ECONOMISTA

El sábado 16 de diciembre viajamos a Madrid para tener un segundo encuentro con Víctor. Y pongo el día exacto porque hay fechas que no se olvidan. Claudia y él habían seguido teniendo contacto telefónico desde la primera cena y estaba claro que mi mujer deseaba volver a quedar con Víctor.

Dejamos a las niñas en casa de mis suegros y pusimos la excusa de las compras navideñas para viajar a Madrid. Las semanas anteriores habían sido muy intensas en lo que a sexo se refiere, Claudia estaba especialmente caliente, supongo que sería por la permanente idea de encontrarse con el atractivo médico.

El martes y el jueves de esa misma semana nos conectamos con Toni, fueron dos sesiones salvajes de cibersexo donde fantaseamos con lo que podía ocurrir en la cena entre Víctor y Claudia. El martes me tumbé en el sofá y mi mujer terminó restregándome el coño por la cara con el culo puesto hacia la cam, el jueves se puso a cuatro patas en lencería y se masturbó delante de Toni mientras yo a su lado veía la escena y para correrse Toni nos pidió que mi mujer se metiera un consolador en esa postura. Encantado se lo busqué en la caja de nuestros juguetes.

Yo este viaje iba mas nervioso que la primera vez y curiosamente a Claudia le pasaba lo contrario, era como que iba mas relajada. A mi lo que me preocupaba era el sentimiento de vergüenza que pudiera tener delante de Víctor. Cuando tuvimos la primera cita con él podía haber alguna duda acerca de mi condición de cornudo, pero esta segunda vez ya no la había después de lo que había pasado en su piso. Le estaba poniendo a mi mujer en bandeja de plata a ese cabrón para que se la follara y además me encantaba hacerlo. Seguramente durante la cena el sentimiento de morbo y humillación fuera muy superior al primer encuentro, pero también era mayor la vergüenza que iba a pasar.

Además íbamos a ciegas, Víctor se había encargado de organizar todo, nos dijo que lo dejáramos en sus manos y no teníamos ni idea de sus intenciones, ni del plan que tenía.

Llegamos a Madrid a media mañana, aunque había sido la excusa con la familia no nos íbamos a librar de ir a un centro comercial a pegarnos unas cuantas horas de compras. Cuando casi habíamos terminado pasamos por una tienda de ropa interior, tenían en el escaparate unos conjuntos muy sexys de braguitas y sujetador y Claudia se quedó mirando desde fuera.

– ¿Quieres comprarte uno para esta noche?, dije yo.

Fue la primera mención que hicimos al encuentro con Víctor y yo pensaba que Claudia me iba a contestar que no, que si se compraba algo era para mi o porque la gustaba a ella, mas o menos lo que siempre me decía, pero esta vez no. Se quedó pensativa y me dijo.

– ¿Te apetece elegirlo tu?

Aquella simple frase me provocó una tremenda erección. Claudia iba a por todas y por como lo dijo aquello me confirmaba que mi mujer no contemplaba otra posibilidad que no fuera tener un encuentro íntimo con Víctor.

– Me encantaría.

Llenos de bolsas entramos en la tienda y nos atendió una chica morena que rondaría los 30 años muy atractiva con un físico imponente.

– ¿Puedo ayudaros en algo?
– Si, mi marido quiere hacerme un regalo y hemos visto cosas muy monas en en el escaparate, dijo Claudia.

La chica enseguida captó por donde iba nuestra idea.

– ¿Quieres algún conjunto, una bata, algún salto de cama…?, me preguntó.

Claudia se quedó un poco al margen con una media sonrisa, la muy cabrona me iba a hacer pasar un mal rato sabiendo que soy muy cortado para esas cosas.

– Habíamos pensado mas en un conjunto, braguita y sujetador, dije yo.
– ¿Color?
– Había unos morados en el escaparate muy bonitos.

Me acompañó fuera y le dije cual era el modelo que me había gustado, un conjunto morado medio transparente de sujetador y braguita brasileña. No tuve ni que decir las medidas de Claudia, la chica sacó una cajita y nos la dió.

– Este te va a quedar perfecto, le dijo la dependienta a Claudia.

