ESTEFY HERAS

La fuerza de la verdadera amistad

Poco a poco voy cogiendo el ritmo de las clases, por primera vez sí soy una alumna de notables y sobresalientes. Y me siento orgullosa de ello. Me vuelco mucho en los estudios, ya no hay nada que me distraiga de ellos. Desde aquel día en que le dije a Sofía que no se puede tener todo en la vida, no hemos vuelto a hablar. Aunque es cierto que ya nunca les veo juntos. Siempre están cada uno por su lado, Sofía con sus compañeras de clase y Alfonso con su amigo Raúl. Durante los últimos días les he notado bastante distantes a los dos y me atrevería a decir que su relación se ha terminado. Imagino que Alfonso le habrá hecho lo mismo que me dijo a mí, que se ha dado cuenta de que nunca ha estado enamorado de ella.  Y después de dejarla sola y con el corazón roto irá en busca de su próxima presa. Me da pena pensar que le haya hecho daño a ella también, pero tuvo la oportunidad de evitarlo y sin embargo quiso apostar por él. Yo nunca le hubiese fallado.

Los días van pasando y sigo viendo a Sofía muy deprimida por los pasillos… Quizá debería olvidar lo que ha pasado entre nosotras y volver a hablar con ella. Sé que me necesita, y no soporto verla así a diario.  Después de darle muchas vueltas a la cabeza decido por primera vez en mucho tiempo volver a enviarle un WhatsApp:

  • Hola, soy Laura. Me gustaría hablar contigo. ¿podemos vernos en un par de horas?

El móvil de Sofía suena y cuando ve que es un mensaje de su mejor amiga se le ilumina la cara. Por fin ha vuelto a hablarle, y ahora siente una pequeña esperanza de poder arreglar las cosas. Necesita a su amiga más que nunca. Se siente muy sola y hundida.

Rápidamente le contesta a Laura:

  • ¡Hola! Por supuesto, tengo muchas ganas de verte. Quedamos en la cafetería de siempre. Un beso.

Sofía había pasado la tarde llorando en su habitación y por fin de nuevo volvía a sonreír.

Cuando llega a la cafetería observa que Laura ya está allí sentada tomándose un batido. Parece que está de buen humor. Se acerca a ella y se sorprende gratamente al ver que Laura le da un fuerte abrazo.

  • Sofía tengo que decirte que yo… Bueno, estos días te he visto muy ausente en el instituto. No sé si te pasa algo o si tienes algún tipo de problema, pero quiero que sepas que puedes contar conmigo. No quiero dejarte sola. No podemos estar así toda la vida. Siempre hemos sido muy amigas, no tiene sentido en dejar de hablarnos por una tontería.
  • No sabes lo feliz que me hacen tus palabras, Laura. Te necesito. Estos días me he estado muy sola. Pero no me atrevía a hablar contigo.
  • Sé que fui muy dura la última vez que lo intentaste, lo siento. Supongo que estaba enfadado con el mundo, no quería saber nada de nadie.
  • No te preocupes, es normal. Yo también te pido disculpas por los momentos que has tenido que pasar por mi culpa.
  • Y tú, ¿Por qué estabas tan triste estos días? ¿Te ha pasado algo?
  • Alfonso y yo ya no estamos juntos.
  • Imaginaba que sería algo de eso. Es lo mejor que te ha podido pasar. Es un imbécil. Sé cómo te sientes, pero ya verás que tú lo superas pronto. Desde hoy me vas a tener siempre a tu lado.
  • Gracias Laura.
  • Gracias a ti por entenderme en todo momento.

Sofía no se podía sentir más feliz. Había tenido que sacrificar el amor de su vida, pero las cosas poco a poco volvían a ser como al principio. Laura y ella volvían a ser amigas, y Alfonso ya no tenía que estar involucrado en una vida de discusiones y llantos.

