ECONOMISTA

El último día antes de las vacaciones navideñas el director había invitado al resto de profesores a un pequeño convite con canapés y refrescos. Estaba hablando con otro profesor, pero no podía dejar de mirar a Claudia que llevaba una falda negra cortísima que la realzaban unas fantásticas piernas. Con aquellas gafas negras de pasta y perfectamente maquillada iba impecable, como siempre, ¿que pensarían los alumnos al verla así vestida?, se dijo para si el viejo, la falda era quizás demasiado corta, muy poco apropiada para dar clase a jovencitos con las hormonas revolucionadas, el resto de compañeros hablaban con ella, algunos con envidia, otros por peloteo, sabiendo que iba a ser la futura directora del instituto. “Bajo aquella minúscula falda he tenido la mano metida en su coño calentito”, pensó Don Pedro relamiéndose, “Y ella lo preparó todo, seguro que si, no podía haber sido casualidad lo que pasó, además se me insinúa constantemente con esas faldas y esas poses cuando viene a mi despacho”, “se pone a mi lado pudiendo estar tranquilamente al otro lado de la mesa”.

Claudia se dió cuenta de la constante mirada libidinosa del viejo, pero le ignoraba por completo como si no le viera. Ya le tenía en el punto del juego donde quería, que pensara en ella constantemente, pero a la vez confundido, mandándole mensajes contradictorios, un día era amable con él y al otro día una borde, un día una zorra calienta pollas y al otro una estrecha, un día era simpática y al otro desagradable. En nada tenía que ver haber engatusado a Don Pedro para ser la próxima directora, no lo hacía por eso, además se lo merecía, nadie se había preparado mejor para el puesto que ella, para Claudia Don Pedro solo era un viejo inocente con el que podía tener un juego secreto muy morboso y excitante. Y nadie se enteraría jamás.

Sacaron una botella de champán y se llenaron las copas.

– Por la próxima directora y ¡felices fiestas!, dijo Don Pedro.

Luego brindaron todos y cuando terminaron cada uno se fue a su despacho a terminar de recoger. Claudia llevaba un maletín y el abrigo colgado del brazo y antes de irse a casa tocó en la puerta de Don Pedro que estaba de pies también poniéndose su abrigo.

– Ya me voy, ¡felices fiestas!, dijo Claudia pasando dentro y dándole dos besos al viejo.
– ¡Felices fiestas, hija!
– Páselo muy bien con la familia y en unos días nos vemos…
– Lo mismo digo, aprovecha para descansar y disfrutar de la familia.
– Gracias, dijo Claudia andando hacia la mesa del director y sentándose en ella a la vez que cruzaba las piernas.

La pose era terriblemente excitante y la falda era tan corta que parecía que se le iban a ver las braguitas. Don Pedro no sabía que pasaba, aquello no venía a cuento.

– Después ya empezamos con las reuniones, quiero que me enseñe todo lo que tenga que saber para ser una gran directora como usted…
– Si, si, cuando quieras, dijo el viejo al que solo le faltó babear mirando los muslos de su jefa de estudios.
– Creo que lo vamos a pasar bien, dijo Claudia levantándose y rozando el brazo de Don Pedro al pasar a su lado, – hasta después de fiestas…

No pudo ni articular palabra, solo se quedó mirando como ella movía el culito al andar hacia la puerta. Cerró los ojos y se recreó en el ruido de los tacones de Claudia mientras se alejaba por el pasillo. Se echó la mano a la bragueta sin poderse creer lo que le estaba pasando. Tenía una formidable erección.

Estos días teníamos un gran volumen de trabajo en la fábrica, mientras que Claudia disfrutaba de las vacaciones tranquilamente en casa con las niñas. En esos casi 20 días en los que ella no tuvo clase nos conectamos varias veces mas con Toni y así al fin pude saber como Víctor se había follado por primera vez a mi mujer. Luego releímos varias veces las conversaciones y siempre nos terminábamos pillando un buen calentón. Me encantó saber como aquel arrogante había tratado a mi mujer, sobre todo por la mañana, donde la había insultado e incluso azotado en las nalgas a Claudia y ella se había corrido varias veces mientras le hacía esas cosas.

Claudia seguía teniendo contacto telefónico con Víctor y ya habían concertado una tercera cita para después de Reyes, aunque sin fecha fija todavía. Antes teníamos pendiente hablar de todo esto y aprovechamos las fiestas de navidad para hacerlo. Charlamos largo y tendido de lo que estábamos haciendo, de los pros, los contras, lo que nos preocupaba, lo que nos gustaba. Intentamos dejar las cosas bien claras e incluso poner unos límites. Para mi lo mas importante es que Claudia estuviera segura, tranquila e hiciera lo que quisiera, para mi mujer lo mas importante era la discreción, sobre todo esto, no podía permitirse que nadie de su círculo cercano supiera de nuestra afición por el mundo cuckold.

