TANATOS12

Capítulo 16

No es que las directrices de aquel hombre hubieran sido muy claras, pero no tenía mucha pérdida. En aquel pueblo uno no se podía perder ni queriendo. Una vez allí fue una grata sorpresa comprobar que el pub era normal, que podría tele transportarse a una ciudad y dar el pego. Había bastante gente para ser tan temprano, las luces estaban bajas y la música a un volumen agradable.

Pronto la conversación se encaminó hacia nuestro futuro. Habíamos pasado un pequeño bache en cuanto a hacer planes cuando había estado sin trabajo, pero en aquel momento los dos estábamos muy asentados profesionalmente, sobre todo ella, la cual me contaba que estaba habiendo una reestructuración en el despacho. “Corrimientos de tierras” le llamaba Amparo, y María esperaba progresar. No decía nada de Edu, de esa posible vacante, aunque, que yo supiera, Edu no estaba en un estatus superior al de María. Aunque no entendía muy bien cómo tenían aquello organizado y jerarquizado.

Su trabajo, el mío… Posibles destinos para viajar en enero… Hasta surgió la idea, aunque más bien salió a la luz, pues ambos la llevábamos masticando por dentro, de mudarnos a una casa más grande. Yo solo veía mi futuro con ella y me parecía latente que ella pensaba lo mismo, pero ese tema sí que eran palabras mayores, y, ni ella ni yo lo abordábamos, ni directamente ni a través de inocentes pullas, como sí veía en otras parejas de nuestro entorno.

Apoyados en la barra, yo de pie y ella sentada sobre un taburete, bebíamos de nuestros gin tonics y nos ilusionábamos con esos planes, cuando María revisó su móvil y, sonriendo, me lo dio a leer:

Álvaro cumple de prima: ¿Entonces nos vemos hoy?

—Caray… —dije, no sé por qué, algo sorprendido— Emm… —dudé— dile que lo estás pensando, pero que tienes otro candidato— Lo cierto era que también estaba extrañado porque el chico no le hubiera preguntado nunca por mí.

—¿Cómo le voy a poner eso?

—Venga, escríbeselo…

—Vamos a ir… al infierno… —sonreía María mientras le contestaba— Le estoy dando esperanzas… me siento mal.

—No exageres… —respondí mientras vi como su móvil se iluminaba. Leímos que había contestado:

“Seguro que lo pasarías mejor conmigo”.

—Vaya, vaya… —exclamé, cogiendo el móvil.

—¡Ey…! Venga, va… —decía María haciéndose la enfadada, pero no intentando realmente arrebatármelo— No le pongas una burrada, eh.

Me quedé pensando un instante, nos podíamos pasar media hora de tontería o saltármelo todo directamente. Así que finalmente escribí:

—No sé, no sé… a mí me gustan bien armados.

Se lo di a leer a María que explotó contenida:

—Pero bueno, ¿estás loco? Venga, trae. —dijo consiguiendo su teléfono y metiéndolo en su bolso.

—Perdona, María… me salió sin pensar…

—Ya… ya… —fingía un enfado que no se creía nadie mientras sorbía de la pajita.

—Que, por cierto, hablando de bien armados, nunca hemos hablado de… que no hemos profundizado en eso sobre chicos con los que hayas estado… antes de estar conmigo… —me lancé gracias a una segunda copa que entraba sola.

—Ya sabes que son pocos… muy muy pocos… —respondió con menos incomodidad de la que esperaba.

—Ya… ¿Y? ¿Cómo se portaban?

—Mmm… pues… si te digo la verdad… y… visto lo visto… no había tenido yo mucha suerte.

—Estamos hablando de… armamento… o de… cómo usaban las armas —intenté preguntar ingenioso.

—Bueno… primero que no estoy hablando de ti, ¿vale? Te hablo de eso… muy pocos anteriores… y… diré que… ni armas contundentes… ni estrategia militar… ni… no sé. Eso. —rió, encantadora.

