ALBERTO MORENO

¡Padre, las vacas estan mugiendo, tienen hambre!, no han comido nada hoy, ni ayer tampoco.

-¡ Melonia, mugen porque no estan ordeñadas, les duelen las ubres!.

-¡ Vamos a ordeñarlas padre!

-¡Cuando se ponga el sol, ahora vamos a comer.!.

Vivian solos en aquella vaquería perdida en el campo, a las afueras, muy a las afueras del pueblo. Antes, un año antes, cuando vivia la madre, Melonia iba al colegio y a misa los domingos.

Veia gente, las dos mujeres, a la vuelta compraban la comida en la tienda.

Aquel dia, después del almuerzo, Melonia y su padre ordeñaron las vacas, echaron paja en los pesebres y subieron a su vivienda, estaba construida encima de la cuadra. Eran dos plantas y al lado en otro edificio, un pajar y un cuarto de cosas viejas.

El terreno colindante a la casa era en invierno  un barrizal pantanoso y en verano una polvareda  reseca y áspera.

Después, un aprisco de hierba, que se hacia mas verde y espesa a medida que se alejaba de la casa. Durante el dia las quince vacas pastaban  en el campo.

El hombre, de una mala caida, tenia una cadera rota, por eso las vacas andaban descuidadas.

El aprisco, al norte, lindaba con un acantilado suave de media altura que permitia bajar a pié.

Luego estaba el mar.

Un mar inmenso, que Melonia, en ocasiones , cuando iba a recoger las reses, miraba y sentia zozobra.

¿Por qué mugen las olas, se interrogaba Melonia, en las noches de insomnio, cuando el viento acercaba el sonsonete del agua a su cama. Se revolvia inquieta en su lecho y no sabia por qué.

Era un lugar desolado, que sin embargo ella no lo percibía asi .Había nacido y crecido allí, era su mundo y en cierta medida lo apreciaba.

El día que encontró “aquello” en la playa no dijo nada a su padre. Lo escondió junto a las piedras en una oquedad que lo protegía de las olas y de la vista de algún caminante , aunque la zona estaba desierta todo el año.

Aquel invierno la mar estaba más inquieta y embravecida que de costumbre. El frío y el viento añadian una inquietud a Melonia que le hacia fruncir el ceño, bajar la mirada y caminaba más de prisa, apretaba las pantorrillas, como si quisiera llegar antes a los sitios.

Se ponia nerviosa sin saber por qué. El invierno apenas estaba iniciado, la Navidad todavía ni se mencionaba ni se albergaba en la mente de la muchacha.

Desde la muerte de la madre, élla hacia la compra, una vez a la semana, iba al pueblo por la mañana, se dirigia a la tienda de ultramarinos y hacia acopio de la comida. La tendera le preguntaba por la salud de su padre, y alguna nimiedad, que Melonia contestaba con un si o un nó .La conversación fluia lacónica y entrecortada..

-¿Qué cenareis en Noche Buena?.

-¡Nó sé, ya veremos!, contestaba.

-¿Ha parido alguna vaca este mes?.-¡No, la Bizca parió en el verano y la Lunares, parirá en primavera.

Esto era todo.

Melonia nunca preguntaba nada, su timidez y su falta de curiosidad eran las pautas de su carácter. En el colegio, cuando iba, la maestra apreciaba su docilidad, en ocasiones la ponia de ejemplo. Melonia se azoraba y permanecia muda todo el resto de tiempo de la clase .Sus notas, no eran brillantes, pero estaban en la parte alta de la clase.

Era estudiosa y sus cuadernos ofrecian un aspecto pulcro y hacendado. Vivia instalada en una rutina ordenada y la disciplina era el hilo conductor de sus jornadas.

Por esta razón, discrepaba aunque con leve resistencia, de la desidia en la cual su padre habia empezado a instalarse en los ultimos tiempos.

El dia que le encargó la primera botella de vino se alarmó, pero no dijo nada. La botella le duró una semana. Despues fue diferente, poco a poco el hombre fue bebiendo mas. En la cesta de la compra Melonia echaba dos y tres botellas cada vez.

La relación era de obediencia, aunque la chica fruncia el ceño y comenzó a preguntar.

La primera pregunta que hizo fue muy extraña.

