JORDI MARCOS

En tan ambiente cargado de frenesí, desprendió sus voluntades y recurrió a los tópicos clásicos de la pasión. Se dejó llevar al estilo Helena, que según en la tinta de helenos, se entregó a ser secuestrada por Paris poco antes de provocar la guerra que duró una década. Guardan las lenguas poéticas que fue ella, quien por su arrogante y sublime atractivo, fue máxima causante de aquellos sucesos atroces del hombre alienado e irreflexivo.

Así fue entonces, como levantó simultáneos, índice y corazón, originando a los pocos segundos que, se colocaran un par de vasos y se cargaran a tres dedos de tequila, inclinándose la botella con artificio para desprenderse olor agudo y seco. Chocándose los minúsculos vasos en concordancia subordinada, las miradas se penetraban en deseos íntimos, mientras ardían los ojos del licor que lloraban mezcla de tequila, libido y fogosidad. El licor venenoso circulaba por los acueductos interiores, y regaba de grados etílicos a la cordura.

Haciendo honores a la memoria de nuestros clásicos, se aceptó sin más preámbulos, ser protagonistas del crimen. Y es que una vez introducidos en el delito pecaminoso de amantes prohibidos, qué importa ya, proseguir notable con el yerro glorioso, magnánimo y místico -aunque fueran amores de una noche-y adentrarse por descubrir, a aquellos mundos terrenales que llaman de muchos nombres, pero que llevan todos al dominio carnal.

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