JORDI MARCOS

 

Le planteé con tres fórmulas directas.

Primero la adecuación, en el contexto intimidad, desprendiendo el vestido bermejo en un solo gesto, articulando lenguaje salvaje y no-verbal. Como segundo término, era seleccionar el espacio, correspondiendo tanto pared como sábanas blancas, según las prisas en cumplirse los deseos. Finalmente, armonía entre párrafos de posiciones múltiples, que una vez pase el filtro del dominio, se encontrará en el punto más álgido, dándole forma a los alaridos y espasmos.

La propuesta fue contestada por su parte, con el agarrón de mi pelo y la mordida honda y salivosa en el lateral del cuello. Introducimos las llaves y empujamos la puerta con los dos cuerpos anexados. Chocamos contra los amplios cristales que reflejaban tres escalones y una rampa, ubicados a medio camino del ascensor. La imagen dual y copia del original, al estilo platónico, plasmó una mano atrevida que se afianzaba dentro del pantalón, actuando astuta como Lázaro y despertando ascensos altos como Ícaro.

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