene. Ni esta gordo, ni esta flaco, da la impresión que en algún momento de su vida ha estado haciendo deporte, porque pinta de atlético tiene, se conserva, por decirlo de alguna manera, y aunque conserva cierta distancia con sus empleados, en las pocas ocasiones que he hablado con él, lo encuentro un fanfarrón. Siempre el centro de la fiesta, le encantan los “yo”, en plan “yo hice esto mejor que tu”, “Yo saqué esto a mejor precio”, “Yo tengo un coche mejor que el tuyo..”, Etc.

Luego Ana, que ya he descrito, y como trabajadora no se entera de nada, es una administrativa muy consentida, que suele llevar los papeles del jefe y sus recados. De las secretarias parece ser la “favorita” del jefe, y no me extraña con lo buena que esta. En la empresa hay todo tipo de rumores acerca de ellos, pero no han sido confirmados, y nadie se atreve a decir nada en “voz alta” ya que Marc está casado, y su mujer es la otra dueña de la empresa.

Pero yo siempre he pensado que Ana está en la empresa porque Marc se beneficia de ella, o tiene intención de hacerlo. Eso o no me lo explico, porque la nena no sabe ni encender un ordenador.

Estaba claro porque Ana venía a la feria, iba a ser la “niña bonita” del stand. Por lo que había llenado sus maletas de “trajes de batalla” todos muy sugerentes, minifaldas, escotes más que agradecidos, y vestiditos con menos tela que el pañuelito de limpiar mis gafas.

Yo, iba a ser el currante, el pringao que lo montaría todo, me lo estaba viendo, ya que dudo que mi jefe hiciera algo más que pasearse. Teníamos que montar una demo de un prototipo para controlar el pc con gestos con la misma tecnología que usa el kinect de la xbox, y un proyector, más varios sistemas más de domótica, de esos que vienen en kit de montar y enchufar.

Vamos un Stand muy llamativo con pantallas, proyectores y tecnología. Mi jefe había contratado a una empresa de transportes que se encargaría de traer todo el material mientras nosotros viajaríamos en avión hasta París.

Allí nos íbamos a alojar en un apartahotel que había reservado Marc, todos en la misma “habitación”, por llamarlo así, aunque realmente era una especie de apartamento. Tenía dos habitaciones separadas y una especie de salón/comedor/cocina americana, más un baño completo. Marc dormiría en una de las habitaciones, y por supuesto Ana en la otra, lo que me dejaba a mí en un sofá/cama que había en el salón, que desplegado parecía ser un elemento de tortura de la inquisición española. Lo dicho, aquí el pardillo era yo.

Tenía clarísimo que en la ecuación yo era el “pringao”, y me resigné a mi papel, No hubo mucho tiempo de acomodarnos en el apartamento, porque nada más llegar ya empezaron los problemas.

Como son siempre estas cosas, el primer día, que debería haber sido todo de montaje y preparativos, casi se perdió porque los del transporte fallaron y en lugar de traernos todo el material solo trajeron una parte. La otra “estaba en paradero desconocido”, no se sabía si había llegado a salir de mi empresa, o se había perdido en el transporte. Un follón de llamadas y cabreos, que acabaron salpicándome a mí y a Ana, con Marc metiéndome prisa por buscar una alternativa con lo que ya teníamos, y exigiendo a Ana que solucionara los temas del transportista.

Total, todo un día de montar cosas a medias, y cambiar de planes cada vez que mi jefe abría la boca. No llevaba ni 24 horas en París y ya estaba hasta los cojones de todo, a punto estuve de mandarlo todo a la mierda, y lo último que me faltaba, es que a Ana, que se le subió el cargo de “mano derecha” del jefe, me viniera mandando y organizando cosas.

Vamos una mierda como una casa donde todos me mangoneaban a mí.
Al final del día, mi jefe nos sorprendió con una decisión que yo por lo menos no me esperaba. Se presentó en el pabellón donde estaba montando, y me pilló subido a una escalera pasando cables y enganchando bridas.

Me dijo, “Oscar, eres un trabajador responsable, y cuento contigo bla… bla… bla…” con demasiadas palabras aduladoras que denotaban otro marronazo. Me preparé para recibir más faena, y me sorprendió diciéndome que se volvía a España, que pillaba un vuelo e iba a mandarnos desde allí lo que nos faltaba, a “mirar que cojones ha pasado…” lo que significaba que rodarían cabezas en mi curro. Y que contaba conmigo para esto, que “me dejaba al cargo”.

Yo, sorprendido, le dije que no se preocupara, que me podía encargar perfectamente, y quedamos así. El me llamaría desde España para mandarme por servicio urgente lo que me hiciera falta para acabar de montar.

El tiempo no jugaba a nuestro favor, por lo que yo ese día tendría que estar hasta tarde para hacer una lista de lo que faltaba, y rezar a dios de que no me olvidara de nada, o se me acabaría el curro. Por suerte aun contábamos con el día siguiente que también era para montaje, ya que la feria duraría tres días.

Marc se fue con un cabreo de mil demonios, no me gustaría estar en la empresa cuando el llegara, y yo me quedé hasta tarde haciendo inventario.
De Ana solo supe que mi jefe le había dicho exactamente lo mismo que a mí “cuento contigo, encárgate de todo… bla… bla… bla…” y al parecer ella se lo había creído más que yo, y se le subió el cargo, porque no hizo nada por ayudarme, de hecho no la vi en todo el día, solo cuando llegué al apartamento.

-Ya tienes el inventario?- Me soltó nada más verme entrar.

Me la quedé mirando, su tono autoritario me toco los cojones después de todo un día sin ni siquiera haberme parado a comer, tan solo me había comido un triste bocadillo vegetal tipo sándwich, tenía un hambre atroz.