¡Padre, ¿La nada es blanca o negra?. Estaban comiendo, el hombre sorbió el caldo caliente de la cuchara, la miró y no supo que decir. Ella no insistió, tampoco sabia como explicar la pregunta.

El hombre siguió comiendo en silencio.  Al terminar volvió a mirar a su hija y contestó:

-¿Has pensado que haras cuando seas mayor?, ¡Deberiamos vender la casa y las vacas y marcharnos a otro sitio para que  tengas otras cosas, has cumplido quince años y no puedes pasar toda la vida en este lugar.

¡¡La nada es la vida, que llevas aquí!!.

No dijo mas.Se levantó, cogió la botella de vino y escanció un vaso grande, de los que usaba para el agua.

Melonia bajo de la casa, atravesó el aprisco, la hierba estaba algo húmeda ,se mojó las botas, llegó al acantilado y bajó a la playa.

Fue al escondite, retiró las piedras que ocultaban y protegian “aquello” y lo miró un rato interminable.

.-¿Para que servira?, se pregunto sin ser capaz de lograr una respuesta .Lo toco, lo acaricio de forma instintiva, Confundida, como una hora después volvio a ocultarlo en la hoquedad y regreso a la casa..

La Lunares, pario en primavera como previsto, por la mañana. El sol casi perpendicular alumbro el nacimiento de dos ternerillos, endebles, temblorosos,

Tendidos en la paja del suelo de la cuadra, la Lunares, les lamia la piel, a la par que mugia, alzando la cabeza y mirando en derredor.

El padre vino del aprizco, se detuvo , miro los ternerillos y comprobó que todo marchaba bien.

Melonia, los dias siguientes no bajo a la playa. Los terneros ocupaban su tiempo ocioso. El padre, continuaba con su desidia.

Aquella cosa extraña que habia encontrado un dia en la playa, que las olas habian traido en sus venidas, de lugares remotos, seguia sin descifrarla. Parecia un hueso humano, posiblemente de un marinero devorado por tiburones que despreciaron para sus estomagos.

Era evidente, que Melonia nunca habia visto “aquello”,

Sin  ninguna razon, decidió guardalo.

¿Que será, se repetia, cada vez que visitaba su escondite en la parte rocosa de la playa.

Estaba a buen recaudo, las olas no llegaban allí.

Lo conservaba en un recipiente de cristal que habia llevado de su casa.

Estaba en agua marina, la sal le preservaba.

Las vacas, la dscidia del padre y las visitas al pueblo para comprar existencias, le tenia ocupada.

Cuando pudo volver a la gruta, aquello habia cambiado. Lo miró detenidamente, parecia que habia crecido, al menos le habian salido unos pedunculos. Lo miro fijamente, parecian dos minusculos pies. En sus extremos se veian adheridos unos insignificantes dedos.

Se asustó. Relleno el frasco con agua fresca del mar.

Cuando regreso, subiendo la cuesta empinada que separaba el aprizco de la playa, las vacas, sueltas, pastaban y comian los retoños y tallos nuevos de la hierva.

El invierno se terminaba, llegaba Abril, llegaba el tiempo soleado.

La primavera se instaló por todas partes.

Aquel dia, mientras comian los dos en la mesa de la cocina, su padre alzo la cara del plato, siempre comia asi,  inclinado a un palmo de la comida,  le espetó, de buenas a primeras:

-¡Pueda que venga a vivir con nosotros la señora Hortensia. Vino esta mañana, mientras estabas en la playa!.

-¡Se ha quedado viuda y esta muy sola, se quejo!

¡A ella, las vacas le gustan, sobre todo ordeñarlas y echarles el pienso!.

¡Añadio, cuando se iba, que a ti una madre, te vendria bien!.

Melonia, continuó comiendo, el padre tambien. Solo se oia sorber la sopa y algun resoplido, que daba el hombre.

Al terminar, Melonia contestó.

¡Me parece bien!, ¿Donde dormiria?.

¡Solo tenemos dos camas, la suya padre y la mia es muy estrecha!

¡Dormirá en la mia, es mas grande y cogeremos los dos!.

Hortensia aparecio el domingo. En el carro de un vecino trajo sus cosas, dos maletas, un barreño y un gurruño de ropa variopinta.

El padre, cuando llegó, extrañamente, se habia bañado, se habia afeitado y lucia la camisa de los dias de fiesta.

Melonia lo encontro mas joven. Interiormente se reconcilio con el.

