XAVI ALTA

Yolanda. 2

El ensayo del domingo había acabado pasada la medianoche. “Lágrimas rosas”, la última composición de July les había dado más problemas de los previstos. La letra, como era habitual, era sublime a criterio de Yolanda, pero Sergio había querido insertar un arpegio de seis notas detrás del estribillo que “dotaba de calidad musical un poema excelente”, según sus palabras, o que “daba por culo una barbaridad, en lo musical”, según Adán.

Al final el arpegio había quedado, aunque delante del estribillo, pues había sido la solución intermedia que July les había propuesto a los dos guitarristas del grupo.

Aquella noche, Yolanda tuvo un sueño muy intenso en el que protagonizaba la historia de la canción. Una niña de barrio bien se enamora de otra niña de barrio bien, pero ambas han de mantener su relación en secreto pues sus familias son muy respetables y tradicionales. Juntas intentan escapar, cambiar su destino, pero no saben que éste ya ha sido escrito.

Cuando despertó, además de darse cuenta que ya no podía llegar a la primera clase del día, sintió un desasosiego que hacía tiempo que no sentía. El sueño había sido tan real que si hubiera despertado en un jardín mágico le hubiera parecido lo más lógico del mundo, tanto que si dormida se hubiera pinchado con la espina de una rosa, ahora estaría sangrando.

Desperezándose, cayó en la cuenta que nunca había besado a una mujer. Nunca había surgido la ocasión, ni siquiera lo había deseado. Pero en el sueño, besar a su amada había sido el momento más dulce de su vida. O así lo había sentido.

Podía llegar a segunda hora, pero para ello debía levantarse inmediatamente y salir disparada hacia la universidad. ¡Joder, qué pereza! Mejor llegaría a tercera hora, se libraría del viejo freaky y del presuntuoso macizo. Sí, mejor así.

Pero Yolanda tampoco llegó a la tercera clase y la cuarta era un muermo descomunal.

Cada día tenía más dudas sobre la carrera que estaba estudiando y su utilidad. Sus padres, sobretodo papá, habían insistido en que era importante estudiar una carrera para labrarse un futuro, pero Sergio había elegido mejor. Historia era más fácil, podía pedir apuntes si un día no iba a clase y bastaba con empollar las semanas de examen para poder aprobar. Ella, en cambio, había elegido Económicas, ahora se llamaba Administración de Empresas, pues tenía muchas más salidas profesionales. ¡Su hermano lo tendría crudo para trabajar de lo suyo! Pero la carrera no solamente era mucho más difícil, si no que era bastante improbable aprobar sin aparecer por clase.

Cualquier espectador objetivo le habría dicho que había elegido el camino correcto, pues además de tener facilidad para recordar y memorizar temarios, era ágil para la comprensión analítica, algo indispensable en una carrera en la que las matemáticas tenían mucho peso.

Pero esas virtudes eran contrarrestadas por su nula capacidad de sacrificio, su falta de disciplina organizativa y su infinita pereza.

Además, Yolanda quería triunfar en el mundo de la música, no en el de los negocios. ¿Para qué tenía que perder sus aptitudes artísticas aguantando vejestorios, cretinos y petulantes?

Se dio la vuelta en la cama, se tapó la cabeza con las sábanas y se durmió.

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