TANATOS12

Capítulo 11

La lluvia golpeaba los cristales con tanta fuerza que seguramente era ya más granizo que lluvia. Los relámpagos aumentaban en frecuencia y los truenos creaban una banda sonora ruda e imponente. La luz de la lámpara ya parpadeaba de vez en cuando, augurando que pudiera llegar a ser vencida por la tormenta.

Mi imaginación, al volar, había hecho que toda la punta de mi miembro estuviera tremendamente impregnada y manchara mi calzoncillo, pero no lo liberé, no liberé mi miembro ante María, y quería que me contara todo cuanto antes.

—Te estoy imaginando allí sentada, masturbándote… —le susurré en el oído.

—¿Sí? —dijo en voz baja.

—Sí… y ahora cuéntame… —le dije abandonándola con un pequeño beso en el cuello. A su lado, comencé a acariciar sus muslos y me dispuse a escuchar.

—Pues… a ver… te fuiste… Te fuiste y estábamos, bueno, él estaba detrás de mi. Me estaba… eso…—sonrió nerviosa.

Supe al empezar a escucharla que le iba a costar utilizar las contundentes palabras que aquello merecía. Prosiguió:

—Estábamos así, contra la mesa, y te fuiste. Estuvimos un rato más así… él… él me… follaba…

Sentí en aquel momento como de mi polla salía una gota y mi corazón respondía alterándose.

—Me… me follaba fuerte… la verdad… y… bueno, pues… se acabó por… Él se salió digamos.

—Él se salió de ti y te quedaste como estabas, contra la mesa…

—Sí… bueno. Él se salió sin avisar, sí, creo, y entonces me di la vuelta. Me di la vuelta y… él me besó… Nos besamos. Y… supongo que se la agarré mientras… nos besábamos…

—Os besabais frente a frente y tú se la… cogiste… —recapitulé mientras acariciaba sus muslos.

—Sí… y… estaba… la tenía… enorme… y mojada… casi no me cerraba la mano, yo creo que no me cerraba la mano…

María no sabía qué hacer con las manos mientras me contaba, y yo comencé a subir la mía hasta llegar a sus bragas. Allí comencé a acariciar su coño sobre la húmeda tela negra…

—Y… qué más… pues… él me acariciaba las tetas… me besaba el escote y me acariciaba las tetas y después… me las besó… y… bueno, lo que hacía era que me apretaba una… y mientras me besaba la otra. Era raro, porque me apretaba con fuerza una mientras la otra la besaba… así, sutilmente… y me dijo… me dijo algo guarro… no sé… algo como… “qué tetas tienes” o… “qué tetazas tienes” o… “a dónde vas con estas… tetas” o algo así… Y yo estaba… estaba caliente, claro… pero me daba vergüenza… no me podía creer que Edu me estuviera comiendo las tetas… y yo agarrando… agarrándole la polla… y es que…me acababa de follar… Es que ahí fue cuando pude pensar un poco…

—Y… ¿pensaste en pararle? —pregunté mientras mis dedos ya notaban nítidamente sus dos labios, enormes, queriendo desbordar sus exigidas bragas.

—No…

—¿Y… te hacía daño… al apretártelas?

—No… Uff… tócame por debajo… anda —me pidió María, pero yo no se lo cumplí, aun.

—Venga… sigue.

—Pues… es que después fue… Me… Se apartó, creo, y me miró. Y me dijo que me diera la vuelta otra vez. Que me… pusiera otra vez contra la mesa.

—Y lo hiciste…

—Sí… y… bueno, yo claro, pensé que… bueno que… me iba a follar otra vez… Pero el caso es que, claro, yo estaba mirando hacia adelante, esperándole… y él me dijo que… que me tocara, me dijo que me metiera los dedos, o que me tocara, no sé. Ufff… es que… a ver, entiende que… la situación, Pablo.… —susurraba ella como si me fuera a parecer mal su manifiesta claudicación.

—Ya, María, está claro, cuéntame bien —le dije mientras tiraba un poco de sus bragas hacia arriba para que estas apretasen su coño.

—Uf… Pablo… Mmm… —respondió, cerrando los ojos, demostrándome que le estaba gustando lo que le hacía.

—Qué te mandó hacer, dime. —insistí.