Con el paso de los dias, el hombre estaba cambiando. Su decidia estaba desapareciendo y la botella de vino le duraba una semana. Bebia un vaso pequeño al medio dia y a la noche, siempre con la comida.

Hortensia, puso la casa patas arriba, abria las ventanas todas las mañanas, fregaba todo el suelo de la casa y empezo a colocar cortinas. Ahora se comia con mantel y las comidas eran mas variadas. A Melonia le gustaban sus guisos.

Sin embargo, las dos mujeres hablaban poco.

Un dia, Hortensia le preguntó:-¿Quieres volver al colegio?,¡Ahora yo me encargo de ayudar a tu padre!.

¡El curso que viene, terminara pronto!, contesto Melonia.

Las vacas daban mas leche, hubo que comprar tres cantaros nuevos, por las mañanas, venian de la Central y la recogian con un camion.

Las compras las hacia Hortensia, a la hora de pagar, añadia algo de sus ahorros.

La casa parecia otra. Solo habian transcurrido dos meses.

Llegó el verano.

Al pueblo, habia venido un circo. Melonia queria ir. Un sabado, el padre se endomingo y fueron los tres.

El circo habia traido una jirafa y un león, estaba impresionada, nunca habia visto aquellos animales.

-¿Que comen padre?

-¡La jirafa hierba como las vacas y el leon carne!.

Los payasos pidieron a tres niños salir a la pista. Hortensia, animó a Melonia.

-¡Sal, no te pasará nada!. Su timidez podia con ella. Al final, salió, era la mayor, la mas alta.

El payaso de la nariz blanca, tenia unos ojos enormes, ribeteados de carmin rojo, reluciente.

No era posible adivinar su edad con aquel disfraz, pero irradiaba esbeltez en sus movimientos por la pista.

Se acercó a los niños con una gran bolsa de caramelos en sus manos.

-¡Si me dejais adivinar vuestros secretos, os regalare esta bolsa!.

Melonia comenzo a temblar. El payaso, la eligio la primera.

Se le acercó.

¡Hola niña!, ¡tu nombre me resulta familiar!, ¿Te llamas Maria?, ¡Nó, dejame pensar!,¿Te llamas Marta?, ¡tampoco, a ver, se quedo pensativo, ¡Te llamas Melonia, si, tu nombre es Melonia!.

Ella, no podia hablar, asintió con la cabeza.

La gente aplaudia.

¡Ahora, voy a adivinar tu secreto!.

Estaba a punto de desmayarse, quiso salir corriendo pero sus piernas no le obedecieron.

¡Vamos a ver!, ¡Tienes un tesoro escondido!, ¿en el granero?, ¡No, dejame pensar!,¿Esta protegido con grandes piedras?. El payaso se llevaba la mano a la frente, simulando estar cavilando, se concentró unos momentos. Melonia y toda la gente estaba en vilo.

¡Yá!, ¡Esta en la playa!

Melonia iba a sufrir un desmayo, comenzo a llorar, iba a ser descubierta.

El payaso, pasó pagina, le dio pena, se dirigio a los otros dos niños.

Aquella visita al circo, la hizo algo mas adulta. No sabia por que.Su horizonte se habia ensanchado, el mundo era mas grande que su aprisco.

La musica del espectaculo, el colorido del circo, el cuello de la jirafa, la melena y el amenazador rugido del leon y sobre todo aquellos ojos inquisidores del payaso, que se le reproducian cada vez que iba a su gruta.

Las olas habian cambiado su sonsonete, el sonido era otro, parecian venr de mas lejos, traian atrapados, mensajes que intentaba descifrar. De nuevo, una mutuacion de su inquietud, que siempre le acompañaba se desarrollaba en su interior.

Al terminar el verano, volvio a la escuela. Encontró el pupitre algo estrecho para sus piernas.

¡Habia crecido!

Se lo dijo la maestra: ¡Melonia, eres ya, casi una mujer!

¡Este será tu ultimo curso.

Escribia y leia con la pulcritud de siempre, conservaba el sentido del orden, atendia y asimilaba todo.

El circo, como la casa de Hoz, un dia ya no estaba. Habia desaparecido.

Los operarios desmontaron la carpa a primeras horas del dia y con sus carromatos se marcharon a otro pueblo.

Volvió la rutina.

Los ternerillos de la Lunares, campaban ya por el aprisco con su madre. Alternaban su leche, con la hierba. Todavia seguian siendo amamantados.