—Vaya… pobrecilla… qué mala suerte has tenido…

—Ya ves…

Yo disfrutaba de aquel momento en el que María me confesaba claramente que tanto el miembro de Edu como lo que había vivido con él había sido algo que ella ni había estado cerca de vivir, casi como si nunca hubiera sabido siquiera que pudiera existir.

Yo la miraba. Ella me miraba. Sonreíamos. Quizás aquella locura nos había hecho intimar más… Quizás aquello no era malo… si no bueno… Me sentía bien, quizás otra vez por el alcohol.

—Mira a ver que te ha respondido, anda.

María rebuscó en su bolso. Efectivamente había respondido, estaba permanentemente en línea, había respondido con tres puntos suspensivos y un “sobre eso conmigo no ibas a tener problema”.

Mi novia y yo exclamamos a la vez, riéndonos de la autoestima del joven aprendiz de seductor.

—Míralo, qué chulito… —sonreía María, mirando la pantalla.

—Pues que lo demuestre. —dije— Pídele una foto.

—Bueno, Pablo, estás fatal. Era lo que me faltaba.

—Venga, pídesela.

—¿Pero cómo me va a mandar una foto si no nos conocemos de nada?

—Bueno, estos millenials es lo primero que hacen.

—Sí, Pablo, lo primero que hacen es mandar una foto de su… polla —rió.

—Vamos, pídesela, ¿qué perdemos? —usé la primera persona del plural para que fuera nuestro y ella se sintiera que estaba haciendo más una trastada conjunta que una petición personal.

María cogió aire. Dio un trago a su copa. Sonrió y negaba con la cabeza… pero ya se veía que lo iba a hacer. Efectivamente le escribió eso, mientras decía: “nos va a mandar a la mierda… y con razón…” Dejó el móvil sobre la barra. El tal Álvaro, permanentemente en línea, escribió en seguida:

“Dame un minuto”.

Nos miramos. Reímos. María repetía unos “dios mío” mientras bebía por no llevar los ojos más al móvil. Yo me imaginaba al chico, abandonando a sus amigos que bebían con él en su salón, para irse a su dormitorio o al cuarto de baño a empalmarse, sabe dios pensando en qué o viendo qué en su móvil… para mandarle la foto a María… y no sabía si reírme, sentirme mal o excitarme.

Leímos: “Álvaro cumple de prima ha enviado una foto” y cogí el teléfono rápidamente. María no hizo intento de detenerme. Yo era el encargado de ser el primero en verlo y, con mi semblante, dar el primer veredicto. Escuchaba a María decir: “Estoy flipando… no me lo puedo creer” mientras, ante mí, apareció un miembro, agarrado por su mano con fuerza… de unas dimensiones… más que respetables… sin ser lo de Edu, ni mucho menos, era cierto que el chaval iba bien armado. Con unas venas marcadas y un glande joven, liso, orgulloso y rosado… tenía un buen aparato, la verdad.

—Oye… pues…

—Dime —dijo María rápidamente, sin fingir indiferencia.

—Pues… no está mal, eh…

—¿En serio? ¿A ver? —hizo ella por recuperar su móvil.

—Oye, María… pues parece que te cambia la racha con el armamento de la gente —dije mientras ella miraba aquella foto, intentando que nadie más la viera, mirándola de cerca y tapándola un poco con la mano, encorvada hacia adelante.

María no decía nada. Y le pregunté.

—¿Te gusta?

—Mmmm…. Pues hasta es bonita y todo.

—¿Bonita? ¿Pueden ser bonitas?

—Pues sí… claro… —dijo achispada.

—Igual no es suya. No parece que sea sacada de internet a lo loco, pero igual es de un amigo o algo.

—Bueno, Pablo, no le vamos a pedir un book.

—No, pero dile que igual no es suya. ¿Qué te pone? —dije al ver que algo en su pantalla había variado.

—Dice que si me gusta.

—Pregúntale… dile que igual no es suya.

María acabó por hacerme caso y vi como le escribía eso.

—En serio, Pablo, toma, no quiero ni verlo. —me dijo dándome su móvil y diciéndome que se iba al baño. Mientras se iba le pregunté si quería otra copa y me dijo que sí.

