XAVI ALTA

Paula

El sábado por la mañana se levantó como cualquier otro sábado, a las 8.30. Debía llevar a su hermana Sonia, la pequeña de cuatro niñas, a una exhibición de gimnasia rítmica. Era el peaje por ser la mayor. Aunque nunca se quejó por ello. Desde pequeña le habían inculcado la importancia de la responsabilidad ante la vida. Y sus padres siempre habían predicado con el ejemplo.

Él partiéndose el espinazo en una fábrica de envases metálicos. Ella limpiando escaleras y cosiendo remiendos de amigas y conocidas. Clara y Nieves, las hermanas medianas, no tardarían en empezar a hacerlo.

Dejó a su hermana pequeña con su grupo de gimnasia en el pabellón municipal con el tiempo justo para llegar al hipermercado donde trabajaba de “sabatina”, turno de 10 horas cada sábado y días festivos de apertura obligada. No se sacaba un gran sueldo, pero evitaba tener que pedir dinero a unos padres que no podían permitírselo. Entre semana, además, colaboraba en una gestoría del barrio dos horas diarias. Era un trabajo en negro, mal pagado, que se tomaba como experiencia de cara a un futuro profesional que no quería que se pareciera en lo más mínimo al que habían tenido sus progenitores.

La jornada pasó con relativa comodidad. Estaba acostumbrada a dormir pocas horas y el trabajo la mantenía lo suficientemente activa para no sentirse excesivamente cansada. Al llegar a casa, pasadas las 10 de la noche, cenaría algo suave y se metería en la cama. Y, entonces sí, podría descansar cuanto necesitara.

El domingo se despertó tarde, a media mañana, y lo dedicó a estudiar. O mejor dicho, a repasar los apuntes tomados las dos primeras semanas de clase para asegurarse que seguía el ritmo cómodamente. Para Paula, seguir el ritmo no significaba aprobar todas las asignaturas y pasar de curso. Significaba poder mantener la beca de estudios que otorga la Universidad a los mejores estudiantes. Y para ello, la nota media no puede bajar del excelente.

Por la tarde fue al cine. Uno de los pocos caprichos que se permitía. Sola. Dos horas a la semana dedicadas a sí misma. Eligió Shame, obviamente en versión original, pero la decepcionó bastante. Los temas controvertidos suelen estar mejor tratados por los cineastas europeos. Los norteamericanos suelen pecar de moralistas, cuando no de efectistas.

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