Volvio a llegar Navidad. Hortensia hizo unos dulces de cabello de angel, que a Melonia le encantaron. Cuando terminaron las fiestas, fueron a la capital en autobus. A Melonia habia que comprarle ropa de una talla mayor.

Hortensia, se dirigió a las tiendas de la parte vieja, conocia la zona mejor y los precios eran mas asequibles.

En realidad habian ido a buscar sujetadores para Melonia, la muchacha no tenia.

Por el camino de ida, fué explicandole para que servian. Ella, en el tendedero, ya habia visto los de Hortensia y no necesito mas aclaraciones.

¡¿De que color prefieres?!, ¡Blancos!, contesto.

Al padre le llevaron dos pantalones, una gorra nueva y un cinturon de piel, el hombre usaba un cordel de cáñamo. Tambien, Hortensia le compro un chubasquero con capucha, cuando llovia, se ponia calado hasta los huesos.

Los terneros de la Lunares, eran becerros, no darian leche, habria que venderlos para carne.

A Melonia aquello le produjo un ataque de tristeza, ya les habia puesto nombres.

Todavia tenian que engordar, faltarian como minimo, un año, antes de venderlos.

El calendario seguia su ritmo, vino de nuevo otra primavera. Melonia habia cumplido diez y seis años y al terminar en Junio el curso, abandonaria la escuela.

Se despidio de la maestra y de los otros alumnos. Le regalaron un libro de lecturas.

Hortensia propuso hacer quesos con los sobrantes de la leche, en realidad no sobraba ninguna.

Al padre le pareció bien, en realidad le parecia bien todo lo que disponia y proponia Hortensia.

Dicho y hecho.

Para que orearan mas rápido, propuso llevarlos a la playa. La brisa del mar los secarian antes y les daria un ligero sabor marino.

Melonia fue a proponer su gruta, pero se contuvo. ¿Como explicaria “Aquello”, que seguia alli y para mas inri, se estaba transmutando, la propia Melonia no sabia que ocurriria con “Aquello”.

Las dos mujeres, descendieron por el suave acantilado, dejaron atras el aprisco con las vacas pastando, a buscar un lugar para los quesos.

Melonia conocia a la perfecion aquel tramo de litoral, pasaron de largo su gruta y eligieron otra oquedad, mas ancha y mas alta.

Con unos tablones, que trajeron de casa y con unas piedras a forma de columnas, construyeron una repisa.

¡No te da miedo venir a un sitio tan solitario!, le espetó Hortensia.

¡Me gustan las olas! ¡Y me gusta comtemplar el horizonte!, contestó.

 

Cuando los quesos estuvieron curados, apartaron dos para ellos y el resto lo llevaron a la tienda de comestibles del pueblo.

Todavia, en la plaza del pueblo, de vuelta a casa, Hortensia, con los dedos de la mano, hacia sus cuentas.

Con el dinero de los quince quesos, con una ayuda de sus ahorros y con un pechizco de las venta de los terneros de la “Lunares”, podrían comprar una lavadora y una nevera, pero la casa no tenia electricidad. Hablaria con el alcalde.

Hortensia comenzó en voz alta a relatarle a Melonia el plan.

¡Tambien podríamos comprar una radio!, se atrevio Melonia a sugerir.

Por la calle principal, en dirección a la plaza, una fila de carromatos avanzaba. Las dos mujeres se apartaron a un lado.

¡Es el circo!, exclamó Melonia. ¡Es el mismo que vino el año pasado!.

El carromato de las fieras cerraba la comitiva. Por los barrotes, Melonia vio la jirafa, pero no venia el león, en su lugar otro animal gigantesco ocupaba el lugar, entre ambos había una reja que les separaba.

En el primer carromato, diviso al payaso, no traía ni  sombrero ni peluca, el rostro solo tenia pintados los ojos con sus ribetes rojos. Le parecio mas joven.

Las dos mujeres continuaron el camino de vuelta a casa.

¿Se quedaran varios días?, pregunto Melonia.

¡Seguramente una semana!, contesto Hortensia.

¡Deberiamos volver a ver una función!, añadió Hortensia.

¡Hablare con tu padre!.

En casa, distribuyeron la compra, Melonia guardo las nuevas prendas en su armario y comenzaron juntas a preparar la comida.

