ECONOMISTA

Se puso en pie al vernos, nos estaba esperando dentro del restaurante tomándose una copa de vino. Luego pidió otras dos para nosotros antes de pasar a cenar. Claudia se había puesto toda de negro, con zapatos de tacón, pantalón de cuero a la altura de los tobillos y un jersey fino con cuello de pico y un poquito de escote donde se le insinuaban dos perfectos pechos. Víctor se quedó de piedra cuando vió lo guapa que se había vestido Claudia “para él”. No tardamos mucho en entrar al comedor.

Durante el viaje en coche estuvimos hablando del tercer encuentro con Víctor. No tenía nada que ver con las anteriores ocasiones donde no queríamos abordar el tema, como si viajáramos a Madrid por otro motivo, ahora si, lo afrontamos y hablamos de que es lo que queríamos. Le sugerí a Claudia la ropa interior, se había comprado un conjunto negro muy erótico como la gusta a ella con muchas transparencias que seguro que hacían las delicias de Víctor.

Preferíamos que no se vieran en un hotel, así que decidimos que la mejor opción era en casa de Víctor, pero que yo también estuviera en su piso, aunque no en la habitación, seguro que él no ponía ningún problema y si lo ponía pues se acababa el juego. Nosotros poníamos las reglas. Claudia decía que era un primer paso para que en futuros encuentros yo pudiera estar físicamente delante para verlos follar en directo. Sabía que esperar en el sofá de casa de Víctor mientras ellos estaban metidos en su habitación iba a ser duro para mi, pero también morbosísimo, mi mujer me preguntó si me iba a acercar a la puerta para escuchar mejor y yo la dije que por supuesto que si.

“Solo tendrías que abrir la puerta para vernos, pero debes aguantarte y no hacerlo, tienes prohibido entrar, solo podrás escucharnos desde fuera como un buen cornudo, ¿entendido?”, me había dicho Claudia mientras me acariciaba el paquete con una sonrisa maliciosa. La dije en broma que se estuviera quieta y dejara de meterme mano cuando conducía o íbamos a tener un accidente.

Al final hablando de estas cosas nos llegamos a excitar, sobre todo yo que me puso sobre manera que mi mujer me llamara cornudo varias veces como si tal cosa. Para esta cita con Víctor cada vez había menos nervios y mas ganas de sexo por parte de Claudia, aunque yo seguía súper nervioso, casi mas que la primera vez. Solo esperaba que todo saliera bien.

Durante la cena estuvimos hablando un poco de las Navidades y cosas normales, tampoco nos contó mucho Víctor de su vida privada o de si tenía familia, se había pasado la mayor parte de las fiestas haciendo guardias en el hospital, según nos dijo. Y por mi parte que decir, cuando quedamos la primera vez le debió parecer muy raro que acompañara a mi mujer a la cena, pero al fin y al cabo no había pasado nada entre ellos y solo era una cena informal, para el segundo encuentro Víctor ya tenía clarísimo que yo era un cornudo y que solo estaba de mero acompañante de mi mujer que tenía vía libre para hacer con él lo que quisiera. Pero esta vez era distinto, si distinto por un simple motivo.

Ya se había follado a mi mujer.

Y eso lo cambia todo, por supuesto que lo cambia, es una sensación muy extraña estar sentado en la misma mesa del restaurante con tu mujer y el tío que se la folla. Es difícil explicar lo que sientes, para empezar sumisión hacia él, no dejas de pensar que estás con el macho que se folla y hace gozar a tu mujer, ese pensamiento no se te va de la cabeza y además Víctor contribuye a ello, se desenvuelve con total seguridad, sabe como tratar a una mujer y hacer que ésta pierda la cabeza por él bajo una fachada de seductor irresistible. Por otro lado veo a Claudia y la cara que pone cuando le mira, mi mujer siempre ha sido de armas tomar, todo un carácter, pero cuando está con él parece otra, como si no pudiera decirle que no a nada. Ya sé que suena estúpido y típico, te pasas años detrás de tu mujer para que se acueste con otros y en cuanto lo hace te surgen mil preocupaciones, a mi sobre todo me inquietaba que Claudia pudiera encoñarse con aquel médico. Si, solo habíamos quedado tres veces con él, pero cuando les vi juntos esa noche empecé a pensar que Claudia podía hacerlo, sin ninguna duda, pero tenía mucha confianza en que la base de nuestra relación era muy sólida, con una familia detrás y una vida al margen de estos encuentros con él.

Había que tener claro que Víctor era solo sexo. Y nada más.