Me quedé mirando para la pantalla. El chico tardaba. Revisé su foto, efectivamente la había sacado en el baño, de pie, se veían al fondo unas baldosas bastante cutres. Quizás tardaba porque había ido al salón y ahora tenía que volver al cuarto de baño. O quizás había caído en la cuenta de que María le estaba tomando el pelo.

Justo antes de que volviera María entró otra foto. El chico, indudablemente él, aunque su cara estaba parcialmente tapada por el móvil, le sacaba una foto a su espejo del cuarto de baño, mostrando no solo una polla bastante potente si no unos abdominales marcados y un torso completamente imberbe. El chico estaba delgado, un poco sin hacer, sin sacar cuerpo, demasiado espigado… parecía hasta demasiada polla para tan poca complexión.

—Toma, aquí tienes a tu pretendiente. —le dije a María, pasándole el móvil antes de que si quiera se llegara a sentar.

Ella de nuevo hacía su liturgia para examinar la foto con calma sin que nadie pudiera verla.

Tras casi unos veinte segundos mirando la foto se pronunció, fingiendo indiferencia:

—En fin… Lo voy a guardar ya… que esto… —dijo mientras vio como el chico volvía a escribir.

—¿Qué te dice? —pregunté.

—Pues… vuelve a preguntarme que qué me parece.

—Dile que las has visto mejores… Lo cual es cierto…

Se quedó callada. Sopesando qué hacer. Finalmente matizó:

—La verdad es que se merece un poco que le ponga eso, por flipado. —dijo María, aparentemente dispuesta a escribirlo

Efectivamente lo escribió. Bebió de su copa y dejó de nuevo el móvil sobre la barra. El chico respondió en seguida:

—¿Ah sí? ¿El chico con el que estabas el otro día?

—Vaya, existo… —pensé.

—Ahora me voy a vengar de ti.. —dijo María.

—¿De mí?

—Sí, de ti —respondió maliciosa, ocultándome lo que le escribía. Tras acabar me lo dio a leer riéndose:

—No, a ese le gusta mirar —le había escrito.

—Ostrás, María —respondí sorprendido y también haciéndome un poco el indignado, pero no me había molestado en absoluto

Si María había escrito aquello era inequívoco que la ginebra estaba diciendo “aquí estoy yo” en su cuerpo.

Álvaro respondió con un emoticono de una cara pensativa y unos puntos suspensivos, tras lo cual escribió: “¿Y eso?”.

—Te está bien —dijo ella llena de razón.

La pantalla se iluminaba otra vez.

—¿Y tú no mandas foto?

—Ya tardaba —dijo María.

—Ya, normal. ¿pregúntale que cómo la quiere?

—Bueno, sí, vamos, no le mando una foto pero ni de una uña. Es que vamos…

—Que ya… —la interrumpí— es solo para saber qué te pide.

—Venga. Ya. Se acabó el juego. —zanjó metiendo el móvil en el bolso.

Supe que no debía insistir, así que volvimos a hablar de cosas normales, por decirlo de alguna manera, y, a medida que bajaba mi copa de ginebra, empezaba a pensar si follaríamos aquella noche. La veía guapísima con aquella ropa, más inocente, menos mujer fatal, pero quizás más guapa. No recordaba la última vez que habíamos tenido sexo normal. Lo del jueves por la noche con ella casi sin enterarse o la semana anterior subiéndose sobre mi, usándome para quitarse el calentón, no podía contar.

Cada vez había más gente y hacía más calor. María acabó por quitarse el jersey y su camisa a rayas resultó no ser tan inofensiva como su casto jersey granate. No pude evitar comenzar a besarla con ternura mientras hablábamos. Yo estaba realmente muy cachondo. Tras semanas de oscuridad, en las últimas horas había sido bombardeado con su confesión de lo vivido con Edu… su exhibicionismo involuntario delante de todo un bar… los gemidos de una desconocida vecina… y ahora un vacile inocente, pero que había desembocado en descubrir el cuerpo y el miembro de un cortejador de María.