¿Le pongo nabos al pote?, pregunto Hortensia.

¡Si, a padre le gustan!, dijo Melonia.

El hombre trajinaba en la cuadra de las vacas.

Al rato, la comida estaba servida. Melonia llamo a su padre. Se sentaron los tres, Hortensia con el cucharon fue sirviendo en los platos un rico guiso humeante.

¡Padre ha vuelto a venir el circo, trae una fiera nueva!.

¿Por qué no vamos el domingo?. El hombre dijo que fueran ellas, el ya había visto la función.

Las mujeres acordaron ir el sábado, de camino pasarían por la tienda de ultramarinos, le comprarían al padre una botella de vino, en realidad el hombre llevaba ya una semana sin su tinto, por eso contesto algo desabrido, que no quería circo. La tendera les debía un pico de la venta de los quesos, lo cobrarían y para las entradas del circo Hortensia no tendría que tocar el monedero.

Era miércoles, faltaban tres días.

Melonia, el sábado madrugo algo mas, andaba algo alterada, iba y venia por la casa. Hortensia lo percibió.

¿Estas impaciente?, ¡A las seis nos iremos para llegar pronto!, sacaremos entradas de pista, se ve todo mas cerca y mejor!.

El padre, al ver el revoloteo de las mujeres, se fue a la cuadra de las vacas, allí dejo pasar el tiempo poniendo orden en los pesebres y limpiando el suelo. Echo paja limpia y relleno los bebederos.

Melonia, en su cuarto se probaba los dos sujetadores que le había comprado Hortensia. Eligio el que menos le apretaba.

Despues dudo entre el vestido rosa o el morado. Se miro al espejo y comprobó que su pelo esta revuelto, pidió ayuda a Hortensia.

Despues de la comida, recogieron la mesa, fregaron, se vistieron y emprendieron camino al pueblo.

Recogieron el dinero en la tienda de ultramarinos, compraron el vino del padre y se dirigieron al circo.

Medio pueblo se congregaba ya en la esplanada, la gente hacia cola para comprar las entradas.

Por encima de la carpa se elevaba un música festiva.

Las dos mujeres con sus entradas de pista, se acomodaron, justo en la primera fila.

La función estaba a punto de empezar. Salio una majorette a la pista, con una estrella de plata en la cabeza a forma de sombrero, unas botas altas por encima de sus rodillas y un pantalón corto rojo carmín.

¡Señoras, señores y niños, el circo Mundial les da la bienvenida!. ¡Las trapecistas hermanas gemelas, Margot y Erika a continuación comenzaran su numero de saltar en el aire sin red, dando un triple  salto mortal, solo ellas  son capaces de este prodigio!.

¡Despues, el mago Arquimides, hara aparecer una bandada de palomas rojas!.

¡A continuación el domador Sanson entrara en la jaula del oso Branko, sin defensas!.

Y el payaso Bernardo, va interpretar un numero nuevo que estrenara esta tarde!.

¡Les deseo una feliz velada!.

El aforo estaba completo, hombres, mujeres y niños abarrotaban las gradas. Alrededor de la pista dos filas de sillas acogían las entradas preferentes. Allí estaba Melonia y Hortensia.

Margot y Erika salieron a pista, saludaron al publico y con pasmosa agilidad subieron por una cuerda hasta los trapecios, estos estaban casi de altos como la carpa.

Comenzaron a saltar como pajaros alados de uno a otro trapecio, se cruzaban en el aire con movimientos milimétricos. El publico, boquiabierto, pasmado, miraba en un silencio sepulcral.

Margot, hizo subir el micrófono con una cuerda, cuando lo tomo con su mano, lo acerco a su boca:

¡Querido publico, vamos por primera vez a intentar un salto triple!, giraremos nuestros cuerpos en el aire tres veces antes de alcanzar el trapecio, no llevamos maromas de sujeción, ni red!.

¡Maestro, música!.

La gente comenzó a temblar, el redoble de los tambores fue acelerando el ritmo, el silencio era total. Melonia se llevo la mano a la boca, para abortar un supuesto grito que adivinaba. Hortensia se revolvía en su silla.

¡Plaf, salta Erika!, grito Margot.

Al unísono los dos cuerpos abandonaron sus trapecios, sus manos se soltaros y como dos torbellinos, giraron en el aire.¡ Uno, Dos, Tres!.