Como decía, en la mesa con ellos sentía algo de sumisión, pero también morbo, mucho morbo, tenía un continuo cosquilleo de nervios en el estómago que yo sabía que no se me iba a pasar nunca aunque quedáramos con otros tropecientas veces. Eso siempre lo voy a tener. Ver como tu mujer cena con otro, como coquetean, te los imaginas en privado, desnudos, tocándose, besándose, sabiendo que ya han estado así y empiezas a excitarte. Yo me pongo cachondo ya mientras cenamos, suelo salir del restaurante con el rabo tieso y solo tengo que esperar a hacer lo que ellos me pidan. No me importa.

Aquella noche terminamos de cenar y fuimos a tomar una copa a un pequeño local, como hice la primera vez les dejé solos, no hacían falta las palabras, mi mujer ya no me buscaba con la mirada ni me decía que me uniera a ellos, sabía que yo estaría cerca mirándolos y protegiéndola, ella solo tenía que dejarse llevar. Con una copa en la mano me situé a unos tres metros, como un completo desconocido, como un voyeur, captando todos los detalles, como hablaban, como se tocaban, las caras que ponían. No había nada externo en lo que preocuparme, en ese momento solo estaba centrado en disfrutar mirando a mi mujer con Víctor y aquello era muy importante, porque a la vez me daba una pequeña paz y no me hacía estar tan nervioso.

Todo era perfecto, buena música, una copa en la mano, la polla dura y observar como Víctor ya tenía sujeta por la cintura a Claudia. No duró mucho tiempo aquello, no me dejaron paladear el momento previo, tenían prisa en hacer lo que fueran a hacer. Claudia vino hacia mi y me dijo que nos íbamos a casa de Víctor, había hablado con él y le había dicho que yo también iba, pero que no iba a entrar con ellos en la habitación.

Cogimos un taxi y me puse delante dejando a la parejita detrás, no sé porqué lo hice, supongo que era un gesto de mi parte hacia ellos como asumiendo mi papel de cornudo y dejándoselo bien claro, si es que había alguna duda, pero me gustó hacerlo. Escuchaba como hablaban en bajito, aunque no me giré en ningún momento, solo iba concentrado en la carretera y estaba deseando llegar a casa de Víctor.

Nos bajamos del taxi y entramos en el portal, Víctor llevaba sujeta a mi mujer por la cintura y yo iba detrás de ellos sin decir una palabra. Era solo el marido cornudo que les acompañaba. Al llegar a su casa pasamos al salón y Víctor nos dijo si queríamos tomar una copa, para mi sorpresa Claudia dijo que quería una y me di cuenta de que ella también estaba disfrutando mucho con esos momentos previos a pasar a la habitación.

Entonces se sentaron en el sofá de tres plazas y yo me puse en otro mas pequeño al lado de ellos, estaban frente a frente muy pegados y hablando en bajito, casi en un susurro y no entendía lo que se llegaban a decir. Se notaba que tenían ganas de quedarse a solas y que yo sobraba en la escena, desde su posición podía parecer ridículo allí sentado mirándoles con una copa en la mano. No quedaba mucho para el desenlace final.

Víctor hizo un gesto con la cabeza y el amago de ponerse de pies, pero Claudia dijo en bajito “espera un momento”, entonces tomó la iniciativa y acercándose a él le dió un pequeño beso en los labios y luego me miró de reojo, estaba claro que aquello había sido un detalle para mi. Víctor enseguida entendió lo que pasaba y le devolvió el beso a mi mujer, solo que esta vez no fue pequeño, fue un muerdo donde le metió la lengua entera en la boca de Claudia. Se juntaron mas y pasando la mano por detrás de la nuca para llevarla contra él comenzaron a morrearse. Mi mujer le correspondió y sacó la lengua para recibir la de él.

Lo que comenzó como un simple beso se estaba convirtiendo en un morreo apasionado, salvaje y lascivo.

Me pilló de sorpresa por completo, no esperaba ver esto, al menos esa noche y ya incluso comencé a dudar de si no iban a follar delante de mi cuando Víctor manoseó los pechos de mi mujer estrujándoselos sobre el jersey. La polla me palpitaba bajo los pantalones y ellos ya se besaban desenfrenados. Cuando pararon unos segundos se quedaron mirando frente a frente, Claudia tenía la respiración acelerada y se le había corrido un poco el pintalabios, Víctor por su parte se le notaba la erección a través de los pantalones, puso las dos manos sobre las tetas de Claudia y sin dejar de mirarse se las manoseó con mucha lentitud subiéndolas hacia arriba y apretándoselas para intentar juntarlas.