También hablamos sobre el que yo estuviera presente en sus encuentros, para mi no es algo que fuera imprescindible, de hecho aceptaba perfectamente que ellos se vieran sin estar yo delante, aunque también consideraba una parte muy morbosa el poder ver todo e incluso que me pudieran pedir alguna cosa o se dirigieran a mi mientras estaban follando. Claudia me dijo que por supuesto que yo también tenía opinión y nosotros teníamos que establecer las reglas y como serían los encuentros y no dejarlo en manos de Víctor. En cuanto a que yo estuviera delante Claudia estaba de acuerdo y no se oponía, pero me dijo que en estas primeras veces ella podría sentir mucho pudor de que yo la viera y que prefería de momento estar a solas con él.

Al final llegamos a un punto medianamente intermedio para un supuesto tercer encuentro. Después de cenar iríamos a casa de Víctor los tres, ellos estarían en la habitación y yo en el salón. Para mi era importante porque podía estar tranquilo al estar cerca de ellos y esto le daría seguridad a Claudia y para mi mujer era un primer paso a que yo les viera, no era lo mismo, pero sabía que yo lo iba a escuchar todo desde el salón y así poco a poco Claudia iría perdiendo la vergüenza a que yo estuviera delante cuando follara con Víctor.

Las navidades fueron transcurriendo con mucho trabajo y entre comidas y reuniones familiares. En los “Alvarez” las cosas iban bien aunque se notaba mucho que faltaba Gonzalo en estas fiestas, siempre era el que se hacía notar en estas ocasiones. Carlota seguía viviendo en casa de mis suegros y estaba centrada en el trabajo, últimamente tras mucho insistir por parte de la familia se había apuntado al gimnasio, tenía muchos kilos que bajar aunque a mi me gustaba como estaba, aquellas tetazas enormes merecían una buena corrida en ellas. Marina por su parte nos dió la noticia de que iba a empezar a trabajar como co-presentadora en un programa de la tele local, sin duda alguna mi suegro había tenido mucho que ver en “colocarla/enchufarla” allí, pero eso a mi me daba igual, iba a ser un gustazo verla por la tele. Seguramente alguna paja cayera en su honor.

Como de costumbre el día de Reyes quedamos a comer en casa de mis suegros. Era una tradición familiar, antes de comer nos reuníamos todos en torno al árbol de Navidad y Claudia ejercía como maestra de ceremonias llamando uno a uno para que salieran a recoger su regalo. Mi mujer llevaba unos vaqueros ajustados, zapatos de tacón y un suéter muy navideño de Papá Noel. Empezó por los niños, de menos edad a mas edad, el mas pequeño el hijo de Marina y Pablo salió entre aplausos del resto de la familia. Yo viendo a mi mujer así me acordé de la noche anterior.

Después de dejar todos los paquetes junto al árbol de Navidad Claudia me dijo que subiera a la habitación que tenía que darme mi regalo. Pasé dentro y estaba de pies, desnuda, con el coño completamente rasurado, unos botas altas por encima de las rodillas y en la cintura colgando un arnés del que colgaba una polla negra. En cuanto la vi se me puso dura.

– Ponte de rodillas y chúpamela, aquí tienes tu regalo, me dijo sacudiéndosela ante mi.
– Voy a chuparle la polla a Baltasar, dije en broma a lo que Claudia sonrió ante mi ocurrencia.

Cuando terminó de dar los regalos a los peques la siguiente mas joven era ella, cogió un paquete y lo abrió mientras nuestras dos hijas la abrazaban. Era un precioso colgante y pendientes a juego de oro blanco. Me hizo salir a darla un beso, sabía que llevaba un tiempo detrás de ese conjunto y yo solo tuve que decírselo a mis suegros para que se lo compraran. Aprovechando que estaba de pies en el árbol me tocaba ahora abrir ahora mi el regalo, otra pequeña cajita cuadrada. Ya me imaginaba lo que era.

Claudia sujetaba la polla y me daba golpecitos con ella por la cara, yo ansioso sacaba la lengua e intentaba metérmela en la boca, pero ella no me dejaba. Aquel juego me excitaba mucho.

– Cornudo y maricón, lo tienes todo. Toma, haz con ella lo que te de la gana, dijo mi mujer al fin dejándomela chupar.