Las mujeres alcanzaron con sus manos la barra que se balanceaba buscando con su inercia los cuerpos.

El redoble de tambores casi hace estallar los tímpanos.

Un suspiro de alivio salio de las bocas del publico.

¡Ahaaa!, se oyo durante casi un minuto.

Despues, los aplausos, no paraban, la gente en pie aplaudia.

¡Bien!, ¡Bieeenn!.

Habia sido muy emocionante.

¡Y a continuación, señores, señoras y niños, mientras nuestro domador de fieras, prepara su número, nuestro mago Arquimides ejecutara su magia!.

Dos clarinetes y dos trompetas, al unísono, dieron la bienvenida.

Venia vestido con un frac negro ,La levita y el chaleco pugnaban sin éxito por contener la gruesa barriga del mago.

El hombre lucia un bigote con puntas retorcidas y en el ojo izquierdo sujetado con una cadenilla portaba un monóculo. En el centro de la pista coloco la mesita y encima, unos artilugios que propiciarían su magia.

¿Quereis ver el humo rojo de un volcán?. Manipulo el cilindro de pie, vertical, sobre la mesa, pronuncio unas palabras extrañas y una columna de humo rojizo, espeso se elevo hacia los trapecios colgados, alla arriba.

El humo se dirigio a la cúspide de la lona y de seguido, comenzó a preparar el numero principal. Se desprendio de la levita, se remango las mangas de la camisa, se atufo las puntas del bigote, tomo con una mano la varita mágica.

Del bolsillo del pantalon saco una cristal oscuro tallado, lo golpeo suavemente con la varita y volvió a pronunciar unas extrañas palabras que nadie entendió.

De inmediato el espacio se lleno de un ejambre de pajaros blancos que piaban y revoloteaban por doquier.

En pocos segundos se multiplicaron.

Una preciosa sinfonía se apodero del espacio y del aire. Los pajaros, acompasados, subían y bajaban a la par que sus picos replicaban las notas de la melodía.

El publico quedo hipnotizado, silencioso.

Melonia y Hortencia miraban extasiadas la pequeña bóveda del circo.

El mago, volvió a tocar el cristal tallado con su varita y los pajaros desaparecieron.

Nadie pudo ver por donde huyeron.

Duro un instante.

El espacio quedo vacio, un denso silencio se había instalado en la gente.

El mago pidió un aplauso y todo el publico exploto en ¡vivas! , sus manos aplaudían a rabiar.

La gente estaba emocionada y el animo de los niños pendulaba entre el asombro y el miedo.

Transcurrieron unos minutos y de nuevo el presentador en el centro de la pista voceo el siguiente numero:¡

A continuación el payaso Bernardo abrirá el bote de la risa congelada que se mezclara con la vuestra, ¡Unico!.

¡Teneis que discernir la vuestra y la otra!.

 

¡Con ustedes, el gran Bernardo!.

Melonia no pudo evitar que sus nervios se alteraran. ¿Me volverá a pedir que salga a la pista?. pensó para si.

Bernardo parecía mas apuesto que la ultima vez, era mas joven.

Melonia no pudo evitar un sentimiento nuevo que no conocía, Bernardo le parecía algo especial.

En su silla, anonima, de momento a salvo de cualquier protagonismo, observaba estaciada al payaso.

¡Vamos todos, primero a esbozar una sonrisa. Yo voy a abrir el tarro de la risa congelada a través del tiempo!

¡Toda la gente que ha sido feliz en su vida, han guardado aquí sus sonrisas!.

Destapo el tarro, pronuncio unas palabras mágicas y en un silencio sepulcral, comenzaron a elevarse de manera, primero imperceptible y poco a poco, las sonrisas subían por la bóveda del circo disfrazadas de pajaros blancos del numero anterior. Pronto estallaron y se convirtieron en una risa sostenida que increscendo inundo aquel momento mágico.

La función termino. La gente aturdida, regresó a sus hogares.

Ha transcurrido un año del momento mágico.

Melonia, lejos del terruño y del aprizco, se apresura, el numero de Bernardo va a comenzar, ella debe destapar el tarro de las sonrisas, el circo esta lejos, actua en otro lugar remoto, Melonia ignora el nombre.

Ella, transmutada en otra Melonia, recuerda a duras penas su pasado.

En el aprizco, Hortensia ordeña las vacas para que no mujan.

fin

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