JUANA APARICIO

No puedo enviarte el sonido del viento de los árboles;

solo puedo indicarte que es un velo blanco enredándose en el aire.

Tampoco te puedo llevar el olor a miel de los almendros en flor,

pero no sé cómo al respirarlo te inhalo como si fueras el aroma de las hadas en invierno.

Se me entremezclan los recuerdos y las sensaciones igual que juguetes en el desván,

y tú te me acercas con la misma nostalgia de luz que tienen las estrellas.

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