SARA LEVESQUE

 

Un girasol para ti, para que gires el Sol a tu antojo e ilumine tu camino hasta de noche. No tenemos mucho en contra, tan solo un charco. Un bendito charco a base de lluvia y lágrimas que ha inundado parte de la travesía. Una inmensidad que vamos reduciendo a base de morder limones entre ceviche y berrinche. No son bocados ácidos… o sí, pero también muy agradables, porque no somos de dulces salvo en el carácter. Para mí es más acaramelado tu romanticismo del siglo XXI y que, en vez de flores, me lleves a perderme junto a ti a la punta de un acantilado del color de los lobos, mientras las fresas empapan mi calzado y tu risa canta a mi lado.

Me saca una sonrisa tu espontaneidad porque se sale de lo normal. Y es que a mí nunca me ha gustado lo “habitual”, “lo que toca”, lo “predecible” ni nada “corriente”. La única corriente que me atrae es la que eriza mi piel cuando baila tu pelo sobre mi cuerpo.

Mi conclusión es que soy rebelde desde siempre y tú eres un desastre. Y juntas formamos el caos más loco, hermoso, divertido y placentero que jamás morirá. ©

Un comentario sobre “Girasol

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