MARIA JESÚS FERNÁNDEZ

El bar ya no abría sus puertas. Las telarañas, el polvo, las hojas secas y el alquitrán de la combustión de los vehículos se habían apoderado de sus rejas y cristales. Cuando Manuel lo adquirió ya poseía una clientela, un grupo de gordos cebados como él, que en una época en la que la humanidad tuviera que luchar, correr, cazar, evitar ser cazado, para sobrevivir ellos habrían caído los primeros por el simple hecho de su perfil anatómico. No hubo gran cambio, salvo porque al principio lo frecuentaba algún foráneo despistado y algún lugareño que durante algún tiempo pudo disfrutar de cierta oferta culinaria sin saber realmente lo que se cocía allí dentro. Poco a poco el lugar fue decayendo y dejando de servir a otra clientela que no fueran los referidos usuarios que iban engordando y envejeciendo bañados en alcohol, desidia y suciedad. Por aquel entonces su idea para no desaparecer fue alimentar el vicio de los pocos que compartían su visión de vida. La ampliación de su negocio consistió en acoger a sujetos de dudosa reputación y medio de ganarse la vida y una suerte de “eventos” ilegales que cada semana se repetían y mantenían un local abierto que realmente era una pantalla para lavar otros negocios. Pero todo comenzó a decaer por un error de primaria movido por la codicia y la envidia y así, de un bar de pueblo más donde se reunían los de siempre, pasó a ser un bar donde se jugaba y apostaba y se movían otros sujetos que no poseían un vínculo, supuestamente de amistad.

Una buena mañana, antes de abrir como siempre, Manuel se encontró la primera de una serie de notas amenazantes pegada en la reja del bar. Miró a un lado y a otro intentando descubrir al autor, pero a aquellas horas los únicos que se acercaban por el lugar eran los dos pensionistas que salían a pasear temprano. Así pasó una semana y el dueño del bar empezó a cerrar más temprano, cuando aún había movimiento por los alrededores. Después de eso, una semana más en la que no hubo notas. Manuel se confió creyendo que aquello provenía de algún atontado que no sabía con quien se metía. Empezó a cerrar casi en la medianoche como de costumbre y algún tiempo después, un coche oscuro lo esperaba hasta la hora de cerrar y lo seguía algunos kilómetros. Algunos días se limitaba a esperar a que cerrara y no lo seguía. Él cambió el recorrido, incluso llegó a pasar la noche encerrado en el bar, pero no hubo éxito, el extraño continuó apareciendo, sin que ninguno de sus conocidos que habían comenzado a alejarse de él fuera capaz de descubrir la identidad. Pasaron algunas semanas y las ventas, ya de por sí maltrechas, bajaron aún más. La ansiedad se apoderó de aquel triste sujeto que ya ni siquiera era capaz de salir solo a la calle. Las notas amenazantes, persecuciones, pintadas, incluso su esquela aparecía publicada casi cada semana. Manuel bebía cada vez más. Ni familia ni conocidos soportaban su mal carácter, cada vez más acentuado. Un par de meses fueron suficiente para precipitar su final. Lo encontraron dentro del baño de su establecimiento, sentado en el inodoro con una mueca de miedo y dolor. Las autoridades certificaron un ataque al corazón.

A día de hoy, un cartel en la puerta sigue ofertando un traspaso que nadie parece estar dispuesto a asumir. Ni siquiera su familia ha sido capaz de atender un negocio en el que colaboraban más por miedo y necesidad que por gusto. Ya apenas queda alguno de los habituales, que también han ido desapareciendo presa de sus propios excesos. En las noticias locales se ha anunciado el derribo del edificio en cuestión para la construcción de un parque y zona de esparcimiento.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s