XAVI ALTA

Verónica. 5

Siempre consideró que su familia era atípica, o al menos, que no era como a ella le hubiera gustado que fuera. Posiblemente por ello, sus tres amigas también eran su familia. Una familia con la que mantenía unos lazos emocionales, a menudo, más estrechos que con sus padres.

Vero lo sentía así. De otro modo, no se habría metido en aquel coche dos días antes de Fin de Año, ni se habría dejado meter mano por un tío que siendo guapo no le pareció nada del otro mundo y mucho menos, se hubiera dejado follar por él en el asiento trasero de su coche, por más que se tratara de un Audi A3.

Seguramente el tío creyó estar pegando uno de los mejores polvos de su vida, atendiendo al monumento de piba a la que se estaba beneficiando y a que la tenía en cuatro dándole tanta caña como podía.

Vero, en cambio, tenía otra óptica completamente distinta. Estaba allí haciéndole un favor a su amiga Vanesa, como dando ejemplo, así que se dejó hacer poniendo lo justo de su parte. Cuando el tío se sacó la polla y le pidió que se la chupara, se negó, “eso no lo hago”, mintió. A cambio, prefirió darse la vuelta y decirle que esa era su postura favorita, “como una perra”, acompañada de la mirada más sucia que fue capaz de mostrar. Tal como ella esperaba que sucediera, el chaval se la endiñó a toda pastilla, súper excitado, soltando tantas guarradas e insultos como se le ocurrieron, lo que provocó que el pobre idiota llegara al orgasmo en pocos minutos. ¡Joder, qué simples son los hombres y qué fácil es llevarlos por la senda que una quiere!

París en Fin de Año le pareció una ciudad aún menos romántica de lo que le había parecido la primera vez que la visitó. No se lo confesó a Marianne, que evidentemente pensaba lo contrario, pero ese adjetivo no era el primero que le venía a la cabeza cuando se dejaba llevar por sus calles, visitando museos o monumentos, disfrutando de su gastronomía, aspirando su amplia variedad de olores. Imperial la definiría mejor. Orgullosa de sí misma también se ajustaba a su sensación. Aunque en algunos barrios, su mirada escrutadora vio una capital decadente, despojos de un gran imperio.

Aunque Marianne había nacido en Barcelona la familia de su madre era originaria de una pequeña ciudad al oeste de París llamada Saint Cyr L’Ecole. Muy cercana a Versailles, se trataba de un pueblo grande aún tranquilo que alberga una gran academia militar y un pequeño aeródromo como centros de interés más importantes.

La familia política, con la que compartieron la verbena, era muy amable e hizo lo imposible para que se sintieran en casa. De allí, cuatro días en París los tres solos mientras las dos jóvenes mujeres pedían y pedían y papá pagaba y pagaba.

Agradeció que su padre hubiera reservado una habitación individual para ella sola. No quería sentirse carabina por las noches y necesitaba mantener un espacio vital, propio, en el que desconectar de tanta familia.

Aquellas vacaciones a orillas del Sena sirvieron para que Vero confirmara unos cuantos hechos. Por un lado, que su madrastra seguía locamente enamorada de su padre. Nada parecía haber cambiado entre ellos después de casi tres años de relación.

En segundo lugar, su padre parecía tener suficiente con Marianne. No lo descubrió ni una sola vez mirando a otras mujeres, ni que fuera de reojo. Pero conociéndolo, no sabía si se debía a que realmente había encontrado una mujer con la que compartir el resto de sus días o que el hombre estaba actuando espléndidamente para evitarse broncas con su hija. Aunque también cabía la posibilidad de que se estuviera haciendo viejo.

Otro tema que confirmó aquella semana fueron sus desmedidas necesidades de volar sola. La semana de Navidad, en casa, había sido tranquila pues Juan Carlos tenía a mamá entretenida y Vanesa no era una carga. Pero, ¿cómo habría sido la semana en París si hubiera ido sola? Apasionante, intensa, excitante, loca. Plena.

Sólo necesitaba a papá para pagarle los caprichos y para eso no hacía falta que la acompañara. Bastaba con una tarjeta de plástico con la banda magnética activada.

Un comentario sobre “Mundo universitario (5. Verónica)

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