Verlos así delante de mi era todavía mejor de lo que me esperaba, Claudia jadeaba y cerraba los ojos mientras Víctor jugaba con sus pechos y se había lanzado a besuquearla por el cuello. Mi mujer estaba a punto de perder los papeles y decidió que el espectáculo para mi había terminado.

– Vamos a la habitación, dijo, esto si lo escuché bien.

Intentó ponerse de pies, pero Víctor no la dejó tirando del brazo hacia abajo, ahora el que no quería moverse de allí era él. Dijo algo al oído de Claudia y ésta le contestó que no, pero él volvió a insistir, no sé que le estaría pidiendo, pero aquello se estaba poniendo muy interesante. No tardé en averiguarlo cuando Víctor bajó las manos y Claudia subió los brazos hacia arriba con cara avergonzada. La iba a quitar el jersey delante de mi.

Le pegué otro trago a la copa y me di cuenta de que me temblaba la mano, Claudia me miró rápidamente, pero no la dió tiempo a mas porque Víctor ya iba subiendo el jersey por su cabeza. Se quedó con la prenda en la mano y Claudia se alisó hacia abajo la media melena que se había despeinado.

Ahora las tetazas de Claudia lucían poderosas bajo un sujetador negro de encaje semi transparente.

Víctor volvió a morrear a mi mujer que le devolvió el beso, esta vez fue mas soez y guarro si cabe, las lenguas de los dos jugueteaban mientras Víctor con una mano le agarraba el pelo a Claudia y con la otra las subió hasta sus tetas que comenzó a acariciar. El muy cabrón viendo que mi mujer estaba muy excitada tiró de una copa del sujetador hacia abajo haciendo que se le saliera un poco el pecho. Desde mi posición pude verla el pezón antes de que Claudia volviera a colocarse todo en su sitio, pero Víctor no estaba dispuesto a quedarse quieto, esta vez tiró de las dos copas hacia abajo y las tetas de Claudia quedaron aplastadas sobre el sujetador. A mi mujer se le escapó un poco la risa mientras le seguía besando extasiada de placer y en un gemido le dijo algo así como “estate quieto” a la vez que se volvía a colocar sus pechos correctamente.

Víctor pasó las manos a su espalda e intentó desabrochar el sujetador a Claudia, pero ésta no le dejó, “vamos a la habitación” dijo mi mujer pero él seguía sin querer. Se quedó mirando el cuerpo de Claudia pasando las manos ahora por los laterales de su abdomen.

– Tienes unas tetas perfectas.

Esto lo escuché perfectamente también, de hecho lo dijo en alto para que así fuera, me gustó que le regalara los oídos a Claudia que se dejaba mirar por el médico. No tardó en volver a poner las manos contra sus pechos juntándoselos y apretándolos hacia arriba, luego acercó la cabeza y les besuqueó por encima del sujetador haciendo gemir todavía mas a Claudia.

Yo no podía mas, le dí otro trago a la copa y justo en ese momento los dos se pusieron de pies, quedando Claudia de espaldas a mi. Víctor me lanzó el jersey donde estaba yo, cayéndome al lado de las piernas y agarró a Claudia por la cintura para darse otro beso delante de mi. Bajó las manos y pude ver a un metro escaso como la sobó el culazo sobre los ajustados pantalones de cuero. Luego subió las manos y esta vez si Claudia se dejó y él desabrochó su sujetador dejando desnuda a mi mujer de cintura para arriba.

Mi polla volvió a palpitar y le escuché a Víctor como le decía “vamos” a Claudia. Pasó el brazo sobre el cuerpo de Claudia como si la quisiera resguardar del frío y entonces pude ver parte del pecho desnudo de mi mujer cuando se giraron. Al pasar a mi lado Víctor me lanzó el sujetador sobre las piernas sin soltar a mi mujer y echaron a andar hacia los dormitorios.

En ese instante mi polla explotó. Cuando me cayó el sujetador encima me provocó el orgasmo, por suerte ellos no se dieron cuenta y cuando les perdía de vista comencé a eyacular bajo mis pantalones escuchando como retumbaban los tacones de Claudia que se alejaban.

Otra vez me quedé solo en el salón de Víctor. Tenía el jersey de Claudia echo una bola a mi lado, el sujetador sobre mi regazo, una copa en la mano y una abundante corrida empapándome los calzones.

Luego escuché como se cerraba la puerta del dormitorio de Víctor.

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