XAVI ALTA

Verónica. 2

Cuando tuvo que decidir en qué Universidad estudiar y qué carrera elegir, Vero sopesó los pros y los contras, costes y beneficios. Papá le dio la opción de elegir la universidad que más le conviniera. “No te preocupes por los gastos, son cosa mía”. Incluso vio con buenos ojos que su hija cambiara de ciudad, de ambiente, para ampliar sus horizontes socio-culturales.

Mamá no. Con la misma intensidad con que había defendido que su niña estudiara en el colegio del barrio, a pesar de poder permitirse un colegio de mayor nivel, se opuso a que su hija estudiara en otra ciudad, y mucho menos en otro país. Poco le importaba si era una oportunidad única, mejoraba su currículum académico o multiplicaba sus oportunidades laborales. No quería perderla pues Su Verónica era todo lo que le quedaba.

La joven había accedido a los deseos de su madre, a pesar de que estuvo tentada de marchar lejos. Papá había propuesto Francia, Inglaterra o Alemania, las primeras por el idioma, pues había estudiado inglés en primaria y francés en secundaria, la tercera porque era el país que regía y seguiría rigiendo los destinos económicos del continente. Pero Vero solamente se planteó Estados Unidos. Puestos a apostar, a la carta más alta. No tuvo ninguna duda que su padre aceptaría.

Pero a última hora pesó más su madre. Vivir a 10.000km de distancia durante 9 meses al año la mataría. Psíquicamente, al menos. Mamá nunca se había recuperado de su ruptura con papá. Sí, al cabo de casi tres años de que se rompiera el jarrón empezó a salir con algún hombre. Incluso hubo uno, casualmente también se llamaba Juanjo como su ex marido, con el que pareció entablar algo parecido a una relación. Era un buen hombre, pero no funcionó. Y ahí seguía. Marchitándose, tirando su vida mientras veía crecer a su hija.

Por una vez dejó que sus sentimientos influyeran en su razón. Aunque no del todo. Vivir con mamá significaba tener perfectamente cubierta una parcela que viviendo sola tendría que asumir directamente: la intendencia diaria, labores del hogar y alimentación, sobretodo. También implicaba optar por lo fácil y mantener un control estricto sobre su vida, principalmente por lo que a orden y relaciones se refería.

Por último, Verónica sabía perfectamente que en cuanto lo necesitara entraría a trabajar en la empresa de papá o en alguna otra del entorno directo, así que tampoco le preocupaba tanto lograr un currículum tan brillante.

La vida universitaria le gustaba. Era entretenida, amena, y a pesar de sus temores iniciales, su estatus público-social no cambió demasiado. Seguía siendo una de las chicas más guapas de la facultad, como lo había sido en el colegio, muchas chicas la seguían viendo como un modelo a imitar y solía tener al chico que más le apetecía en cada momento. No necesariamente debía gustarle. Simplemente debía ser el adecuado.

Como Maxi. Era atractivo, buen estudiante y mejor deportista. Ya estaba en cuarto y los últimos tres años había sido la pareja de Andrea, una de las chicas más odiosamente guapas y listas de la carrera. Iba un curso por debajo por tener un año menos que él, pero le gustaba alardear de que lo suyo con Maxi era amor verdadero. No había otro chico como él. Eran La Pareja de la Universidad.

Vero estaba en primero de carrera y vio una oportunidad única de demostrar quién era Verónica Bigas. Ella no tenía nada que envidiarle a Andi en lo físico y seguro que Maxi ya debía estar cansado del mismo par de tetas. Eso suponiendo que le fuera fiel porque con los hombres ya se sabe. Rápidamente confirmó su teoría. Unos pocos días de tonteo, un par de encuentros casuales en varios locales de moda y una fiesta universitaria concurridísima y el chico cayó a sus pies. Antes, tuvo algo más que palabras con Andi en el gimnasio de la universidad, pero la cosa no llegó a las manos. Eso la envalentonó más si cabe. Ese fin de semana, aprovechando que la casi-cornuda no estaba, lo pasó entero en el piso de estudiantes que Maxi compartía con tres chicos más, a los que él había echado para estar solo. A penas salieron de la cama. Incluso se permitió el lujo de arrancarle literalmente los bóxers a su amante, arrodillarse y dejarlo seco mientras éste le contaba por teléfono a su aún novia lo mucho que estaba estudiando y lo difícil que era Econometría de cuarto curso. Los cuatro meses siguientes Vero y Maxi fueron La Pareja, hasta que éste se licenció, momento en que ella lo dejó con la excusa de que ya no podrían verse tanto. Pero la razón principal de  la ruptura era otra. Lo hago ahora porque puedo hacerlo. Cuando, cómo y porqué quiero.

Andrea, por su parte, acabó la carrera en otra universidad, pues después de haber suspendido más de la mitad de asignaturas de tercer curso, prefirió un cambio de aires.

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