XAVI ALTA

Yolanda. 6

Aquellas Navidades supusieron un peldaño importante en la madurez de Yoli, un paso adelante mucho mayor que el que dio el día que cumplió los 20. Ya verás cuando cambies de década, le decían. La verdad, no recordaba que hubiera sentido nada especial cuando cumplió los 10, así que porqué darle tanta importancia a un número, el 20, una cifra arbitraria que tampoco la definía por sí misma.

En cambio, la tarea que tenía por delante sí le provocaba sentimientos intensos. Sentía la responsabilidad de la empresa sobre sus hombros, la envergadura del envite, la trascendencia de sus actos. ¿Se sentían así los empresarios? ¿El cabrón del jefe de papá? ¿El puto alcalde, que era el jefe de mamá? No, no podía ser pues su jefe sólo mira por su bien, no por el bien de sus compañeros. Y dice mamá que el alcalde es un embaucador corrupto que sólo se preocupa de su bolsillo y de aparecer guapo en las fotos. Ella en cambio, miraba por sus amigos, su grupo, su futuro.

Su futuro. Esa palabra sí empezó a acojonarla. ¿Qué harían sin grupo? ¿Qué haría ella sin su banda? Un peso mucho mayor que el que le caía sobre los hombros empezó a aprisionarle el pecho. Estudiaba una carrera para tener algo consistente con lo que entrar en el mercado laboral, pero ella no quería entrar en el mercado laboral. ¿Ser un borrego más de la manada? ¡Ni hablar! Father’s Cove era su futuro. ¡Es mi futuro!

Llamó a July para verse aquella tarde. Había volcado en una hoja de papel sus sentimientos y vio que tenía sentido, que podía pulir el texto y convertirlo en un conjunto de pareados, de rimas. ¡Coño, le había salido una canción!

Se la mostró a July cuando se reunieron en el banco verde del parque. El banco era azul aunque en un pasado había sido de un color moco suave, a veredicto del propio July. Realmente este chico era capaz de sacarle punta a todo. La leyó dos veces, mientras Yoli esperaba una valoración, una crítica, que sabía de antemano que no sería dura pues era un tío muy prudente, sobre todo con las chicas, pero que seguro le mostraría un montón de carencias. Sergio sí le hubiera dicho que le parecía una mierda si así lo creía. Pero estaba convencida de que no lo era. Seguro que debía pulirse, mejorar alguna frase que había rimado por los pelos, pero no era una mala letra.

“Me gusta” fue el veredicto de July, “me gusta mucho”. Le preguntó si la había musicado, si la había escrito tarareando alguna melodía, pero ante la negativa de Yoli, empezó a hacerlo él. Sonaba raro, pero la melodía enganchaba. Un poco “popera” se quejó el chico, pero ella lo negó, “espera que le pongamos las guitarras y el bajo y será la más potente que hayamos compuesto”, pero la definición de la canción que verbalizó su compañero la hizo estremecer: “tía, esto es un himno”.

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