TANATOS 12

Capítulo 20

Me apartó ligeramente la cabeza. Con un gesto dócil. Miré hacia arriba. Estaba imponente, acalorada, sudada… Sus tetas desde mi posición parecían enormes… y se pegaban a su pijama por la temperatura de aquella habitación… y de su propia piel.

—¿Estás loco…? —suspiró.

Me aparté un poco. Su pregunta era sin duda retórica, o incluso más bien una afirmación.

La imagen de María era tan impactante que me dejaba sin aliento.

—Mira cómo me ha puesto… —protestó en un lamento que sonó más a excitación que a queja.

Arrodillado, acerqué mi cara de nuevo… llevé mi nariz hasta colocarla entre sus piernas… sobre el pijama… y olí… y me impregné del olor y del tacto del semen que aquel crío había derramado sobre la seda del pantalón de mi novia. Saqué mi lengua y quise buscar el coño desatendido de María, degustando y llegando a disfrutar de que, entre medias, se interpusiera la seda empapada por aquel chico… Aquello estaba caliente, especialmente caliente… El sabor era extraño, insuficiente, era más fuerte el olor. Mi lengua atacó con fuerza y las manos de María se enredaron en mi pelo. Gimoteó sobrepasada mientras yo lamía a través la seda, calada, sintiendo en mi lengua sus labios abiertos… tiernos y hambrientos… nacidos para guardar una oquedad, pero que ahora renunciaban a su misión, pues se apartaban para que quién quisiese pudiera entrar.

Todo el morbo acumulado de tantas horas se concentraba en mi lengua que lamía sobre la tela y en mi nariz que inhalaba sin cesar el olor a semen de aquel chico y el olor a coño de María. Todo el morbo de aquellas últimas cuarenta y ocho horas, de la confesión de lo que había pasado con Edu, de las conversaciones con Álvaro y de la foto de su polla, de los gemidos de la vecina, de la polla de plástico lamida por mi novia… de la paja de María a aquel chico… todo en tan poco tiempo, después de semanas sin ver la luz… y ahora… todo junto… me hacían disfrutar de un coño desbordado y de una María superada, cuyas manos abandonaban mi pelo para desabotonarse la chaqueta del pijama.

Miré de nuevo hacia arriba… María, con los ojos cerrados, con la espalda contra la pared, intentaba abarcar con sus manos sus tetas desnudas, que caían colosales e hinchadas en forma de pera, mientras sentía mi lengua apretar su coño.

—Me vuelve loco esto… María… —le dije y ella soltó una de sus tetas para llevar su mano a mi cabeza y obligarme a seguir lamiendo.

—Quítame el pijama… —protestó desesperada.

Ataqué de nuevo con mi lengua y le susurré:

—Si te lo quito no… puedo sentirle a él.

—Estás loco… —repitió, gimoteando con los ojos cerrados, apretándome con una mano la cabeza y sujetándose una teta con la otra. —¿A qué… sabe…?— preguntó, pero no me dejó responder pues aplastó más mi nariz y mi boca contra su coño. María flexionaba sus piernas, tremendamente cachonda, y me empujaba contra sí misma. E insistió:

—¿A qué sabe, eh, cerdo…?

Ese “cerdo” sonó crudo, violento, y rebelaba una María casi fuera de sí.

Mi miembro, desnudo, libre, no paraba de lagrimear y más lo hizo al escuchar aquello. Conseguí apartar un poco mi cara para decirle:

—Sabe a semen…

—¿Sí…?

—Sí… a semen de niño mirón…

—Mmmm… más mirón eres tú… y…

Se hizo un silencio… me eché hacia atrás y ella abriendo los ojos, mirándome, y matándome, acabó la frase:

—Mirón… y… cornudo… —dijo destrozándome, destrozándome del morbo. Hacía mucho, mucho tiempo que no me llamaba así.

María volvió a revisar su pijama calado, como había hecho en el salón, y suspiró en un enfado algo fingido:

—Puto crío…

—¿Echó mucho? —pregunté poniéndome de pie.

—Echó mucho y no me avisó. El muy idiota. —respondió mientras se quitaba la chaqueta del pijama con cuidado.

