ALBERTO MORENO

                                           (aumentativo de zarandeo)

¡Manuel!, ¡Dame un zangarreón, tengo frío y calor a la vez!, ¡No se qué me pasa!.

Hortensia había terminado de fregar los cacharros de la cena. Habían comido , como otras tantas veces, en la mesa de la cocina.

La pantalla de la tele estaba tonta. El verborreo y el chorro del fregadero, habían ahuyentado la complicidad,

Eran como dos viajeros desconocidos arrastrando una maleta por el anden de una estación provinciana.

¡Manuel!, ¡Dame un zangarreón!, ¡Tengo frío y calor a la vez!, ¡No se que me pasa!.

¿Ya?, contestó Manuel.

El hombre estaba en el principio del pitillo que había encendido al terminar la taza de arroz con leche que Hortensia había servido de postre.

¡Cuando quieras!, contestó ella.

¡Estoy rara, no sé  que me pasa!, repitió  la mujer .

Subieron para arriba, La alcoba era el altillo de la vivienda.

Manuel, había dejado el pitillo a medias, se bajo los pantolones sin ceremonias, como si fuera a acostarse y nada mas.  Hortencia, melifula, recatada, primero se desprendio del delantal,, después se demoro con lo demás. La faja, como si fuera un alijo de contrabando, a medio escondidas, la puso en la descalzadora, solo quedaba el sujetador y las bragas, volvió a demorarse.

¡Manuel, tengo muchas ganas!  ¿y tu?

Manuel, ya estaba en pelotas, se rascaba el ombligo con la mano derecha, con la otra, se atufo el mechón de pelo que le colgaba sobre la frente.

¡Comieron dos perdices, con mas ardor que otras veces!.

Sobre las cinco, la hora mágica lorquiana, terminaron.

¿Qué quiere  cenar Manuel?, le pregunto Hortensia, con voz melosa

¡Lo que quieras!, contesto el hombre.

Bajaron a la cocina, La tele se había quedado prendida. Manuel, la apagó. ¡Voy a dar una vuelta!!. Cogio el medio pitillo, lo encendió y salio a la calle.

Había partido en la tele del bar. Manuel cruzó la calle y se dirigió a la taberna.

Pidio un café y se acomodo con el codo sobre el mostrador. Desde allí veía bien la pantalla. El partido estaba empezado. El local estaba lleno, todos hombres. Manuel se concentro en el juego.

En casa, Hortensia había retomado la rutina. Se le veía relajada, no había prendido la tele. Atareada, de allá para acá, tatareaba con los labios entre cerrados el estribillo de una tonadillera famosa. Mañana iría al salón de belleza, pensaba para si, me voy a teñir el pelo, dudaba el color.

El horno estaba encendido, en una bandeja refractaria introdujo dos contra muslos de pollo. Le había colocado una guarnición de cebolla y papatas. A Manuel le encantaba esta cena.

Por unos instantes, debió pasar por su cabeza “el zangarreón”, dibujo en su rostro una placentera sonrisa. Fue un instante.

Aquel mes se cumplían veinticinco años  de su matrimonio, seria el día quince, faltaban todavía cinco. ¿A ver Manuel que tiene pensado!, ¿Estos hombres son capaces de no acordarse!.

¿Y si me tiño, de rubia platino?, ¡A lo mejor a Manuel le gusta!.

El hombre seguía en su partido, no había goles, pero las ocasiones se sucedían sin tregua.

Su mente, después del “zangarreón, era un encéfalo plano,

Su vida era simplona, un trabajo rutinario, una economía casera equilibrada, no tenían hijos y la familia bien avenida pero en el pueblo. Ni ansiedad, ni estrés ni emociones. Hortensia y el tenían la misma edad, cincuenta y tres años.

La salud, salvo los resfriados del invierno no daba  lata.

Termino el partido cero a cero. los hombres comenzaron a marcharse. Manuel, se demoro algo mas, encendió un pitillo y volvió a pedir otro café. Era hombre de poco alcohol.

¿Qué habrá hecho de cena Hortensia?.

Inicio poco después el regreso a casa. Por el camino recordó que tenia que renovar el carnet de identidad, necesitaría una foto, seguro que habría alguna por la cómoda, en algún cajón.

La cena estaba a punto. Hortensia, al verlo entrar, se acercó y le beso en la boca, fue un momento. Hacia mucho tiempo que no había tenido aquella ocurrencia.

Manuel se sorprendió, le devolvió el beso.

Cuando libero la boca le dijo: ¿Quieres otro zangarreón?.

¡Si!, contesto Hortensia, con ojos de carnera  lechal.

¡Cuando cenemos!.

                                                 –Fin-

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s