—Me dijo que… que me metiera los dedos… y los chupara… Joder… fue súper guarro… me tuvo allí metiendo mis dedos y después chupándolos, como… no sé…

—Madre mía… —dije sin querer.

—Y nada, eso… me decía “chupa tu coño…” o “saben a tu coño” no sé, una guarrada así…

—Joder, María…

—Ya… es que era… súper humillante, pero a la vez… Y bueno, eso.

—¿Y los chupabas mirando hacia adelante o para él?

—Miraba para él.

—Joder, ¿y él qué hacía?

—Nada… me miraba y después me dijo que abriera mi coño para él o algo así… y… eso, separé pues las piernas y después… los labios… para que mirase, no sé. Se que me puso mucho, Pablo… —dijo en mi oído, antes de morder mi cuello y llegar a hacerme un poco de daño.

Me aparté un poco, me puse frente a ella y la besé, con calma. Besé su escote y después sus tetas sobre su camisa y vi alguna mancha extraña, alguna zona más rugosa en la seda. Fui lentamente desabrochándole los botones… y comencé a bajar sus bragas hasta que estas se quedaron a la altura de la mitad de sus muslos. Al bajarlas las noté muy mojadas… muy muy mojadas… de una manera tremenda.

—Sigue… —le dije en un susurro en sus labios. Sentí que al haber liberado su coño este nos envolvía con su olor.

Con aquel aroma a su sexo, con la camisa abierta y sus bragas medio bajadas, con los ojos llorosos, ardiendo, prosiguió.

—Después me… dijo que me diera la vuelta o me di la vuelta… creo que nos besamos y me susurró que… que me arrodillara… No sé si me dijo arrodíllate, o cómo lo dijo, pero sé que me estaba pidiendo algo así.

—Y lo hiciste…

—Sí…

—Joder, María…

En ese momento no pude más y comencé a acariciar su coño, por fuera, jugueteando con su vello recortado que era, en la zona más intima, una masa húmeda y viscosa…

—Y, joder, Pablo… no puedo más.

—Sigue, venga…

—Pues me… no sé como hizo que me puso, o al menos me vi chupándole los… huevos… Recuerdo que al principio le chupé los huevos… Madre mía…

Yo la dejé seguir, no quise cubrir ya sus silencios con preguntas o insistencias. Comencé a introducir mi dedo corazón en su interior. Las paredes de su coño casi ni las sentía de lo abierta que estaba. María gimió, se agarró a la mesa y continuó:

—Le… lamía los huevos… eran… como muy pesados, como con una bolsa muy grande, los tuyos son más ásperos, más pegados, más… retraídos… y él me miraba. Joder, es que… una cara de chulo mientras se lo hacía… dejaba caer su polla enorme y dura por mi cara mientras me tenía comiéndole los… joder, los huevos… y yo seguía allí… y la verdad… es que en aquel momento yo… quería… quería chupársela… o sea… es que no podía más… Me puso tanto… Está, joder… está tan bueno… —confesó María, con los ojos cerrados mientras yo ya introducía dos dedos en su interior. Con mi otra mano apartaba su camisa a ambos lados de sus tetas que lucían colosales, brutales, más anchas que su torso, con las areolas enormes y rosadas y los pezones erectos como nunca— Y… después… me dijo que… que le rodeara la polla con mis tetas o algo así… Sí, creo que se sentó y me dijo, no sé que dijo, pero quería que le masturbara con las tetas… y joder, lo hice. Él recostado sobre la cama y yo de rodillas a los pies de la cama… haciéndoselo…

—Joder, María —dije en su oído. Estaba a punto de correrme sin siquiera tocarme. Saqué los dedos de su interior, me aparté, y busqué en la mesilla nuestra polla de plástico. María no dijo absolutamente nada. Esperó a que la cogiese y a que me acercase otra vez.

—¿Quieres que me de la vuelta? —preguntó María.

—No… es igual —le dije, pues quería ver su cara, quería ver su cara al meterse aquello y recordar a Edu.

