SARA LEVESQUE

 

A veces siento que si no escribo sobre tetas, coños húmedos o folleteos varios, no se me nombra ni interesa lo que tenga que expresar…

Estoy hasta el gato de semejante actitud superficial, tanto de hombres como de mujeres y viceversa. Yo tengo el otoño húmedo, sudado, empapado y chorreante de tanto sacrificio invisible, errante. De sentir culpa porque no plagar la pulpa de mis escritos con vulvas de tonos blanditos. Y es que cuando eres una cara desconocida es tan complejo sobrevivir en una jungla repleta de porno como cocinar un bizcochocho en el horno, (perdón, a veces sufro tartamudeo lingüístico).

Parece como si no nos hubieran destetado. No es repulsión, es que a veces da rabia que solo importe eso, coño. Tanta es la frustración que se me humedecen las lágrimas y se me nubla el corazón.

Si afirmara ser una conformista que prefiere dejar el mundo como está, mentiría y me crecería la nariz como a Pinochocho (¿veis? Ya me ha vuelto a pasar).

No me interpretéis mal. A mí me vuelve cuerda un follaje en particular. Pero detrás de su matorral existe una persona de verdad, por la que merece la pena luchar. Por eso afirmo que no todo en esta Vida es el tema carnal.

Si a alguien le resulta ofensiva la sinceridad, mis más irónicas disculpas, de verdad. ©

Un comentario sobre “Festival de (cál)culos

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