MENTE LOCA

¡Sonríe en exceso! Ella está sentada sobre la cama, su posición es de quien busca el zen mediante la meditación. Su cabello lleno de rizos está atrapado, el moño alto que lo contiene está un poco desaliñado, pero cumple su cometido en una madrugada del séptimo día.

Yo, frente a ella, la observaba detenidamente mientras inclinaba su cabeza de un lado a otro tomando una decisión. Previamente le había confesado que deseaba recorrer con mi lengua la feminidad que lleva entre sus piernas… ella no sabía que mi mente ya tenía una ruta planeada: tomaría la almohada blanca que estaba a su espalda, la colocaría en el piso, lentamente me inclinaría al borde la cama hasta arrodillarme para llevar mis dedos al límite de su pantaloncillo de pijama. Con suerte su gracia le pediría buscar la postura ideal para mirar, comodidad, mayor placer o simplemente repetir en varias ocasiones “esto no es apropiado”. Mientras yo a la distancia percibía el aroma de su incertidumbre y mantenía las ganas de degustar la humedad que podría comenzar a invadirla, sin ella percatarse cómo el morbo se combinaba con el alcohol y mí virilidad de alguna forma pasaba a un segundo plano.

Antes de terminar las ideas dentro de mi cabeza, intercambiamos algunas palabras, según yo planteando con seguridad mi forma de abordar la situación, pero ¿conocen personas con grandes poderes de persuasión?, pues ella es una de esas… supo borrar de mi mente la explicita intención, y lanzó una propuesta.

Se levantó de la cama, miró la hora en su teléfono inteligente, llegó frente a mí… dirigió su mano derecha a mi rostro y sin anunciarlo… comenzó a besarme suavemente, mientras cumplía mis acuerdos: se sentó transversal sobre mis piernas, sus brazos se apoyaron alrededor de mi cuello y me besaba sin detenerse.

Debo confesar que disfruté de sobremanera sus besos. Tal vez me excedí en mi forma de tocarla, la cual de ninguna forma termina en recato, varias veces me solicitó detenerme… en una injusticia extraña y de la cual, no soy digno de hablar. Mis manos pueden manifestar sobre un viaje de deseo, por su posición sobre mí… dejaba al descubierto cómo iba desde su muslo hasta estrujar sus nalgas, mientras terminaba delineando donde todo el conjunto ocultaba aquello que no me había dejado experimentar con mi lengua, ¡exhalo!, porque en varios momentos más subía hasta sus senos y combinando sus solicitudes de morder sus labios, me lamentaba en esos instantes no haber agregado a mis peticiones tenerla sin su pijama…

En estos momentos, me gustaría acotar que la humedad de aquello que está entre sus piernas y tanto deseo, probablemente no se compare con sus labios y la forma en cómo los utilizó con los míos. ¡Los besos son una trinchera para el morbo!, en mi caso… por eso los evito.

https://escritosdeunamenteloca.wordpress.com/

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