Me pegué a ella. Nos besamos de forma salvaje… y en aquel momento, y tras un trueno, la lámpara dijo basta y nos quedamos únicamente iluminados por la luz de la ciudad y la tormenta. No dijimos nada. Nuestro beso continuó, mientras, yo abajo maniobraba para introducirle aquella polla que representaba y siempre había representado la polla de Edu. María gimió, gimió en mi boca, durante mi beso, al sentir la punta de aquel objeto color carne abriéndose paso en su interior. Pronto comencé a deslizar con suavidad aquello dentro de ella. Me retiré un poco y la miré. Le saltaban las lágrimas del morbo y de la excitación, flexionaba un poco sus piernas y acogía con entereza aquel tremendo aparato. Su respiración era agitada pero no gemía… suspiraba alterada… y le pedí que siguiera.

—Mmm…¡dios…! —susurraba ella… cerrando los ojos.

—Sigue… María… sigue contándome —le insistía, alucinando cómo su coño abrazaba todo aquello.

Una vez comenzó a asimilar lo que la invadía consiguió proseguir:

—Mmm… ahmmm… le… le estuve masturbando así… con mis tetas… un rato… y… después… ¡mmm…! después sí que recuerdo que me ordenó que se la chupara…. Se puso de pie y yo me mantuve de rodillas… Joder… no sé, creo, supongo, que le besé la punta, era enorme, solo la punta, estaba durísima y, era enorme… se lo lamí… el glande, como pude… era… muy ancho y además de un color oscurísimo, como violeta oscuro… y eso, le lamí el tronco… todo antes de… chupársela…

María relatando aquello mientras el consolador se deslizaba por su interior hasta meterla casi entera… era increíble… Yo no podía más… Me temblaban las manos, apenas podía contenerme ya en pie, me fallaban las piernas…

—… Y bueno, él me dijo… fue él quién al final me dijo algo así como “métela en la boca”…

En aquel momento no pude más… Me retiré un poco y María mostró más entereza que yo y se hizo con la polla de plástico. Me senté en la cama. Mareado. Muerto de morbo. De celos. De dolor… Me la imaginaba de rodillas chupándosela y tenía tantos sentimientos que creía que iba a explotar… María, en silencio, siguió haciendo lo que yo hacía, metiéndose aquello lentamente, con una mano se separaba bien los labios y con la otra se introducía todo aquello, con las piernas un poco flexionadas, frente a mí.

Yo la miraba… alucinado. Un poco inclinada hacia adelante, con la camisa abierta, sus tetas caían enormes hacia adelante sobre su abdomen, su coño hinchado, acogiendo, envolviendo, casi absorbiendo aquel pedazo de plástico, su pelo en su cara… acalorada, sudando, ardiente… me quité el calzoncillo, temblando… y le pedí que siguiera…

—¡Mmmm! —gimió María, con los ojos cerrados. Llevó una de sus manos a su clítoris mientras con la otra se metía aquello. Las tetas se le juntaban al juntar sus brazos…

—¡Mmm…! y… joder… se… se la chupé… se la chupé a ese… cabrón… No… me cabía casi ni la mitad en la boca… no era capaz de chupársela bien por lo gorda que la tiene… y… le miraba, de rodillas le miraba y él, de pie, miraba hacia abajo, me ponía la mano en la cara y… me dijo que llevara mis manos a la espalda… ¡Uf…! ¡dios…! cómo me puso… y… así… me… pues él comenzó a moverse adelante y hacia atrás… como si me follara la boca… muy rápido… yo intentaba mantener los ojos abiertos y él me follaba la boca y me dijo que se iba a correr… pero que no me lo tragara, que lo dejara caer… ¡dios…! yo quería que se corriera, en mi boca o donde quisiera… lo odiaba porque es un cabrón, y un cerdo… pero… ¡dios…! y ufff… si escucharas su gemido… cuando… cuando se corrió en mi boca… es que se paró en seco y comenzó a gemir y a correrse en mi boca… joder Pablo… no podía creerme lo que soltaba… no paraba de correrse y me caía semen y saliva por los labios sin parar… estuvo como veinte segundos corriéndose, te lo juro… y caía su semen, que era súper caliente… cayendo por mi barbilla mi cuello, y me tuve que apartar… y aun siguió corriéndose, manchándome las tetas… y mi camisa… te juro que no me lo podía creer… es un… es un animal…

—Dios… no puedo más… —dijo para sí misma, desbordada… al límite del orgasmo.

