ECONOMISTA

Estaban sentados en la barra del bar prácticamente pegados, Víctor tenía una mano sobre el respaldo de la silla de Claudia, la otra sobre su muslo y le acercaba su cara cada vez que la decía algo.

– No sabes las ganas que tenía de volver a quedar contigo, hoy espero que no salgas corriendo como el otro día.

Claudia agachó la cabeza como una chiquilla pequeña y se pasó el pelo por detrás de la oreja.

– No sé que pasará hoy Víctor.
– Solo déjate llevar, los dos queremos lo mismo, dijo dando golpecitos con la mano sobre su muslo y acercando su boca a la de ella.
– Aquí no Víctor, alguien puede vernos…
– Quiero volverte a besar…
– Aquí no, de verdad.
– Tranquila, no te conoce nadie.
– Nunca se sabe.
– Es que no me puedo controlar contigo, hoy vienes espectacular, quiero que estemos a solas…
– No sé Víctor…¿Y que pasa con David?, no hemos contado con él…
– Por tu marido no te preocupes, hablé antes con él y no ha tenido ningún problema en dejarnos solos, mira Claudia ya somos adultos y los tres queremos lo mismo, sabes que David te deja hacer lo que quieras…
– No sé…
– Tengo una habitación reservada aquí en el hotel, para terminar lo que empezamos el otro día, solo tenemos que volver y le dices a tu marido que te subes conmigo.

Aquellas palabras le pusieron a Claudia todavía mas nerviosa. Víctor ya no se andaba con rodeos, le estaba proponiendo directamente subir con él a una habitación a pasar la noche con él. A follar.

– Debería hablar antes con David…
– Me parece bien, vamos si quieres, nos estará esperando en el hall, ¿que le vas a decir?
– No sé, ¿y que le digo?
– Dile que te subes conmigo a la habitación y ya está, no tienes que darle mas explicaciones, seguro que ya lo tenéis muy hablado, sabes que él va a estar encantado…
– Víctor…
– Tranquila, todo va a ir bien, cóbreme, por favor, le dijo al camarero poniéndose de pies.

No pudo contener una leve erección al ver como Claudia ya estaba totalmente convencida y no se negaba, intentó de nuevo acercarse para besarla, pero otra vez ella le rechazó.

– Me encanta que seas así, venga vámonos…

Unos 30 minutos mas tarde les vi aparecer, me puse de pies y Claudia se acercó sola donde estaba yo mientras Víctor se nos quedó mirando a unos 20 metros de distancia.

– Víctor ha reservado una habitación en el hotel, dijo mi mujer.

Aquellas palabras me sonaron como una punzada en el estómago. Nervios y excitación a partes iguales. Estuve a punto de preguntarla si estaba segura, pero a media frase me quedé callado, no tenía sentido la pregunta ahora que Claudia parecía decidida a subir con él.

– ¿Estás seg…?…¿voy con vosotros?

Claudia negó con la cabeza, como si le diera vergüenza contestar.

– Vamos solos, espérame en la habitación, me dijo
– Vale, entiendo, quiero que lo pases bien, sube con él, sin problema y cualquier cosa me llamas por teléfono…

Hice el gesto de echar a andar con ella, pero Claudia no me dejo.

– Espérate aquí, por favor no subas con nosotros, sería violento despedirnos en el ascensor, no me lo pongas mas difícil…

No me dió ni un beso en la mejilla, solo una caricia en la mano. Luego se giró y se dirigió donde Víctor, pero antes de llegar volvió a mirarme por última vez. Yo me quedé de pies mirando la escena con una erección de campeonato. Y después mi polla palpitó, dura como nunca había estado cuando Víctor volvió a coger a mi mujer por la cintura y echaron a andar hacia los ascensores.

Me quedé esperando 2 o 3 minutos y luego fui en la misma dirección que ellos. Uno de los ascensores marcaba el número 4 y el otro el 7. Llamé y me subí a nuestra habitación que estaba en la quinta planta. Entré solo y me senté en la cama, nervioso, con las pulsaciones a mil y sin saber muy bien que hacer. En esos instantes mi mujer estaba en el mismo hotel encerrada en una habitación con otro hombre. Seguramente a punto de follar.

Me los imaginé desnudos, en la cama, besándose, Claudia gimiendo, excitada, mojada, tocando la polla de aquel seductor sin importarle nada mas en el mundo. Sin saber muy bien donde ir salí de la habitación y bajé a la cuarta planta como indicaba uno de los ascensores. Recorrí el pasillo muy despacio intentando escuchar algo, pero todo estaba en silencio, no tenía ni idea donde podían estar porque solo en esa planta había mas de 40 habitaciones.

Empalmado intentaba captar algún ruido, incluso una vez me pareció escuchar algún leve gemido y me acerqué a la puerta de la habitación. Me quedé de pies escuchando, pero nada y no se me ocurrió otra cosa que pegar la oreja a la puerta. ¿Que estaba haciendo?, parecía un pervertido a la 1.30 de la mañana allí plantado y por un momento pensé que alguien pudiera verme y decidí irme de nuevo a mi habitación.

Sin embargo una vez dentro del ascensor no me pude resistir en darme otro paseo por la séptima planta a ver si por casualidad escuchaba a Claudia y Víctor follando. Pero nada, estaba todo en silencio. Saqué el móvil y estuve a punto de mandarle un mensaje a mi mujer para preguntarle en que habitación estaba, aunque al final desistí de esa idea.

Sabiendo que así no iba a conseguir nada me volví definitivamente a la habitación. No me quedaba mas remedio que esperar a que regresara Claudia.

