XAVI ALTA

Vanesa. 6

Año Nuevo pilló a Vanesa completamente descolocada. Como si alguien hubiera llenado su mundo de un vacío profundamente amargo. Un agujero sin fin.

Por primera vez en su vida no había salido a celebrar la noche de fin de año. Paula y Yoli la habían llamado, le habían pedido que las acompañara a una fiesta ochentera que celebraban unos compañeros de Sergio. Incluso la hermana de éste se presentó en su casa poco antes de las 11 de la noche para llevársela a rastras si era necesario. Pero fue en balde. Vane se escudó en la regla, “que me ha dado fortísimo este mes”, y viendo su estado, la amiga la creyó, pues ella incluso había tenido que guardar cama alguna vez por los dolores menstruales.

Cama, sofá, cama, sofá, fue su rutina los primeros tres días de año, pero mamá, preocupadísima por el estado de su hija, acabó por convertirse en insoportable. Así que huyó de casa. A media mañana, salió sin rumbo fijo y se encontró cerca del puerto. Decidió seguir caminando y llegar a la playa. El mar siempre le había gustado y mirarlo, pensó, la relajaría. Pero la playa, sin estar muy llena, la empeoró. Familias tomando el templado sol de enero a mediodía, niños corriendo y jugando por la arena, jubilados paseando por la orilla. Cuanto amor y felicidad. ¡Qué asco!

Cambió de tercio y le dio la espalda al mar. Callejeó por la Vila Olímpica. Ella nunca soñó con llegar a profesional del voleibol, pero ¿cómo habría sido?, pensó. Su deporte, tampoco eso le había salido bien.

Rodeó el zoo y llegó al Parque de la Ciutadella. Horror, más familias de vacaciones felices. Lo cruzó en las largas zancadas que su estatura le permitía para salir de allí lo antes posible. Hasta la Estación del Norte, donde había otro ambiente. Familias, parejas, grupos de jóvenes. Pero también había gente sola, esperando para tomar un autobús que los llevara a alguna parte. Leyó los paneles informativos. Girona-Figueres-Francia y de allí a varias ciudades galas hasta París. ¡Buf, qué lejos! Lleida-Zaragoza-Logroño hasta Bilbao o Santander o Coruña. ¡Demasiado frío! Tarragona-Valencia-Murcia hasta Algeciras, la puerta de África. Por qué no, pensó. Aunque estaba más lejos que las capitales francesas.

Miró su bolso, pero apenas llevaba dinero. Como mucho le serviría para recorrer 100 km. Rió para sí misma. De qué le serviría huir si lo que necesitaba era huir de su cabeza, de sus pensamientos.

Entonces lo vio. A Héctor Ayala. Sentado dos filas de bancos a su derecha, leyendo un libro muy grueso, de tapas blandas, acompañado de una pequeña maleta beige con ruedas. Un pañuelo verde claro anudado al cuello le daba un toque chic que le encantó. Lo estuvo mirando minutos, muchos minutos, hasta que el hombre se levantó. Acababan de anunciar un trayecto y se iba. Vanesa se puso en pie automáticamente, como queriendo despedirse de su amado, darle el último beso antes de la partida. Se apresuró para atraparlo antes de que la cola que se había formado para subir al autobús lo llevara al interior del vehículo.

Pero al llegar a su altura, se dio cuenta. No era él. Se le parecía. Bueno, tal vez no tanto. No, no se le parecía en nada. Dios, ¿por qué era tan duro? Volvió a sentarse y por un momento sus ojos se llenaros de lágrimas, pero las reprimió. Ya había llorado bastante.

Cuando intentaba acumular fuerzas para levantarse y volver a casa, alguien se sentó a su lado. La chica no se inmutó hasta que oyó que una voz de hombre se le dirigía. Le miró. Más de cuarenta años, ojos y cabello negros como el carbón, piel blanca como la leche y labios finos y mal dibujados, como si de un malvado personaje de comic de los que leía su hermano se tratara. Le dio grima. El desconocido le preguntaba cosas personales. Si estaba sola, si quería tomar algo, si quería que le mostrara rincones secretos de la ciudad.

No se dignó a contestarle. Se levantó y desapareció de aquel sórdido ambiente tan rápido como fue capaz. Para zambullirse en el depresivo vacío de su hogar.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s