—¿Y la mano? ¿Cómo te limpiaste?

—La mano me la dejó perdida, ¿te parece normal no avisarme?

—¿Y a qué te la limpiaste?

—Pues… a él… al final… a su camiseta. Se quedó pasmando. —dijo mientras se deshacía de su pantalón de pijama con un curioso cuidado por no mancharse.

Nos acostamos sobre la cama. Nos miramos. Nos acariciamos. Su rostro tenuemente iluminado por una farola situada a unos metros de la casa. Nos besamos. Con calma, con dulzura, con todo el tiempo del mundo. Completamente desnudos disfrutamos de nuestra piel, de tocarnos, de sentirnos. Era morbo, pero era amor, más que nunca, aquello nos unía más.

Comencé a escuchar un ruido extraño en aquel momento… Tardé unos segundos en confirmar que eran suspiros, que eran gemidos, que la rubia madura estaba de nuevo follando. No dije nada. María tampoco. Pero no sentí envidia como la noche anterior. Ni mucho menos. Pues ella, ellos, no podían tener lo que teníamos nosotros. Acariciaba a María y recordaba lo sucedido en el sofá con aquel chico y no había relación sexual, de nadie, que pudiera envidiar. Lo nuestro era más, era más puro, era más fuerte. Lo que sucedía al lado me parecía un polvo plano, inútil, comparado con lo que yo sentía en aquel momento. Aquello nos unía más, hacía que todo fuera más intenso, hasta el punto de que el tacto de su piel me parecía diferente, su olor me parecía diferente, y su mirada era diferente, porque esa mirada no solo mostraba placer por mis caricias, si no un brillo desconocido y adictivo por lo acabado de vivir.

Tumbados, de lado, uno frente al otro, completamente desnudos, sudados, le susurré:

—Cuéntame…

—¿Qué quieres que te cuente…? —respondió con sus ojos grandes y expresivos, con sus labios tiernos que me volvían loco.

—¿Tú que crees?

—Está bien… Pues que… tenía unos ojos azules muy bonitos…

—¿Qué más…?

—Pues… que me dijo de donde era…

—Sabes que me refiero a otro tipo de cosas… —le dije sabiendo que solo quería vacilarme.

Su cara se acercó a la mía. Nuestros dedos circulaban caóticos acariciando el cuerpo del otro. Las nalgas, el pecho, los muslos…

—Pues… que besaba bien… que… temblaba bastante… —rió.

—¿Quién? —pregunté.

—Pues él.

—¿Y tú no?

—Mmm… no, no creo…

—Vale. Sigue.

—Y… que te veía allí… vigilante… —sonrió encandilándome— y… fue raro. Fue una locura… No sé…

—¿Y su polla? —pregunté yendo al grano.

—¿El tamaño?

—Si, no sé… todo.

—Pues… no sé, fue raro… porque… es que se corrió y ni la tenía dura del todo…

—Joder… ¿Y de tamaño?

—Pues no sé, normal, sin más.

—¿Más grande que la mía?

—Claro. —respondió tajante, sin dejar de acariciarme.

Se hizo un silencio gracias al cual escuchamos con nitidez el disfrute de la rubia teñida de al lado.

—Vaya, vaya… lo dan todo aquí… —susurró.

—Sí… ayer también.

—¿Sí? —preguntó ella llevando su mano, que había acariciado ya todo mi torso, a la zona de mi vello púbico.

—Sí— respondí expectante. Me quedé quieto. Nos miramos. La vecina gemía con más fuerza, ya no eran suspiros ni leves lamentos, si no gritos, alaridos improcedentes.

—Qué… desmadre… —susurró María, de forma entrecortada y casi ininteligible… llevando su mano a mi miembro, cogiéndolo… Estaba duro… y ella echó la piel hacia atrás de manera sutil y meticulosa. Ni me acordaba de la última vez que había hecho aquello.

