XAVI ALTA

Verónica. 6

Desde la reforma educativa de 1992, las carreras universitarias pasaron a cursarse en cuatro años, uno menos que hasta entonces, dividiendo cada curso en dos mitades temporales que provocaba que, en la práctica, los alumnos tuvieran la sensación de realizar la carrera en ocho cursos.

Enero era cada año el mes de los primeros exámenes finales. Así que, al volver de vacaciones, Verónica ya tenía una idea bastante clara de qué asignaturas serían un hueso duro de roer y cuales podía dejar para el último momento.

Economía de la Empresa y Organización Económica Internacional le parecían bastante asequibles, además de amenas, a pesar de que el profesor de la primera ni era buen orador ni explicaba bien el temario. Econometría era complicada pues se trataba de matemática pura y dura, pero a ella siempre se le habían dado bien, así que no creía tener grandes dificultades en superar la asignatura.

Hacienda Pública y Macroeconomía eran otro cantar. La primera era un compendio de materia densa, aburrida y tediosa impartida por un catedrático cargante, empalagoso e insulso, cuyas bromitas supuestamente jocosas con las que trataba de despertar el ánimo de la clase la desesperaban.

La segunda materia, impartida por el Profesor Ayala, era el hueso duro de roer. Todos los alumnos lo sabían, no porque la materia fuera especialmente complicada, pues cualquier alumno de la carrera conoce mínimamente las principales variables macro-económicas. PIB, PNB, IPC, etc. son siglas aparentemente oscuras, pero muy fáciles de definir. El problema era el notable listón de exigencia fijado por el docente unido a la intransigente actitud con la que trataba cualquier tema académico.

La solución para la primera materia, Hacienda Pública, le llegó en los primeros repasos del temario. Entraba fácil y era más complicado soportar las clases del Dinosaurio que memorizar y asumir los conocimientos necesarios para aprobar.

Para Macroeconomía, en cambio, sabía que con eso podía no tener suficiente. Así que se decidió a hacerle una visita en su despacho cuidándose mucho de respetar escrupulosamente las horas fijadas para ello.

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