MOISÉS ESTÉVEZ

Oteaba el horizonte sin bajarse de su montura. Mike Smith, veterano
caza recompensas y ex veterano de guerra, le pisaba los talones a dos
malditos cuatreros por los que las autoridades ofrecían una suculenta suma.
El rastro que iban dejando a través de aquel singular desierto era
fácilmente visible y era evidente para Mike que no debían estar muy lejos.
Podría jurar que en un par de jornadas les daría alcance, coincidiendo con la
llegada a Lincolntown. Allí si todo salía según sus planes, los apresaría y los
entregaría en la oficina del Sheriff, a cambio de unos cuantos dólares, dólares
que le permitirían seguir sobreviviendo en aquel duro e inhóspito oeste de La
Unión.
Mike no era el típico pistolero a pesar de su aspecto rancio,
inevitablemente sucio, con una barba incipiente y un olor obligado por su oficio.
Mientras le quitaba la silla a su caballo y se preparaba para pasar la
noche al abrigo de una enorme roca, pensaba en su futuro, junto a una mujer a
la que amar y que lo amase, con la que compartir hijos y un hogar, una casita
con un pequeño porche donde poder contemplar la puesta de sol
tranquilamente, disfrutando de un buen libro, a Mike le encantaba leer poesía…

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s