PENÉLOPE

La relación con mi marido iba de mal en peor, necesitaba salir de aquel entorno. Siempre con discusiones y malas formas.

Un día estaba en la ciudad pasando el día después de varios días enojados los dos y decidí marcharme y pasar el día sola.

Estaba sentada en una cafetería tomando café y un bollo y apareció un amigo de él al que conocía.

Se sentó y estuvimos hablando mucho. Era divertido, hacía me olvidara de mis problemas y lo pasé muy bien.

Hablamos de mi marido y me decía que como iba la relación, yo le confié mis decepciones y desilusiones.

Él hacía como que me entendía dándome la razón de forma muy cariñosa Se acercaba a mi y ponía su hombro para que me desahogara. Creí en el y caí como una tonta.

Me invitó a comer y seguimos hablando de mi relación.  Él me halagaba con sus palabras, diciendo lo guapa y buena que era, que podía encontrar a un hombre que me tratara bien… que estaba enamorado de mi desde que me vio por primera vez y esas cosas que los hombres dicen para que confíes en ellos.

Durante la comida tomamos dos botellas de vino tinto, estaba algo mareada. Cuando nos dimos cuenta ya era tarde, tenía que volver a casa pero mi marido se iba a dar cuenta que había bebido y esto me traería más problemas .

El caso es que no se como me convenció para que fuéramos a un hotel me diera una ducha y despejara. No pude oponerme, me halagaba y se preocupaba de mí y le creí.

Fuimos a un hotel y subimos a la habitación. Una habitación espaciosa con una gran cama, televisor y un cuarto de baño con chorros de masaje

Me ayudó a quitarme la ropa y me acompaño a la ducha. Abrí los grifos y me relaje con los chorros golpeando mi cuerpo. Perdí la noción del tiempo, pero me gustaba y estaba tan a gusto que no me importó.

Cuando salí de la ducha solo había toalla, mi ropa no estaba, me la puse alrededor de mi cuerpo y salí a la habitación. Mi amigo estaba tumbado en la cama desnudo. Se tocaba una polla gigante, grande, muy larga y gorda.

Me quede parada mirando fijamente la escena, no podía apartar la mirada de aquella polla.

Él siguió tocandose, se notaba que la tenía mojada, apenas sin piel que cubriera su punta. Era inmensa, nunca había visto una tan grande, sin poder controlarlo, empecé a ponerme cachonda.

Se incorporó de la cama y cogió brazo para que me tumbara en la cama. Obedecí sin abrir la boca por tocar esa polla y en el fondo por joder a mi marido.

Nunca había hecho algo así, pero me tiré a aquella polla deseosa y empecé a tocarla con fuerza, la palpaba. Mis manos recorrían aquella maravilla sin pensar en nada más .

Al rato el metió dos dedos en mi coño. Me puse más cachonda aún, no sabía que me pasaba.

De pronto se inclinó sobre mí y me puso la polla en boca empujando mientras yo la sujetaba con las manos. No podía metérmela tanto, tocaba mi garganta cuando él metía más, no podía con eso en la boca y la saqué.

Entonces él me abrió las piernas y la puso en mi coño metiéndomela un poco, se movía despacio y me derrumbé de placer, era maravilloso y quería más.

Empecé a jadear disfrutando la sensación que me producía aquella polla que rozaba cada centímetro de mi vagina, cerré los ojos pensando que estaba en el paraíso. Jamas me habían hecho sentir tanto deseo, mi coño estaba tan relajado que goteaba mi flujo por todas partes. En un momento dado dio un embiste y la metió toda de golpe y desperté con un dolor impresionante, no podía del dolor y el saco la polla al oír mis gritos, cuando la saco, salió con sangre y él me dijo que estaba con el periodo. Empezó a dedicarme un montón de insultos y hasta me llamó puta.

Se vistió rápidamente y se marchó abandonándome sola en la habitación.

No podía hacer nada del dolor y tuve que llamar a recepción para que avisaran a un médico.

Cuando llegó el Doctor no podía levantarme del dolor en mi interior. Tuvo que abrir la puerta el Director del Hotel y entró junto con el médico.

Me hizo una exploración rápida y me trasladaron urgente al Hospital.

Una vez allí después de tratar el dolor me dijeron que me había roto la vagina y dañado el utero.

Que me había metido para romper eso. Me tuvieron que meter en una sala de cirugía y operar.

Estuve 17 días con todo vendado y con aviso de no poder tener sexo en 90 días.

Mi marido ni preguntó, pero segura estoy que sabía lo que había pasado, siempre he pensado que aquel personaje lo había mandado el.

A partir de aquel momento, empezó la sumisión y los golpes.

womanpenelope.wordpress.com

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