XAVI ALTA

Vanesa. 5

Solamente había una cosa que sentía haber hecho bien respecto a su encuentro con Ayala. No comentar nada con sus amigas.

Paula habría puesto el grito en el cielo y le habría recriminado su falta de madurez. Yoli habría considerado que estaba rematadamente loca por querer “liarse con un viejo”. Vero la habría llamado tonta por enamorarse, con el agravante de hacerlo de un profesor.

Así que no tenía con quien sincerarse, buscando un consuelo que esperaba que la ayudara a pasar el mal trago, que levantara su ánimo y le diera razones para seguir caminando.

Tampoco podía explicárselo a su hermano. Aunque con él tenía una buena relación, le daba vergüenza y sabía que acabaría por juzgarla. No lo haría con mala intención, pero sería así, seguro.

Así que cruzó el desierto sola. Deambuló por la facultad durante la última semana del trimestre, saltándose todas las clases que le parecieron prescindibles, que fueron muchas.

No le apetecía salir por ahí por lo que se recluyó en su mundo. Sus amigas la convocaron a salidas, fiestas e incluso juegos. Pero no hubo manera. Por primera vez en tres años faltó a la Fiesta de Navidad que organizaban los estudiantes de la Facultad de Arquitectura y que cada año se superaba.

Vero fue la única que se dio cuenta de cuál era el problema de su amiga, pero no se lo dijo. Simplemente le ofreció un hombro en el que apoyarse. Nunca  entendería como una tía podía dejarse arrastrar por los suelos por un hombre, pero tenía muy cerca el ejemplo de su madre, así que tampoco quiso juzgarla.

Vero pasaría las vacaciones de Fin de Año a Reyes en París, con su padre y Marianne, y tan sólo tendría la semana de Navidad para pasar con ella. Al principio Vane la rechazó, prefería estar sola, pero acabó sucumbiendo a los encantos de su amiga que antes de acabar la semana logró meterla en un local de moda que hacía poco que habían inaugurado en la zona del Puerto y en el que le habían dicho que los camareros estaban bastante buenos. Las camareras también lo estaban, pero a ella eso no le importó. Vero directamente las ninguneó.

Aquella noche Vanesa siguió la máxima “un clavo quita a otro clavo” y, persuadida por su amiga, se tiró a un chaval que no estaba mal. No, para ceñirnos más a la realidad, se dejó follar por un tío que no estaba mal.

De lo que Vanesa no se dio ni cuenta es que Vero tonteó con todos los chicos que les entraron, hasta que aparecieron los dos que respondían al perfil de estamos lo suficientemente buenos, os podemos invitar a cuantas copas deseéis y tenemos un buen coche cerca, pues ella también pensaba acabar la noche acompañada.

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