-Si, te lo paso en cuanto me de una ducha…- Le dije resignándome y pasando de tener una bronca.
-No. Pásamelo ahora, que Marc lo está esperando para hacer el envió.- Me dijo en un tono directo.

Ana estaba sentada en la mesa, tenía el portátil abierto y encendido frente a ella, y su móvil en la mano. Suspiré para no mandarla a la mierda, y como no quería follones, abrí mi mochila para sacar un pen donde lo había guardado todo. Luego me acerqué a Ana.

En cuanto me acerqué Ana arrugó un poco la nariz. Yo era consciente de que olía a sudor, me había tirado todo el día trasladando cajas, y desmontando y montando cosas, por eso quería darme una ducha, pero la niñata tenía prisa, así que por joder me pegué más de lo adecuado mientras pinchaba el pen en su portátil para pasarle los archivos.

-Joder! Apestas!- Me soltó molesta.
-Es lo que tiene estar currando todo el día, por eso quería meterme en la ducha.- Le dije sin apartar la vista de la pantalla.
-Pues podrías apartarte un poco.- Volvió a quejarse.
La miré y se me escapó una sonrisa que disimule con un suspiro.
-Y cómo quieres que te pase esto? Por wifi?- Dije con sarcasmo enseñándole el pen.

Me aguantó la mirada unos segundos.

-Pues date prisa, tengo cosas que hacer…- Soltó.

Y en ese preciso momento sonó su móvil.

Ana se levantó alejándose de mí un poco, era Marc, empezó a darse aires, a excusarse de que yo acababa de llegar, y que estaba pasándole los datos, básicamente me echaba a mí la culpa del retraso, y yo con cada palabra suya me encendía más.

-Has acabado, tengo que mandarle eso a Marc… esta de los nervios. Así que date prisa.- Me dijo en cuanto colgó.
-Oye, no te estás pasando un poco?- Le dije con la paciencia que pude reunir.

Me miró como si no se creyera lo que le acababa de decir, y puso los brazos en jarras vacilándome.

-A mí me han dejado al cargo de esto, así que es mi responsabilidad, a ti te pagan para unas cosas y a mí para otras, dedícate a hacer lo que tienes que hacer y no te quejes.- Me soltó casi sin pestañear.
-Pero quien mierda te crees que eres? Que yo sepa no eres más que una secretaria…
-Ja! Mira! No tengo tiempo para pataletas de niñato, has copiado eso o qué?- Me cortó la muy puta.

Estuve a punto de estamparle el portátil en la cara, quien coño se había creído! Sí que estaba crecidita la niña, que yo sepa se había tirado todo el día tocándoselo mientras yo me había dejado el lomo en el recinto ferial.

Pasaron por mi cabeza mil cosas en media fracción de segundo, tome aire y me dije a mi mismo, pasa de ella, es una zorra estirada que te está intentando vacilar, no entres en su juego.

-Si… hay lo tienes…- Le dije apartándome del ordenador en cuanto acabaron de copiarse los archivos. -Me piro a duchar.

Y sin esperar a que me dijera nada, o si entendía lo que le había pasado, la dejé en el comedor y me metí en el baño.

La ducha me sentó bien, me calmó, me tiré un buen rato bajo el grifo y el agua caliente, lo necesitaba. Salí y me la encontré todavía detrás de su portátil.

-Joder! Que te la estabas pelando o qué? No veas como tardas para ducharte!- Me soltó nada más salir de la ducha.

Jooooder… pensé, vamos a tener unos días muy moviditos con la niñata esta.

-Que hay para cenar?- Pregunté.
-Perdona? Yo no soy tu chacha bonito…- Me soltó.
-Qué? No me refería a eso, preguntaba si había algo para hacer, o si habías pillado algo, o se pide comida al hotel.- Me intenté excusar.

Porque cojones le daba explicaciones? Me sentí bastante gilipollas.

-No hay nada, que crees que iba a haber? Hay que ir a comprar.- Soltó.

Lo dijo con un tono que dejaba claro que “yo, tenía que bajar a comprar”, se limitó a devolver su mirada a la pantalla y a seguir tecleando.

-Qué?? Pretendes que te vaya a hacer la compra? Tienes un morro que flipas, no?- Me quejé.
-Uno de los dos tiene que bajar, y yo estoy acabando esto, tengo a Marc en línea, así que te toca a ti…- Soltó sin apenas mirarme.
-Y que cojones has hecho durante el día, no has podido ir antes?
-Mira bonito, tú te crees que me he tirado todo el día tocándome el coño?? Quien te crees que ha estado todo el santo día al teléfono, y soportando las broncas de tu jefe??- soltó.

Y tuvimos otra bronca bastante importante, al final me dijo que si quería que la empresa corriera con los gastos, bajara a pillar algo para cenar, porque era a ella a la que le habían dejado el dinero para gastos.

Lo que hay que oír, pensé, estaba tan harto de escucharla que bajar a comprar me empezó a parecer una buena opción para no soportarla durante un rato. Así que la mandé a la mierda por no sé qué vez ya, y le pedí dinero para comprar.

Lo maravilloso fue, que entre todo ese tiempo que perdimos discutiendo habían cerrado prácticamente casi todos los sitios donde poder comprar algo. Los franceses al parecer tienen la costumbre de cenar muy pronto, y los establecimientos cierran prontísimo, a las nueve está casi todo muerto. No tuve más remedio que pillar unas pizzas para llevar, y aun no se como me las apañé para entenderme con el pizzero.

Estupendo, pensé, currante, pringao, y ahora no solo el chico de los recados, sino que me había convertido en repartidor de pizzas… Menudos días me esperaban.

Continuará…

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