MOISÉS ESTÉVEZ
Una urbe capaz de engullir a cualquiera, que podía mostrarse inmisericorde con el débil, devorándolo sin masticar, y una vez terminado el proceso digestivo, la anonimia con la que trataba a sus pernoctadores hiciera que poco importara lo que pudieran sentir.
Allí donde se alzan los magnos edificios, enormes columnas que acarician el cielo
desafiando al viento yo, vivo con anhelo…
De manera vehemente, mi frustración se aferra a la oportunidad paradójica que ofrece la ciudad a quienes nos empeñamos en creer que toda crónica histórica puede tener una segunda versión enmascarada.
Busco lo sibilino, lo oculto, algo diferente, un cambio necesario y urgente, porque no puedo seguir respirando este aire ibérico viciado que alimenta a un Puerto Hurraco Macondiano, esperando que la tierra de las oportunidades se muestre y deje de ser leyenda negra…

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