Ella respondía a mis besos con más humedad… Su lengua tenía vida propia, mostrando, aparentemente, una reciprocidad en nuestra excitación.

Mi mano acabó acariciando su escote, sabía que eso la encendía. Y, durante un beso especialmente tórrido, una de mis manos aterrizó sobre su camisa, a la altura de uno de sus potentes pechos, y apreté con un poco de fuerza, haciendo que María aun incrementara más la lujuria de sus labios y su lengua.

Tras besarnos con aquella rudeza me aparté un poco. María me miraba con la mirada encendida.

Me acerqué otra vez. Y le susurré al oído:

—Sabes que ese chico te va a buscar como un loco toda la noche, ¿no?

—Mmm… ¿tú crees?

Besé su mejilla y bajé un poco a su cuello. Subí después para lamer su lóbulo de la oreja mientras mi mano acariciaba de nuevo su escote y se colaba más abajo.

—Cree que te va a ver… y… cree que… te vas a resistir un poco… cree que te convencerá de ir a un par de sitios más… pero piensa realmente que te va a acabar follando…

—Mmm… ¿sí…? ¿piensa eso…? ¿que puede… follarme…? —ronroneaba María en mi oído, con sus manos en mi cintura. Dejándose hacer.

—Claro que lo piensa… ¿qué piensas tú…? —le dije comenzando a desabrocharle un botón de la camisa, temiendo que María me lo impidiese.

—Yo creo que no… que no puede… que es un crío…

—Pero tiene una buena polla… —le susurré echándome un poco hacia atrás, contemplando como la imagen de su escote había cambiado completamente, se veía el encaje de su sujetador negro claramente y sus pechos ocupando las copas con desconsideración.

María, sabiendo que su escote era un tremendo exceso, cogió su copa de la barra y bebió lentamente. Con un orgullo de su cuerpo, por fin, que me dejaba sin aire.

Me acerqué de nuevo y las yemas de mis dedos tenían un amplísimo escote para circular…

—Si Álvaro te viera así…

—¿Qué…? —preguntó besándome.

—Si te ve así se muere… se haría una paja tremenda…

—Mmm…. Que se la haga… —de nuevo me ronroneaba en el oído.

—¿Sabes quién se va a hacer también esta noche una paja pensando en ti?

—¿Quién…?

—Un chico que estaba en la cena hoy.

—Mmmm… sí… ya lo he visto

—¿Sí? ¿Te has fijado? —pregunté sorprendido.

—Sí… no dejaba de mirarme…

—Hay mucho niño mirón últimamente —dije llevando mis dedos a desabrocharle otro botón más… No podía creerme que María me lo permitiera… Pasmado y tembloroso alucinaba con que me dejara hacer… Y, entonces, desde mi posición, pude ver su sujetador casi entero; mi mirada se podría colar hasta ver hasta su ombligo si quisiera… Y lo hacía, vaya si lo hacía, mientras acariciaba su cuello y estiraba su labio inferior con mis besos.

—Mmm… qué me haces… —preguntó ella, implicada. Y yo no sabía qué porcentaje de mi éxito era estrictamente por mí y cuanto por nuestro juego.

—¿Tú qué crees?

María se puso de pie. Nuestras caras se juntaron. Juntó un poco su camisa y me rodeó con sus brazos para que solo yo pudiera ver un escote que ocupaba más de la mitad de su torso. Nos besamos de forma sucia, sentía que María disfrutaba de que allí no nos conociese nadie. Y acabó por decirme al oído:

—¿Quieres usar… eso?

—¿El qué?

—Lo que has comprado hoy…

—Mmm… sí… —respondí

Colé mi mano bajo su camisa… repté hacia arriba, por su vientre, y alcancé su sujetador… lo acaricié… la besé en los labios que estaban fríos y húmedos… y me lancé:

—¿Y quién quieres que sea? ¿Quién quieres que sea con eso puesto?

—Pues…

—Dime.

—Álvaro. Le damos una oportunidad… a ver… cómo se porta.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s