Me puse el pijama y me tumbé en la cama a ver la tele, bueno mas que ver la miraba, porque no podía pensar en nada más en que estaría pasando entre Claudia y Víctor. Estaba bastante nervioso y necesitaba hablar con alguien. Se me ocurrió abrir el Skyp… y le mandé un mensaje a Toni24 desde mi cuenta privada. No parecía estar conectado.

Al rato me vibró el móvil y era la respuesta de Toni.

– ¿Que haces despierto a estas horas?
– Pues ya ves, aquí estamos en Madrid.
– Es verdad, que hoy habíais quedado con el tal Víctor, bueno y que tal todo?
– Estoy aquí solo, esperando en la habitación, Claudia se ha ido con él.
– Hostia, no fastidies?, al final lo ha hecho?, joder que bueno!!!!!
– Estoy súper nervioso, es muy fuerte.
– Normal, puedo entenderte perfectamente, cuanto tiempo llevan?
– Pues hace una hora que se fueron mas o menos.
– ¿Y no has ido con ellos?
– No me han invitado, preferían estar solos, yo creo que Claudia no hubiera estado cómoda conmigo delante.
– Si, puede ser normal, pero tranquilo, que si se la folla ya tendrás mas ocasiones para poderlo disfrutar en persona. Que bueno David, no me lo creo, posiblemente te estén haciendo ahora un buen cornudo.
– Mmmmmmmmmmmmmmmmmm, no me digas eso.
– Te estás pajeando?
– No, no me la puedo ni tocar, sino me correría, estoy esperando que vuelva Claudia.
– Joder, me imagino como tienes que estar.
– Una pasada, esta espera es insoportable, pero a la vez muy morbosa…
– Me lo tenéis que contar todo, el martes habíamos quedado para conectarnos.
– Si.
– Bueno David, hoy voy a dejarte que estoy muy cansado, vengo ahora de casa de Marta, hemos estado follando.
– Perfecto, todo bien con tu novia?
– Si, como siempre.
– Vale, el martes hablamos.
– Cuídate y tranquilo.
– Adiós.

Después de esa conversación rápida dejé el móvil en la mesilla y seguí tumbado en la cama viendo la tele. Sobre las 3:30 de la mañana seguía en la misma posición, ya cansado y haciendo el esfuerzo para no dormirme, la adrenalina me mantenía despierto, la habitación estaba oscura y solo se iluminaba con las imágenes de la pantalla, cuando al fin escuché como se abría la puerta. El corazón se me puso a mil pulsaciones y me incorporé un poco.

Claudia entró y nada mas hacerlo se quitó los zapatos viniendo hasta mi.

– Sigues despierto, dijo tumbándose a mi lado y dándome un cariñoso beso en la mejilla.

Aunque iba igual vestida se había quitado el maquillaje y llevaba el pelo mojado. Estaba claro que se acababa de pegar una ducha.

– ¿Que tal estás?, dije yo.
– Bien.
– ¿Bien, bien?
– Si, muy bien.
– Entonces, ¿lo has hecho, verdad?, pregunté con miedo.
– Si, contestó Claudia en bajito, casi en un susurro.

No hacía falta que me lo dijera porque en cuanto la ví ya supe que algo había pasado, pero cuando escuché el “si” de su boca me volví a empalmar. De repente en mi cabeza se me vinieron multitud de preguntas.

– ¡Joder!, bf Claudia, necesito saberlo tod…
– Shhhhhhhhhhh, dijo ella poniéndome un dedo sobre la boca y bajando la mano para sacarme la polla.

Comenzó a masturbarme despacio mientras me daba besos por la mejilla, el cuello y la oreja.

– Shhhhhhhhhhhhhh relájate, hoy no…

Estaba claro que Claudia no tenía ganas de contarme lo que había pasado entre ella y Víctor, pero como premio de consolación al menos iba a hacerme una paja. De repente me llegó el olor de mi mujer a recién duchada y tengo que decir que me encantó. Había leído mucho sobre el tema y sabía que a los cornudos les vuelve locos el olor corporal de su mujer cuando vuelven a casa folladas, sin embargo a mi me pareció lo mejor del mundo esa sensación de limpieza de Claudia. Incluso se me vino a la cabeza la imagen de ella y Víctor en la ducha, juntos, desnudos, no era nada descabellado que hubiera ocurrido y me excitó mas eso que fantasear como había sido el sexo entre ellos.

– ¿Te has duchado con él?
– Si.
– Mmmmmmmmmmmmmmmm, ahhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhh Claudia estoy a punto de correrme, mas despacio…
– No puedo mas despacio…estás excitadísimo…noto hasta como te late con fuerza el corazón…
– Si, estoy muy excitado…mucho, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…cachondo, nervioso, no sé describirlo…
– Pues córrete…no te resistas mas…
– Ohhhhhhh, ohhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhh…dime lo que soy Claudia, por favor, ¡¡dímelo!!
– ¿Quieres?
– Siiiii, ahhhhhhhh, ahhhhhhhh, por favor…
– ¡Eres un cornudo!, ¡¡hoy por fin te has convertido en un cornudo!, dijo Claudia en un sensual gemido en mi oido.
– Me corro, me corro, ahhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…

Ni que decir tiene que aquella paja de dos minutos que me había hecho Claudia después de venir follada por Víctor fue lo mejor del mundo. Luego nos dimos un pequeño beso y me levanté a limpiarme. Una vez descargada la tensión tengo que reconocer que no me vino ningún bajón o arrepentimiento por mi parte. Y Claudia parecía que estaba igual que yo. Se había puesto tranquilamente el pijama para dormir y me eché a su lado.

Apagamos la luz y me puse detrás de Claudia rodeándola con los brazos, ella puso los brazos sobre los míos y así sin decirnos nada mas nos dormimos acurrucados.

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