—No te corras aun… María… —le pedí…

—¡Dios! No puedo… ¡No puedo más! ¡me corro! Pablo… —dijo echando su cabeza hacia atrás — ¡Dios… me corro, joder…! ¡¡Mmm… ahhhmmm!! —comenzó a gritar, desvergonzada, frotándose frenéticamente, con las piernas flexionadas, temblando todo su cuerpo… creí que se desmayaba… y seguía gimiendo y gritando mientras sus tetas bailaban, todos sus músculos se contraían… y resoplaba del gusto al ir acabando su orgasmo.

Se quedó exhausta. Paralizada. Bajó su cabeza. Toda su melena se le pegaba a la cara. Retiró después aquello de su interior que salía brillante, impregnado por aquella corrida bestial.

Me acerqué a ella y se incorporó un poco. Me abrazó, o más bien se colgó de mí. Me besó, con los ojos cerrados, extenuada.

—Dios… —alcanzó a decir, casi riéndose.

—Ya veo…

—Qué… bueno… dios… —confesó.

—¿Qué tal estás? —pregunté.

—Bien… bien… Quiero… quiero acabar de contarte. —dijo con la respiración aun bastante agitada.

—¿Seguro?

—Sí, sí… seguro… Uf… —dijo apartándose de mi. Vi que sus bragas estaban en el suelo, ni me había dado cuenta de cuando habían pasado de sus muslos a allí.

Me senté en la cama y María posó la polla de plástico sobre la cómoda, se arregló un poco el pelo, colocando toda su melena a un lado de su cabeza, y se arrodilló frente a mí.

Mi polla apuntaba al techo. Totalmente mojada por líquido pre seminal. María dijo aun afectada por su orgasmo:

—¿Cómo estás?

—Bien… ¿Cómo estás tú? —le pregunté.

—¿Quieres que siga ya?

—Si puedes… —dije aun sorprendido.

—Sí que puedo…

Se hizo un silencio. Dejé que ella retomara por donde quisiera.

—Por donde iba…

María se cerraba un poco la camisa y posaba sus manos en mis muslos…

—Pues… eso… se corrió como… un animal.

—¿Sí? ¿Para tanto fue?

—No te lo imaginas, Pablo…

—Y venía de follarse a otra… —dije.

—Ya…

—Digo que no sé que le echaría a ella.

—Ya… ya… bueno… pues… eso… Imagínate… me dejó bien bañada… empapada. Todo mi cuerpo por delante, de cintura para arriba estaba empapado, mi boca, mi barbilla, la camisa para tirar… la he llevado a la tintorería… no veas qué vergüenza, Pablo… —decía arrodillada frente a mi, aun acariciándome los muslos.

—¿Vergüenza por qué?

—Porque la seda y el semen no son buenos amigos… y no sale… Y hasta tienen un nombre, vamos, que las chicas de la tintorería sabían de qué era eso… En fin… Después… él se sentó en la cama…

—O sea que estabais más o menos como estamos ahora.

—Sí… y yo me iba a limpiar y me dijo que no, o me pidió que no. Me dijo otra vez, como al principio, como cuando aun estabas tú, me dijo que me tocara… Él recostado mirando como yo me tocaba… para él… Es verdad. Fue eso después. Allí, de rodillas, totalmente bañada y manchada por él, masturbándome… Me dio tanta vergüenza que cerré los ojos… no le quería ni mirar… recuerdo notar su semen resbalando hacia abajo por todo mi cuerpo y su voz diciendo algo así como “eso es…”, “joder… eso es…”

Me imaginaba a María arrodillada ante Edu, con la camisa abierta y resbalándome semen por su cuello y sus tetas… con los ojos cerrados… y creí morirme… Mi polla estaba erguida y durísima mientras María me contaba y acariciaba mis piernas… Piernas que pronto fueron abandonadas y no para calmarme a mí, si no para calmarse ella. Llevó una de sus manos a su entrepierna y comenzó a acariciarse mientras me contaba, representando lo que contaba.