Durante unos instantes yo preguntaba y ella respondía. Cómo besaba el chico, cómo apenas se había atrevido a tocarla. Cómo ella se le había insinuado, diciéndole que era muy guapo, que en la cena se había fijado en él… Me contó que le decía en qué fotos salía más guapo, cómo le decía que tendría a todas las de su edad locas por él… cómo le puso una pierna encima y le miró fijamente… cómo le había dicho que sus ojos la ponían nerviosa. También que cuando el chico fue a pedir las llaves del coche el padre éste le había dicho que se fuera a dormir… Los nervios por ser descubiertos… el susto al ser interrumpidos…

María seguía con aquellas caricias mínimas en mi miembro mientras me contaba, en la penumbra, entre susurros, y sus suspiros eran solapados por aquellos a veces gemidos, y a veces gritos, provenientes de la habitación de al lado.

—Cuando me besó… no me lo podía creer… Era obvio, pero a la vez no lo podía creer… y…

—¿Te gustó? —la interrumpí inquieto.

—Sí.

—¿Por qué?

—No sé… fue tan… diferente… Y… estando tú allí… Me sentía mal, pero a la vez me gustaba… y podía saber que a ti también te gustaba.

—¿Y la paja?

—No sé… él no me tocaba… pero yo le sentía… Sentía aquello allí abajo y no pude evitarlo… o me salió así… yo no pensaba… está claro que no pensaba…

La chica gritaba rítmicamente mientras María me contaba y no dejábamos de mirarnos, y ella seguía masturbándome lentamente, cogiéndomela con una fuerza mínima, casi más una caricia cadenciosa que una paja. Y la vecina parecía quedarse sin premio pues se escuchó un sonido masculino, gutural, corto, y algo desagradable, y después el silencio. María no dijo nada. Yo tampoco. El silencio se eternizaba. Mi polla lagrimeaba. Mi mano la acariciaba y ella dijo:

—¿Te pones… eso?

Me sorprendió un poco que interrumpiera así aquel momento, pero asentí con la cabeza.

Ella detuvo su mano y yo detuve la mía. Busqué la polla de plástico por la cama cuando vimos que el móvil de ella se encendía. Ambos vimos en la pantalla que Álvaro la estaba llamando.

—Madre mía… aun vamos a tener un lío por este chico.

—Bueno, María, es normal… te estará buscando desesperado. Y borracho. —Le dije, fingiendo tranquilidad, mientras cogía aquello que había comprado, pero me daba algo de corte ponérmelo delante de ella.

—¿Quieres que me ponga algo? —preguntó, deshaciéndose de su móvil, y quizás queriendo evitar la incomodidad de no hacer nada mientras yo me ponía aquello.

—¿Cómo qué? —pregunté de forma automática, tenso y sin mirarla, mientras introducía mi miembro, que seguía erecto, dentro de la goma.

—No sé… los zapatos… las medias… algo que te ponga.

Aquello sonaba realmente bien, pero después de lo vivido hacía unos minutos en aquel sofá yo no necesitaba absolutamente nada, y esperaba que ella tampoco.

—Da igual.

Se dio la vuelta. Sobre la cama. Aquello nos intimidaba un poco. Yo más o menos sentía que lo había colocado bien. La sensación era extraña. La química y la naturalidad que teníamos hacía unos minutos se había perdido levemente. Mi novia a cuatro patas, esperaba a que la penetrase con aquello atado a mi cuerpo. Me daba la sensación de que ella había elegido aquella postura porque le daba algo de vergüenza mirarme así.

Miraba hacia abajo y veía aquella polla fingida que me parecía enorme. Más que la que ya teníamos en casa., sobre todo más ancha. También parecía más realista. Me sentía raro, inquieto, pero a la vez al ponérmela algo me había subido por el cuerpo, como un extra de excitación.

Me acerqué. Subí a la cama también. De rodillas, tras ella. La visión de su culo erguido, esperándome… era majestuoso. Me incliné un poco para observar su coño dilatado. Sus labios, hacia afuera, no habían recobrado su sitio habitual desde hacía minutos o incluso horas.

Llevé una de mis manos a sus nalgas y las acaricié. Ella llevó su melena a un lado de su cuello y, nerviosa, se acarició una teta que colgaba enorme de su torso. Mi mano fue a su coño y aluciné con su fragilidad y su humedad…

—Vamos… —suspiró ansiosa.