Después de pagar dejamos las compras en el coche y buscamos un restaurante para comer, para luego ir a descansar un rato al hotel. En cuanto entramos en la habitación recibimos un mensaje de Víctor.

– Quedamos a las 22:00 en el hall del hotel. 15:44.

Nos quedamos sorprendidos de que viniera a buscarnos en persona al hotel, le habíamos dicho donde nos hospedábamos simplemente para que se organizara y el restaurante para cenar no quedara muy lejos, pero no pensamos en que se iba a acercar hasta allí.

Era parte de su plan.

Sobre las 20:00 de la tarde Claudia empezó a prepararse metiéndose en la ducha y después lo hice yo que no tardé nada en vestirme. Como de costumbre me tumbé en la cama a esperar casi una hora a que mi mujer estuviera lista. Lo primero que hizo fue salir del baño con el conjunto puesto de lencería que yo la había regalado.

La chica de la tienda tenía razón. Le quedaba perfecto.

– Es muy bonito, gracias por el regalo, dijo delante del espejo apretándose las tetas y poniéndose de medio lado para ver como la quedaba la parte de atrás.

Yo en cuanto ví a mi mujer así vestida volví a tener una erección. Como un buen cornudo le había comprado a Claudia la ropa interior que ella iba a llevar para otro hombre. Sus tetas lucían poderosas delante del espejo y su culazo parecía estar mas en forma que nunca.

Mi mujer estaba tremenda.

Se puso una camisa blanca y en la parte de abajo una falda de cuero granate por encima de las rodillas con una pequeña abertura con cremallera por un lado. Las medias eran negras normales y llevaba unos zapatos de tacón muy alto. Como siempre iba impecable y se estuvo dando retoques de maquillaje hasta las 10 en punto. Ya estábamos listos.

Bajamos al hall del hotel y Víctor estaba de pies esperándonos. Su vestimenta era muy parecida a la del primer día, americana azul, camisa blanca y vaqueros y otros zapatos italianos también de color azul.

Después de dar dos besos a mi mujer y a mi estrecharme la mano con fuerza nos preguntó por las compras durante el día.

– Agotador, dije yo.
– No tengo ninguna duda, no hay nada mas agotador que pasar un día de compras con una mujer, dijo Víctor en tono bromista para que no sonara muy machista su comentario.
– Pues tu dirás, dijo Claudia, ¿donde vamos?
– Esta noche he reservado en el restaurante del hotel, así no tenemos que movernos, me han dicho que aquí se cena muy bien.

Nos volvió a sorprender y mucho que hubiera reservado en el mismo hotel donde nos hospedábamos, pero no le llevamos la contraria y le seguimos hasta el restaurante. Entramos en un salón bastante elegante y nos sentaron en una mesa cuadrada con 3 cubiertos. Si en la primera cita ya participé poco en esta directamente Víctor hizo como que no estuviera. Tengo que reconocer que toda la comida estaba buenísima, una ensalada de frutos secos, un plato de jamón y unas carnes a la brasa poco hechas que pude degustar mientras veía como Víctor flirteaba con mi mujer.

– Tenía muchas ganas de volverte a ver, después de como nos despedimos en mi casa, le dijo a Claudia.

Mi mujer no sabía ni que contestar, sin duda ahora estaba cortada de que yo estuviera delante y no quería decir nada que me dejara en mal lugar.

– Luego me gustaría invitarte a una copa y estar los dos en un sitio mas tranquilo…

Claudia me miró en un último intento de que yo participara.

– Podemos ir los tres, dijo.
– Prefiero que estemos a solas, dijo Víctor.
– Por mi no hay problema, lo que tu prefiera, dije yo a mi mujer.
– Voy al baño un momento, dijo Claudia levantándose.

Estaba claro que querían estar a solas y yo ya solo era un estorbo, pero mi mujer no se atrevía a decirlo abiertamente y menos delante de Víctor, así que nos dejó solos a ver si nosotros decidíamos que hacer, además con la excusa podría retocarse en el baño, aunque no hiciera falta porque estaba perfecta. La elección de la falda de cuero granate hasta las rodillas fue todo un acierto, los dos nos quedamos mirando su culo mientras se alejaba entre las mesas. Luego Víctor me habló casi por primera vez en toda la cena.

