MANGER

 

Duerme, duerme apacible

la niña en el bosque…

 

De piel sonrosada y tersa,

pequeña de estatura, cabecita alegre,

cabellos castaños en corta melena,

diez años cumplidos y una burda muñeca de trapo

reposa en su mano mirando insensible

con los zafios ojos de una negra tela.

 

Dos lágrimas de amor confundido

marcaron los sorprendidos iris

de un puro azul hurtado al cielo,

fijos y distantes; miran desde abajo

al lejano horizonte del futuro ayer preterido,

inexistente…

arcano por siempre.

 

La inocente cara de ángel

ha dejado marcada su impronta

en el barro pastoso del bosque,

tan sólo de un lado,

y en las comisuras de unos labios

de infantil esencia,

siguiendo las curvas de bermellón fluido

que laceran el último aliento de vida,

danza aún caliente y atónita

esa inútil pregunta que exige respuestas:

 

… ¿Por qué, papá?

3 comentarios sobre “Ojos de negra tela

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