Me agarré aquello con cuidado, pensé en lubricarlo pero la sentí tan mojada que decidí invadirla así. La dirigí con cuidado hasta que la punta se colocó en la entrada.

—Mmm… vamos… —volvió a decir María, impaciente y nerviosa.

Me volqué mas sobre ella… hasta que la punta de aquel pollón comenzó a invadirla. Su suspiro fue tan sentido que me heló la sangre… No quise detenerme. Quise seguir… Y me deslicé un poco más dentro de ella… Y me sentí extraño, extraño por no sentir su interior abrazándome, pero poderoso al escucharla suspirar. Lo que le metía era enorme comparado con lo que en esencia tenía yo, y ella agradecía la penetración de aquello tan grande con un suspiro entregadísimo.

—Dios… es enorme… —gimoteó ella, bajando la cabeza y ocultándola entre sus brazos flexionados, pero acogiéndolo con una entereza que casi asustaba. La penetré hasta la mitad y ella sollozaba a cada centímetro que la invadía. Yo, alucinado, no pude evitar decir:

—Cómo te puedes meter este pollón… María…

—Mmmm… métela entera… —dijo convencida.

De nuevo aquella sensación extraña por penetrarla y no sentir su calor, pero a la vez sentir un poder inmenso por producir en ella ese placer y por invadirla tan brutalmente. Disfrutaba entrando en ella casi tanto como ella disfrutaba de ser invadida, y María, sin levantar su cabeza, pronunciaba un “diooos” tan largo como la incursión que sufría.

Llegué hasta el final. De una metida. Y María movió su culo, en un circulo perfecto y amplio, para sentirla entera y exclamó un sollozo tan morboso que sentí mi polla palpitar allí dentro.

Me retiré hasta la mitad y se la volví a meter… la agarré por la cadera y ella llevó su larga melena al otro lado de su cuello y por fin se giró para mirarme… y susurró: “diooos qué gusto…”

—¿Sí…?

—Sí… es enorme…

—¿De quién es…? —pregunté en un susurro. Me sentía poderoso, calmado, pero pletórico…

—Mmmm…. No sé… —dijo llevando su cara hacia adelante.

—¿De quién es esta polla…? —insistí iniciando un mete saca lento y profundo, disfrutando por fin de entrar y salir de su cuerpo en enormes recorridos…

Ella no respondía y yo volví a insistir, pero esta vez dispuesto a poner nombres.

—¿Es la polla del crío de abajo?

—Mmm…. No… —respondió entregada, cogiéndole el punto a aquella tremenda polla, acompasando su cadera con la mía.

Yo, también haciéndome a aquello, y sujetándome a veces la cinta que se movía un poco, insistí:

—¿Entonces…? ¿Es la polla de Edu… o la de Álvaro?

—Ufff… qué gusto… dame así… —dijo levantando la cabeza.

—Dime…

—Ummm… es la de Álvaro…

—¿Sí…?

—Sí…

—¿Te follaría ese chico así…?

—Mmmm…. Sí, joder…. Me la mete así… o más fuerte…

—Imagínatelo… cierra los ojos e imagina que te folla él… joder María… le acabas de hacer una paja a un crío y ahora te imaginas que te folla otro… —le susurraba volcándome un poco hacia adelante…

—Sí… mmm… dios… qué bueno… —gemía ella y yo aceleraba un poco el ritmo.

Al incrementar la velocidad nuestros cuerpos comenzaron a hacer ruido al chocar el uno con el otro. Mis huevos se movían adelante y atrás con el ritmo de la embestidas y ella comenzó a llamarme “Álvaro”. Me pedía que le diese caña, que la destrozase. Me imploraba constantemente que la penetrase con más fuerza y más profundamente, siempre llamándome por aquel nombre.

A veces enterraba su cara en la cama, entres su brazos, y a veces levantaba la cabeza, y orgullosa, recibía mis embestidas. Yo disfrutaba pletórico de penetrarla hasta el fondo, me sentía con poder, con poder de satisfacerla, me salía casi completamente de su cuerpo o llegaba incluso a salirme por completo, mirando perplejo la tremenda oquedad que dejaba en su coño al abandonarla. Sus labios enormes apartados, tiernos, expuestos… me pedían a gritos que volviera a invadir aquello y yo obedecía a aquella súplica, llenándola, dándole así un placer inmenso.