– Cuando terminemos quiero tomar algo con Claudia en el bar del hotel, me gustaría que nos dejaras a solas…
– Si Claudia quiere, me parece bien…
– Mira David, vamos a ser sinceros, los dos queremos lo mismo, pero si estás tu delante va a ser mas difícil que ocurra, como el otro día en mi casa por ejemplo, si estás tu Claudia se corta bastante, pensé que no la iba a cohibir tanto tu presencia pero si lo hizo, si el otro día no hubieras venido Claudia y yo habríamos llegado hasta el final…ya me entiendes…me parece bien que vengas a la cena, así ella está mas tranquila, pero para “lo otro” nos tienes que dejar mas espacio…¿lo entiendes, verdad?

Desde luego que el cabrón estaba siendo directo. Me estaba diciendo que le dejara vía libre para follarse a mi mujer.

– Tu déjame a mi, después de cenar la voy a invitar a tomar algo en el bar de aquí, dile a Claudia que nos esperas en el hall del hotel…
– Vale, dije agachando la cabeza.

Justo en ese momento llegó Claudia.

– Bueno, ¿que estabais hablando?
– Nada, cosas nuestras, dijo Víctor dándome una palmada en la espalda.

Si hasta ese momento había pintado poco, después pinté ya menos, Víctor sabía que yo no me iba a interponer en sus planes de follarse a mi mujer. Y cumplió su palabra.

Cuando terminamos de cenar salimos al hall del hotel y entonces Víctor le dijo a Claudia.

– Te invito a tomar una copa aquí en el hotel.
– Vale, dijo Claudia, vamos David…
– Yo, si no os importa os espero aquí, dije mirando hacia los sillones del hall.

Claudia me miró extrañada.

– ¿Y eso?
– Tu vete tranquila, que yo os espero aquí, dije sentándome para no tener que dar mas explicaciones.
– Vale, ahora venimos, dijo mi mujer dirigiéndose con Víctor de nuevo a la zona del restaurante.

Miré hacia ellos y él pasó la mano por la cintura de Claudia. No era algo sutil, la llevaba bien sujeta e iban hablando como si fueran pareja. De repente sobre las 00:30 de la noche me quedé solo, allí sentado en aquel lujoso hall del hotel. Saqué el móvil y le eché una rápida ojeada, pero estaba intranquilo, pensando que estaría haciendo mi mujer con aquel seductor. A pesar de eso en ningún momento me arrepentí de lo que estaba pasando y me entraron las ganas de ir a buscar a Claudia para dar por finalizada aquella locura. Eso lo tenía claro. El morbo me superaba por completo y no veía la hora de que al fin Víctor se follara a mi mujer.

Sabía que esa tenía que ser la noche. En caso contrario quizás ya nunca se repetiría tal ocasión.

Cuando llevaba media hora esperando volví a mirar el móvil y nada, ninguna noticia de ellos. ¿De que estarían hablando?

Al poco les vi aparecer, me puse de pies y Claudia se acercó sola donde estaba yo mientras Víctor se nos quedó mirando a unos 20 metros de distancia.

– Víctor ha reservado una habitación en el hotel, dijo mi mujer.

Aquellas palabras me sonaron como una punzada en el estómago. Nervios y excitación a partes iguales. Estuve a punto de preguntarla si estaba segura, pero a media frase me quedé callado, no tenía sentido la pregunta ahora que Claudia parecía decidida a subir con él y por lo que parecía no contaban conmigo.

– ¿Estás seg…?.. quiero que lo pases bien, sube con él, sin problema y cualquier cosa me llamas por teléfono…
– Espérame en la habitación, luego voy
– Vale.

Hice el gesto de echar a andar con ella, pero Claudia no me dejó.

– Espérate aquí, no subas con nosotros…

No me dió ni un beso en la mejilla, solo una caricia en la mano. Luego se giró y se dirigió donde Víctor, pero antes de llegar volvió a mirarme por última vez. Yo me quedé de pies mirando la escena con una erección de campeonato. Y después mi polla palpitó, dura como nunca había estado cuando Víctor volvió a coger a mi mujer por la cintura y echaron a andar solos hacia los ascensores…

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