—Y… mmm…. —Gimió un poco al notar su mano de nuevo frotando allí abajo— Después… abrí los ojos después de un rato tocándome y él ya la tenía bastante dura otra vez. Porque cuando la sacó de mi boca… la tenía… en seguida la tenia hacia abajo, como que seguía grande pero hacia abajo, igual al ser tan grande… como que al correrse se le baja más rápido o eso da la sensación no sé… Bueno y… me… guió, si se puede decir así, con su mano guió mi cabeza. O sea que se incorporó un poco y me hizo que se la chupase… otra vez… y así me tuvo un rato, chupándosela, mientras yo me tocaba… Joder… parecen muchas cosas… pero creo que todo eso no pasó en tanto tiempo…

—Él sentado y tú arrodillada se la chupabas mientas tú te tocabas… —dije fascinado… asimilando todo aquello.

—Sí… me dijo… me decía de todo… no me acuerdo.

—¿Qué? ¿Cómo que?

—Pues… cosas como… cómemela… y… chúpamela hasta que se me ponga dura otra vez. Cosas así.

—Y te ponía…

—Si… —susurró ella, masturbándose un poco más deprisa.

—¿Y qué más?

—Mmm… ¡ahhmmm! —gimió sintiendo aquel aumento de intensidad entre sus piernas— Pues… me acabó diciendo que me subiera a la cama. Yo me iba a tumbar boca arriba y él se iba a acercar…

Se quedó callada… con los ojos cerrados. Masturbándose… Un pequeño silencio que le servia para disfrutar de su propio cuerpo y a la vez para recordar. Abrió de nuevo los ojos, un poco… Iluminada por la luz grisácea de la ciudad su imagen era impactante, allí, frotándose el coño, arrodillada. Continuó:

—Y… y veía que él se iba a… no sé, me intimidaba,… no quería… no quería él encima, no quería en misionero, ¿sabes? Lo veía como que me impresionaba demasiado, era como muy intimo tenerlo tan cerca, aunque lo acabáramos haciendo así… El caso es que me di la vuelta, me puse sobre la cama, de espaldas a él, y… me dijo si así… si así me gustaba más… y no le dije nada… y me dijo “está bien… te voy a follar así… a cuatro patas…” A mí me corría su semen calentísimo aun… que yo creo que hasta goteaba en la cama… y… joder… estaba tan cachonda… olía tanto su… semen… aun tenia su sabor en la boca… y… estaba allí esperando… esperando a que me follara otra vez… Y joder… ¡¡mmm…!! ¡¡dios!! …Pablo… estoy a punto otra vez… —decía de nuevo echando su cabeza hacia atrás— ¡¡dioos…!! … y… ¡mmm…! joder, no puedo más, no te puedo contar más…. Me… joder, me folló… me folló otra vez…. Me la metió con bastante facilidad… me dijo que estaba muy abierta o algo así… y me… me gustó que me lo dijera… joder… y me estuvo follando así un rato, primero más despacio y después… joder… creí que me rompía… dios…

Le pedí que me contara qué sentía… Mientas, alucinado, veía como se frotaba el clítoris a toda velocidad y una de sus manos iba a una de sus tetas…y se la cogía… se la apretaba con los ojos cerrados, echaba su cabeza hacia atrás para sentirse e intentaba continuar.

—Sentí que… me… me mataba del gusto… y… y… me sentía tan… joder, tan… puta… porque me follase al final… con su corrida goteándome de las tetas… ummm… qué bien me folló… ummm qué bien me folló Edu, dios… Me mataba del gusto… me… me tiraba del pelo… me llamaba guarra… me daba en el culo con la mano ¡Dios…! Me ponía tanto… me obligaba a girar mi cabeza… a mirarle y me embestía fuerte…y su cara de chulo… ¡¡Mmm…!! ¡¡Dioos!! ¡¡Me corro…! ¡¡Mmm! ¡¡Ahmmm!! ¡¡Ahhmmmm!! —explotó literalmente mi novia mientras recordaba con admiración como Edu se la había follado a lo bestia, como a una guarra, como ella decía… María se retorcía del gusto a un metro de mí, con los ojos cerrados, la camisa abierta y las tetas enormes, se maltrataba el coño recordando como Edu la había penetrado salvajemente a cuatro patas en aquella habitación. Yo no podía ni tocarme, para no perder detalle de cómo ella se moría del gusto allí, arrodillada.

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