Sofía y yo hemos vuelto a retomar nuestra vida juntas. Volvemos a vernos a diario y hemos borrado de nuestra mente ese tiempo en el que estuvimos sin contacto, como si nunca hubiese existido. Volvemos a confiar la una en la otra.  En un rato he quedado con ella para comer así que cojo mi bolso y salgo de casa en dirección al bar que está en la esquina de su calle. Hoy el día está bastante nublado, es probable que llueva de un momento a otro. Recuerdo que cuando estaba con Alfonso una vez nos cogió un buen chaparrón y ni siquiera teníamos paraguas. Empezamos a correr como locos, agarrados de la mano, el tiraba de mí para que yo fuese más rápido, y yo tuve la mala suerte de que por la lluvia y sus ansias me tropecé y caí al suelo. Mu puse empapada, pero me hizo tanta gracia ver su cara de preocupación que no pude parar de reírme. Estuvimos recordando este momento durante semanas y siempre acabábamos riéndonos.

Cuando llego al punto de encuentro veo que Sofía aún no está allí. Me siento en una mesa y pido una Coca Cola. Mientras la espero me quedo reflexionando sobre la historia del día lluvioso con Alfonso, y me doy cuenta de que ya puedo pensar en él de una forma positiva. Sin rencores, sin dolor. Me siento orgullosa de haber dado por fin ese paso.

Veo a Sofía entrar por la puerta y le saludo con la mano. Ella se acerca a mi mesa.

  • Disculpa el retraso Laura.
  • No te preocupes. ¿Sabes? Ahora mismo estaba recordando una historia muy divertida que viví con Alfonso en un día de lluvia en el que acabé tirada en el suelo y empapada. Y, pensando en ello, me he dado cuenta de que por fin he conseguido borrar mis sentimientos hacia él. Ahora mismo podría encontrármelo e incluso hablar con él y no sentir dolor.
  • ¿En serio? Me alegro mucho que ya puedas decir eso. Es un paso muy importante.
  • Sí. Oye y tu… ¿Qué tal? Nunca hemos hablado de tu ruptura con él… ¿Cómo l estás llevando? ¿Estás bien?
  • Está todo bien. Gracias.
  • Imagino que será cuestión de tiempo que empiece de nuevo con otra. Menudo imbécil.
  • Bueno, si rehace su vida y es feliz, yo le deseo lo mejor.
  • No se merece tus buenos deseos. Va por ahí ilusionando a la gente, diciéndoles a todas que las quiere mucho y luego te da la patada. Algún día se cruzará con alguna que le devolverá la bofetada y entonces aprenderá la lección.
    Si necesitas en algún momento hablar de él o desahogarte hazlo sin miedo. Yo ya tuve mi época y puedo entender lo que sientes.
  • No tengo nada que decir de él, estoy bien. Pero gracias.
  • ¿Cuál fue su excusa para dejarte? ¿Qué te dijo? Imagino que alguna tontería del estilo de que no estaba preparado para mantener algo serio, o que se había dado cuenta de que estaba muy bien sólo, como me dijo a mí.
  • La verdad es que prefiero no hablar de la ruptura.
  • Perdóname no quería hacerte sentir incómoda.
  • ¿Pedimos algo? Estoy que me muero de hambre.
  • ¡Sí! Yo quiero el pollo en salsa de almendras. Está riquísimo.
  • ¡Que sean dos!

Sofía y yo pasamos el día entero juntas. Después de comer fuimos de compras como en los viejos tiempos, acabamos en un montón de tiendas y probándonos mil cosas entre bromas y carcajadas. Por la noche fuimos al cine a ver una película de miedo. Echaba tanto de menos esos ratitos con ella…

Hoy es el cumpleaños de Alfonso, y decido que ya es el momento de dejar atrás los rencores y retomar nuestra amistad. Cojo mi móvil y le envío un WhatsApp:

