ALBERTO MORENO

 

El viento Levante,  obcecado y terco, buscando las velas del trinquete del “Perla Negra”, el galeón ficticio de Jack el pirata,  hundido en el pasado remoto, no cejaba ya durante cinco días.

Ni cedía, ni desistía en su demencia.

Las cornisas y los aleros, a forma de flautas de gnomos obsecados, reproducían silbidos mantenidos, agudos, que desquiciaban.

Cada  esquina, era un ventisquero enfurecido.

Cada rincón, un remolino enajenado.

El Levante galopaba desenfrenado.

Las manecillas de los relojes se acercaban ya a las ocho de la tarde de aquel día.

El calor anárquico traido y llevado por el viento había ido declinando. El sol, iba pronto a concluir su misión.

Daría de mano en pocos instantes.

Dionisio se había refugiado toda la tarde en la casa.

El viento le desquiciaba.

Sobre las ocho,miro al través de la ventana y las ramas de los árboles estaban inmóviles. quietas

Abrio la puerta y comprobó que el viento había cesado.

¿A dónde habrá ido el loco?, dijo para sí.

Una calma chicha se había adueñado del final de la tarde.

Los rastrojos de los campos contiguos a su casa, de tierras rojizas, estaban ya preparando el lecho, primero a la sombra y luego a la oscuridad.

La sombra, todas las tardes, como una salamandra silenciosa comenzaba a arrastrarse y extenderse de forma irremisible, expulsando  la diáfana luz y allanando  el camino a la noche.

 

Hacia varias semanas, una gigantesca maquina como un Panzer “Tiger I”, con sus cuchillas cerceno los tallos del trigo ya maduro, con sus tentáculos.

Por arriba y por abajo  culminó el genocidio.

El campo de espigas doradas, virginales, había desaparecido y se había convertido en el árido rastrojo rojizo.

La calma chicha se había apoderado de todo el entorno, a la par que la sombra comenzo a  extenderse de forma pausada, silenciosa.

¿A dónde habrá ido el loco?, volvió a repetir Dionisio.

La quietud presagiaba algo peor que la furia eólica del viento.

Esta, podría ser el prólogo de un final o de  una nueva catástrofe.

¿Qué puede ocurrir ahora?, se pregunto el hombre.

Dionisio no perciba que un atisbo de demencia estaba alojándose en su cabeza.

Aquella soledad, Dionisio vivía solo, había comenzado a mermar su cordura.

La noche llego y no ocurrió nada. El viento seguía desaparecido.

Dionisio no cenó, se fue a la cama sobre las once.

Se durmió sin percibirlo.

El ensoñamiento,  traido como una venganza del Loco, le sumergió  en una pesadilla anárquica, que mezclaba escenas y personajes inconexos.

A la mañana siguiente, el huracan había vuelto con mas ímpetu que los días anteriores.

El sol, acobardado, no había acudido a su cita.

Unas nubes grises, sumisas, vencidas, se dejaban arrastrar  por el viento hacia los acantilados  del final del horizonte.

Por la cristalera del porche se diviso una garza adulta con su plumaje blanco nieve. Venia desorientada, su corto vuelo termino en la planicie rojiza. Su pico, mas por hábito que por gula, comenzó a picotear con cierta desidia   granos de trigo desperdigados.

Se movia demorada, el viento loco había descompuesto su orientación.

Permaneció un rato breve, levanto el vuelo y se marcho.

El cielo reclamo su ultimo protagonismo, un cumulo  en forma de abigarrado rebaño de corderos lechales, atemorizados, se arrebujaban unos contra otros protegiéndose del loco.

Tenían desamparo o sentían  frio.

Mas al fondo en la misma bóveda, de un cirro oscuro, prieto azabache, preñado, pugnaba por emerger como un parto ayudado con fórceps, la cría de un cirro blanco inmaculado.

A lo lejos, una masa oscura amenazaba lluvia.

La oscuridad, de un plumazo corrió el telón.

De hecho, aquellas últimas  escenas de la representación, Dionisio no las presencio, el hombre, en un vahído, en un traspié no esperado ni previsto, falleció.

Tendido en el suelo de su cocina permaneció tres días. Un vecino extrañado de la quietud de la casa de Dionisio, después de pulsar el timbre media hora, decidió entrar, Dionisio dejaba siempre la cancela sin  llave.

Al cuarto dia de su muerte, el consistorio se hizo cargo del sepelio.

El Loco, con mala conciencia,  desaparecio un mes.

¿Cuándo volverá?, La gente, extrañada lo echaban de menos.

El final de esta sucinta historia nunca ocurrio.

Dionisio la soño, no recuerda si dormido o despierto

-Fin-

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