Me excitaba mamar allí sumiso de rodillas agarrándola por el culo, Claudia tenía a la vez una cara de zorra y desprecio que hacía que se me pusiera mas dura. Ella intentaba metérmela lo mas profundo hasta que me rozaba en la garganta y me daban arcadas, luego la sacaba y vuelta a empezar.

– Pasa bien la lengua por toda la polla, quiero que la dejes limpita…

El reloj deportivo era muy bonito, con una correa en naranja, Claudia cómplice me guiñó el ojo, sin duda alguna ella también estaba detrás de este regalo. La siguiente en salir fue Marina que también iba muy guapa marcando culazo con un vaquero ajustado. Abrió el paquete y era un móvil grande, se dió un beso y un abrazo con mi mujer y volvió junto a sus hijos.

Me puso de pies contra la cómoda de la habitación y de una patadita me obligó a abrir las piernas, yo sumiso bajé la cabeza y esperé a que ella se pusiera detrás. En cuanto me rozó el ano con la polla de juguete se me estremeció el cuerpo. Lo siguiente que noté fue el dedo de Claudia untado de vaselina abriéndose paso en mi culo. “¿la quieres ya dentro, eh, cornudo?”. Luego empujó y el juguete se fue abriendo paso en mi interior poco a poco.

El siguiente fue Pablo al que regalaron una americana que no dudó en probarse delante de todos. Le quedaba muy bien, mi mujer le ayudó a quitársela y luego salió Carlota con los ojos llenos de lágrimas y se fundió en un abrazo con su hermana pequeña rompiendo a llorar. Claudia le dió unos pequeños golpecitos en la espalda y luego unos besos muy cariñosos.

– Tu eres muy fuerte y esto no es nada para ti, vamos cabeza arriba y no pasa nada, eres guapa, joven y tienes mucha vida por delante, le dijo mi mujer a Carlota que seguía muy afectada por su ruptura con Gonzalo. Abrió el regalo y era el último modelo del Ipad que pareció gustarle mucho.

Me sujetó de las caderas mientras literalmente me estaba partiendo el culo. Claudia me follaba sin contemplaciones haciéndome pasar un rato maravilloso. Creo que ya lo he dicho varias veces, pero lo repito. No hay nada mejor a que tu mujer te de por el culo. En serio. Cuando la notas embistiéndote desde atrás por dentro te están acariciando la próstata y te da un gustazo que te derrites. A cada mete-saca no sabes muy bien si te vas a mear encima, si te vas a correr o si te duele el culo. Lo único que sabes es que estás disfrutando como un cabrón. Yo me llego a correr así, a veces no me hace falta ni tocarme la polla para eyacular como me pasó en la noche de Reyes. De una brutal clavada me incrustó toda la polla y comencé a eyacular sobre la encimera mientras me balanceaba delante y atrás por la follada que me estaba pegando. 

Por último salieron mis suegros a los que entre todos los hijos les habían regalado un viaje por varias ciudades de Italia. Después nos sentamos a la mesa a comer y para terminar cantamos unos villancicos comiendo turrones. Por fin se acabó la Navidad.


Claudia se quitó el arnés dejándolo caer al suelo, yo todavía estaba de pies contra la encimera con la cabeza agachada. Me dió una pequeña nalgada y me dijo que me diera la vuelta.

– ¡De rodillas!, me ordenó.

Levantó una pierna poniéndomela sobre el hombro y me acercó el coño a la cara.

– Me pone mucho follarte, mira lo mojada que estoy…¿lo ves bien?, pues ahora túmbate en el suelo que voy a sentarme en tu cara hasta que me corra…

Un par de días mas tarde comenzamos con la rutina diaria, Claudia y las niñas en el colegio y yo seguía en la fábrica ahora con mucho menos volumen de trabajo. Esa rutina no duró mucho, a mediados de enero volvimos a quedar con Víctor. Era el tercer encuentro, solo que esta vez no íbamos tan a la aventura como las anteriores veces, habíamos hablado entre nosotros que es lo que queríamos y que íbamos a hacer. Y de ahí no nos íbamos a salir. Teníamos clarísimo las dos premisas fundamentales en las que basar los encuentros: seguridad y discreción. Víctor por su parte se permitió el lujo de sugerirle a Claudia que se pusiera unos pantalones de cuero negro durante la cena, le excitaban mucho ese tipo de prendas y mi mujer se compró uno para la ocasión.

Esta vez reservamos nosotros el restaurante y le dijimos a Víctor sitio y hora. Como siempre acudió puntual a la cita.

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