JORDI MARCOS

 

-Cuéntame tus secretos, ¿cómo tan presumida, estimas tanto a tu cuerpo?

Déjame estrechar confianzas con tus voluptuosas nalgas esféricas y consteladas de tu Vía corporal y ensayar contigo, la prueba de sonidos con sonsonetes bizarros y secos.

– ¿Por qué, si mi mano atrevida transita por debajo de tu ombligo, cierras los ojos y respiras suave y agitada?

Déjame que te escriba un poema con la pluma de la rozadura de mis dedos en la trayectoria anular de tu cuello, y pintar con aguaceros salados y picantes de mi boca, las líneas verticales de tu cuerpo hasta llegar al eje que custodia tus deseos.

-Y Dime, ¿por qué te gusta temblar y moverte de espasmos, tratando de susurrarme necedades?

Entrégate, bruna de cutis y lisa cabellera, y déjame que sea yo quien, con insolente y prepotente músculo, provoque que mis brazos y torso, sean el soporte a tus piernas trapecistas y así, sientas ser etérea.

– ¿Por qué quieres volverme la espalda y hallarte en espera muda y silenciosa?

Déjame efímero y pasajero, ser dominante de tu larga melena oscura y compacta, tensándola con brío para preparar la arrancada hacia el éxodo de los frentes mórbidos que, finalmente, se traducirán en estremecida convulsión y se diluirán en fluidos sedantes para tu organismo y mística.

-Ven, eclipsada de dermis y tersa pelambrera. Pósate sobre mis piernas y compórtate imperiosa como la luna arrogante y celeste que ilumina esta noche de carmín y frenesí.

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