En un momento dado, mientras ella gemía sin parar, alcancé el pantalón del pijama de María que estaba sobre la cama y volví a oler aquel semen que había eyaculado el chico sobre la tela. Me deleité inhalando mientras la embestía y ella se retorcía del gusto. Acabé después por lanzar el pantalón que aterrizó delante de ella. María volteó su cara, hacia mi, sorprendida, y yo le susurré en el oído, inclinándome sobre ella: “En el fondo te ha puesto cachonda como te ha manchado”. Su respuesta fueron más de aquellos “ahhh… mmmm…” que no paraba de gritar desvergonzada. “Huélelo…” le pedí que hiciera mientras la penetraba con más fuerza y con una mano le tiraba del pelo… María se llevó aquel pantalón de seda empapado de semen a la cara y comenzó a ahogar allí sus gritos de placer… La follaba tan fuerte que poco a poco habíamos avanzado hasta el cabecero de la cama… allí, contra aquella madera oscura, María gemía en aquel pijama; gemidos que los vecinos tendrían que estar sintiendo dentro de su habitación… y aluciné, pues comenzó a mover su cadera y a acompasarla más con la mía, y comenzó a enterrar un orgasmo con su cara oliendo del semen de aquel chico, yo sentía que se corría pues sus gemidos y el temblor de sus piernas lo anunciaban, mientras le decía:

—Álvaro te folla… Álvaro te folla mientras hueles el semen de otro crío…

—¡¡Ahh… sí…!! ¡¡dios… me folla así…!!

—¡Córrete… córrete así…! ¡¡como una guarra…!!

Y ella estalló en un orgasmo tremendo y gritó:

—¡¡Mmmm!! ¡¡Aaaahh…!! ¡¡Me corro!! ¡Dios! ¡¡Álvaro..!! ¡¡Me corroo! ¡¡Ahhhmmmmm!!— De una manera tan impactante que me puso todo el vello de punta.

Allí, a cuatro patas, con su pijama aun en su mano y en su cara, ensartada, se recuperaba de su orgasmo en silencio. No se dejó caer como cuando yo la penetraba con mi miembro, pues, empalada, apenas se podía mover. Fui yo quien me fui saliendo poco a poco… mientras ella resoplaba al sentir el abandono, y yo miraba aquella polla que salía empapada de un liquido blancuzco… dejando una oquedad brutal tras de si… y unos labios que no tenían intención de volver a cubrirlo.

Se recompuso con más entereza y prontitud de lo que yo habría esperado tras aquel colosal orgasmo. Quiso subirse sobre mí. Se dio la vuelta, y, de espaldas y de cuclillas, se montó sobre aquella polla enorme. Pronto subía y bajaba, lo hacía hasta casi salirse por completo, botaba con elegancia sobre mí, a la vez que se agarraba las tetas para que estas no le rebotasen demasiado sobre el torso por el movimiento. Lo hacía con elegancia, con sobriedad, pero a la vez desprendía lascivia… con esa finura y estilo en sus movimientos, pero a la vez esa extravagancia, casi vergonzante, de tener que retener… que domar, sus prominentes pechos al botar así sobre mí. Yo alucinaba de como se salía y volvía entrar; yo agarraba aquel objeto por la base para mantenerlo hacia arriba y ella lo abandonaba y lo volvía a envolver con un coño que parecía no tener suficiente con nada.