  • Alfonso soy Laura. ¡Feliz cumpleaños viejito!
  • Nunca dejas de sorprenderme Laura.
  • Espero que tengas un bonito día. Me debes un café 😊.
  • Sinceramente una felicitación tuya era precisamente lo último que esperaba encontrarme hoy.
  • Bueno, sé que hemos estado un tiempo sin hablarnos y que te evitaba mucho y tal, y he pasado por etapas en las que he podido haber pensado y dicho cosas de ti que no te merecías… Pero era el calentón del momento y la situación en que me encontraba. Espero que puedas entenderme. Te aseguro que ya todo eso ha quedado atrás, y te pido disculpas por todo. Ahora podemos volver a ser amigos otra vez, si tú quieres.
  • ¿Amigos? ¿Tú y yo? No necesito tener ningún tipo de amistad con personas egoístas como tú que sólo se fijan en su ombligo y les importa una mierda todo lo demás. Lo siento, pero no, yo de ti no quiero absolutamente nada. Ni ahora, ni mañana, ni nunca. No vuelvas a molestarme más.

Su mensaje me deja sorprendida y a la vez me llena de rabia. Menudo imbécil. Si alguien tiene que mostrar enfado aquí soy yo por hacerme daño y ya no sólo a mí sino también a mi mejor amiga. Por su culpa ella y yo hemos estado un tiempo distanciadas. Y encima que le perdono, se permite tratarme así. ¿Con qué derecho viene ahora con esa prepotencia y esa actitud tan estúpida?

Desde luego ya me ha quedado claro que la amistad no le interesa. Pues muy bien. Que siga en su plan de tío chulo e indiferente que va jugando con las personas, que le va a ir muy bien en la vida…

Sofía llevaba toda la mañana dándole vueltas a la cabeza sobre si felicitar o no a Alfonso. ¿Debía mantener las distancias? Le parecía un poco feo no tener ese gesto con él, así que al final decidió enviarle un WhatsApp:

  • Buenos días Alfonso. Felicidades. Espero que te vaya todo muy bien. Un beso.
  • Gracias Sofia. La verdad es que nada me va bien, no te voy a mentir.
  • ¿Por qué? ¿Ha pasado algo?
  • ¿Podemos vernos ahora? Necesito hablar contigo. Por favor. Tómatelo como un regalo de cumpleaños hacia mí.

Alfonso viendo que tardaba en contestar empezó a desesperarse. Deseaba con todas sus fuerzas que le dijera de una vez que sí… Necesitaba verla y tenerla cerca de nuevo.

Sofía por su parte se quedó un buen rato pensando que contestar. Sabía de sobra que encontrarse con él no era la mejor idea, sin embargo, aún sentía algo y no era capaz de ser tan dura ni dejarle solo y triste en un día como hoy. Al final decidió olvidarse de todo y dejarse llevar por el corazón.

  • Está bien. Nos vemos en media hora en la cafetería que está junto al instituto y desayunos algo.
  • Ahí estaré.

Sorprendido y a la vez contento de que ella hubiese aceptado su propuesta, salió de casa en dirección a la cafetería, con la ilusión y la pequeña esperanza de hablar con ella y poder retomar poco a poco la relación que ambos habían mantenido. Desde que lo dejaron Alfonso no había levantado cabeza. Pensaba en ella cada día. La amaba. Nunca había estado tan locamente enamorado por nadie como lo estaba por ella. Se sentía hundido sin ella. Por suerte contaba con el apoyo incondicional de Raúl, que cada día iba a verle a casa y le animaba a salir y tomar algo, para que no estuviese todo el día encerrado en su habitación dándole vueltas a la cabeza. Él sabía que si no hubiera sido por la ayuda de Raúl todo habría sido mucho más difícil y más duro. Tenía que agradecerle su atención y su apoyo, sin duda el mejor amigo que podía tener. Aprovechando la felicidad que sentía en esos momentos decidió llamarle para contarle que había quedado con Sofía en unos minutos. Pero Raúl, lejos de alegrarse se mostró serio y le intentó evadir de cualquier sentimiento de felicidad que le pudiese embargar, dejándole claro que el hecho de que Sofía hubiese accedido a verle el día de su cumpleaños no conllevaba que ella quisiera arreglar nada… No quería que su mejor amigo se llevase una decepción. Pero a pesar de sus palabras Alfonso hizo oídos sordos y siguió manteniendo la pequeña esperanza de que las cosas pudiesen volver a ser como antes.

