ANNE KAYVE

Tapo mi cara con ambas manos y me recargo en la pared para no perder el equilibrio. Luego, despacio, me dejo caer al piso. Las emociones, en estos momentos, están gobernándome totalmente y no sé cómo hacer que se vayan. En el fondo, sé que ya todo ha acabado y que nada de lo que haga podrá arreglarlo.
¿Por qué mi corazón se esfuerza tanto por idealizar a las personas de mi pasado y se ciega al observar a las que están en mi presente? Tal parece que es una maldición, la cual me ha obligado por años a añorar todo aquello que se ha ido y a despreciar lo que tengo.
Es como si me encantara estar con fantasmas. Hablar con ellos, reír con ellos, llorar con ellos, e incluso, bailar con ellos. Como si fueran una ectoplasta de lo que no puedo librarme, la cual se aferra a mi ser para hacerme creer que todo lo de antes fue mejor que lo que se encuentra ante mi, pero ¿cómo hacer para librarme de ella?
Trato de respirar profundo para tranquilizarme pero fallo. El llanto no para de caer por mis mejillas así que lo dejo fluir. De repente, siento las manos de alguien parándome y
cubriéndome con sus brazos. No sé quién es pero lo dejó hacerlo ya que es lo único que
necesito en estos amargos minutos.
Algo me dice que aleje a esta persona y que le diga que soy peligrosa, que sólo lograré romper su corazón pero me quedo callada pues otra parte de mí sabe que la paranoia de mi interior debe parar de pensar que le fallaré a cualquiera que se acerque. A los pocos segundos, me percató que en realidad, es una chica la que está abrazándome.
De repente, me besa la cabeza y me susurra al oído que todo estará bien, que juntas podremos salir de esto y que la ectoplasta se marchará, esta vez, para siempre y que, como consecuencia de ello, yo no volveré a lastimar a nadie más que me quiera si es que trabajo en ahuyentarla día con día.
Cuando me siento preparada, la suelto y me alejo para poder ver su cara. Ahí es donde me doy cuenta que la chica que está enfrente de mí, en realidad soy yo, justo la persona a quien he dejado de prestar atención por estar pensando en otras cosas y que, sin embargo, siempre ha estado ahí.
-Anne, todo lo que has vivido y sentido es real. Sin embargo, debes dejar ir aquello que no te deja disfrutar lo que hay en estos momentos. Juntas podremos pero sólo si estás dispuesta… Dime, ¿lo estás?
Me limpió las lágrimas con la manga de mi sudadera y me tiende la mano. Se la agarro y nos vamos juntas, como recordatorio de que debo seguir adelante a pesar de mis sentimientos, de todo lo que he hecho mal y de esta maldita ectoplasta que es parte de mi.

https://paraisosuicida.wordpress.com/

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