El reflejo de la poca luz que entraba por la ventana me permitía vislumbrar como aquella goma se impregnaba aun más, y otra vez, de aquel líquido espeso que vertía María sobre aquel objeto color carne. Su melena caía larga y tupida sobre su espalda sudada… Ella erguía la cabeza, echándola hacia atrás, gimiendo orgullosa… y no necesitó pedirme uno de aquellos “dame…” si no que yo mismo le azoté en el culo… primero sutilmente… y después más fuerte, haciendo que sus gemidos se tornasen en gritos y se solapasen con aquellas palmadas en sus nalgas sudadas… Me sentía poderoso, y legitimado para azotarla… pues con aquella polla le proporcionaba un placer que me autorizaba a castigarla con aquellos golpes… Tras hacer eso durante uno instantes decidí usar la mano para agarrar aquella nalga y apartarla…separándola, buscando así que su coño se abriera aun más… Mientras miraba obnubilado aquella impactante imagen, esbocé un “¿Te follas a Álvaro así, eh? ¿Te lo follas así?” y, casualidad o no, justo tras aquellas dos frases, ella comenzaba un segundo orgasmo, gritado otra vez desvergonzado, y, otra vez sin necesidad de estimularse el clítoris con la mano para correrse… y de nuevo, tras su clímax, no pudo apartarse sin más, si no que tuve que salirme con cuidado de ella… dejando otra vez aquella brutal cavidad abandonada.

Nos quedamos en silencio unos minutos. Tumbados, ella boca abajo y yo boca arriba.

Decidí quitarme aquello, porque después de sentirme poderoso, quise sentir, sentir yo, que sintiera mi miembro. Para hacerlo me puse de pie sobre la cama, y mientras me desajustaba la cinta María me sorprendió nuevamente, incorporándose lentamente, hasta acabar poniéndose de rodillas ante mí. Me ayudó en mi tarea y mi miembro salió empapado y enrojecido… Ella no lo tocó. No lo agarró. Me miró desde abajo… abrió la boca… mirándome… sacó la lengua… y lo lamió entero. Llevó su boca a mis huevos y tiró de ellos hacia abajo, con sus labios… con su boca y hasta con sus dientes… y después llevó sus manos a su espalda, adoptando una posición extraña y sorpresivamente sumisa, y lamió el glande. Miró hacia arriba y se introdujo todo mi miembro en su boca, hasta el fondo, y sacó su lengua para lamerme los huevos mientras lo hacía. En una imagen impactante… con las manos en su espalda, su mirada ida de morbo, con mi polla entera en su boca y haciendo mínimos movimientos con su lengua… hasta alcanzarme así los huevos… Creía que me corría en aquel preciso momento, cuando ella se salió rápidamente, haciendo un sonido gutural, por el esfuerzo de meterla entera en la boca, dejando un reguero de saliva y preseminal espeso, largo, enorme, que hizo de puente entre su boca y mi polla hasta que finalmente cayó por su propio peso, aterrizando ese líquido semi transparente sobre sus tetas.

Quise sentirla, quise disfrutar otra vez de su coño abierto, dilatado hasta el extremo. Quise morirme del morbo penetrándola, yo sobre ella, en misionero, y apenas no sentir nada porque una polla más del doble de grande que la mía la había invadido antes. Comencé un mete saca que en seguida se tornó en inusualmente rápido, casi estruendoso por la velocidad, y yo apenas notaba nada y sabía que ella tampoco. Llevó sus manos a mi culo para hacerse a mi ritmo frenético y entre beso y beso comenzó a gemirme: “córrete dentro… córrete dentro…” Mi polla nadaba en la inmensidad de aquel coño que se había dilatado por escribirse con un crío, que se había abierto más al dejarse besar y al pajear a otro crío, que se había hecho enorme al ser penetrada por una polla de plástico mientras imaginaba que era Álvaro quién la follaba… y mi miembro comenzó a convulsionar y a derrarmarse allí dentro, haciendo que María ronronease al notarlo, provocándome… y yo resoplaba y bufaba en su oreja y en su cuello, vaciándome… teniendo un orgasmo sentido y placentero… larguísimo… notando cada chorro profundizando en su interior.

Me quedé exhausto sobre ella, dentro de ella, que acariciaba mis nalgas y mi espalda. Y sentí una felicidad plena, un felicidad total, una conexión absoluta, que no sentía desde la noche con Edu, desde que lo había hecho con ella una vez Edu se había ido.

Allí encontraba la paz, dentro de María. Dentro y recién vaciado tras haber sido ella invadida por un amante superior, por una polla mejor. Durante aquellos instantes nuestra unión y nuestra conexión era tan intensa que yo sabía que todo valía la pena por llegar a aquella sensación.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s