Cuando Sofía llegó a la cafetería Alfonso ya estaba tomándose un café. Se sentó frente a él mientras sentía que las piernas le temblaban. No era una chica fuerte como aparentaba, y aún le quería más que a nadie en el mundo. Estar con él a solas, como cuando estaban juntos, le provocaba un volcán de sensaciones y sentimientos.

  • Aquí me tienes Alfonso. Tú dirás.
  • Gracias por venir. Me hace mucha ilusión volver a verte. Te echaba de menos.

Alfonso puso su mano sobre la de Sofía y empezó a acariciarla. Ella se quedó quieta, incapaz de reaccionar.

  • Sigo pensando mucho en ti ¿Sabes? Me acuerdo una y otra vez del cumpleaños de Raúl, donde tú y yo nos besamos por primera vez. Sin duda el mejor día de mi vida. Y hoy, saber que iba a celebrar el mío sin ti, se me hacía muy triste la verdad. Aún te sigo queriendo Sofía.

En ese momento ella reaccionó y apartó su mano de la de Alfonso.

  • Sabes que no puede ser, que es mejor así. No insistas. Además, como te dije una vez tú puedes estar con la chica que quieras. Aprovecha, disfruta tu vida. Seguro que hay miles de mujeres dispuestas a hacerte feliz cada día.
  • Yo era feliz estando contigo. Hasta que tu decidiste que recuperar a la caprichosa y egoísta de Laura era más importante que yo.
  • Eso no es así Alfonso. Yo sólo os dañaba a todos. A Laura por estar contigo y a ti porque te entristecía verme sufrir a diario en con mis peleas con ella… Yo no hacía feliz a nadie. Y ahora las cosas están bien. Es mejor que todo se quede así.
  • ¿Las cosas están bien? Quizá tu estés bien, a lo mejor nunca me has querido lo suficiente. Pero yo no estoy bien. Yo te quiero. Yo pienso en ti cada maldito día a todas horas. Y si no fuera por Raúl que me escucha y me apoya a diario probablemente estaría más hundido. Nada está bien. Quizá Laura ha vuelto a tu lado porque le quemaba por dentro ver que yo estaba contigo, y ha luchado para separarnos hasta que lo ha conseguido. La felicito, ya veo que no hay reto que se le resista. Pero las cosas no están bien Sofía. Para mí cada día es un puto infierno.
  • Nunca había estado tan enamorado de nadie como lo estoy de ti. Y perdóname, pero si no te digo todo esto reviento.
  • Lo siento mucho Alfonso. Yo no quería hacerte sentir mal, ni que tuvieras que pasar por esta situación que estás atravesando. Pero las cosas sucedieron así y era la mejor decisión. Estoy segura que pronto lo superarás, date tiempo.
    Oye tengo que marcharme. Espero que disfrutes de lo que queda de día. Nos vemos en clase.

Sofía salió rápidamente de la cafetería, necesitaba que le diese el aire, se sentía ahogada… En cuanto pisó la calle se quedó quieta unos segundos, respirando profundamente como si le faltase el aire.

Las palabras de Alfonso se le habían clavado en el alma. Ella también seguía enamorada. Pero no podía volver a una vida en la que ninguno había conseguido ser feliz. Ahora las cosas habían vuelto a la normalidad. Laura y ella estaban bien. Alfonso estaba pasando por una mala racha, pero tarde o temprano podría encontrar a alguna chica mil veces mejor que ella y ser completamente feliz, sin tener que aguantar dramas ajenos.
No podía volver con Alfonso porque era muy probable que de esa forma volviese a hacer daño a su mejor amiga. Y no podía permitir eso. Tenía que ser fuerte y dejar que todo lo que había conseguido se mantuviese así.

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