JORDI MARCOS

No podíamos parar de observar aquellas luces que parecían celestiales en el decorado de algunas calles céntricas de la ciudad. La Señorita Lee, nuestra guía tan amable, nos explicaba detalladamente de que se trataba todo aquello que íbamos examinando. Helena, me cogía suavemente de la mano, y parecíamos percibir por igual, todo el encanto que nos transmitía el decorado.

Era nuestro primer viaje de noviazgo y estábamos entre encantados y algo vacilantes de todo aquello que nos parecía tan lejano y desconocido. La señorita Lee, aparte de explicarnos la historia y origen de la construcción del lugar, nos poetizaba de una forma apasionada, historias románticas de todo tipo de amantes, en especial y con gran énfasis, a los que se solicitaban nupcias amorosas.

Nos sentamos justo al lado de las luces. Helena, fogosa de cariño en aquel instante, me abrazó fuertemente con sus estrechitos brazos de pura delicadeza, formando su cuerpo la unión en un solo cuerpo, el mío. Mirándome fijamente  con sus ojos color crema, me dijo con voz suave:

– ¡Te quiero!…-y  tras unos segundos de pausa mirándonos profundamente, con expresión inocente, me preguntó: ¿y tú a mí?..

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