ESTEFY HERAS

La traición de la amistad

Miro el reloj del móvil. Son las cinco de la mañana y no he conseguido dormir. Las palabras de Sofía todavía retumban en mi cabeza. Realmente nunca hubiese adivinado que ella sintiera algo por Alfonso desde el primer día. ¿Por qué no me lo dijo? Ha sido mucho peor enterarme ahora, cuando ni siquiera he superado aún la ruptura. Lo que más daño me hace de todo esto es haberla perdido a ella. Sofía ha sido mi mejor amiga durante 5 años y ahora todo eso se ha acabado por un tío. Pero por más que lo intento no puedo soportar que ella me haya estado mintiendo durante dos semanas, ni que de todos los chicos que hay en el mundo haya decidido estar precisamente con él. Soy consciente de que perdido el mayor apoyo que tenía en mi vida, la persona que me ayudaba a tirar adelante, pero tengo que ser fuerte y continuar mi camino sin ella.

Después de un par de horas más dando vueltas en la cama decido levantarme. Quizá salir a pasear me ayude a despejarme.

Me doy una ducha y salgo a la calle a desayunar. Es temprano y las calles están tranquilas, el cielo está despejado y luce un tono celeste intenso. Con paso tranquilo y la mirada perdida al horizonte me dirijo a la cafetería más cercana. En cuanto llego pido un chocolate con churros y me siento a esperar. Y mientras espero me doy cuenta que me encantaría poder contar con alguien, tener a alguna persona a quien poder llamar ahora y pedirle un abrazo, alguien que pudiese escucharme y consolarme. Sin embargo, empiezo a entender que ahora estoy sola, más sola que nunca.

 

 

Los días van pasando y me doy cuenta que el tiempo se me echa encima. Apenas faltan ocho días para los exámenes de septiembre. Y en las últimas 3 semanas no he cogido un libro. No tenía motivación ni ganas de nada y era incapaz de concentrarme. Desde aquel día que Sofía estuvo en casa, no he vuelto a estudiar. Soy consciente de que ya es tarde para arreglar eso, que ya no voy a aprobar las 5 asignaturas que me quedaron. Y me da pena. Sinceramente llevaba un buen ritmo de estudio y hubiera sido posible aprobar todo con el entusiasmo y la ayuda de Sofía, pero ya nada puedo hacer. El curso está perdido y he asumido que tendré que repetir primero de bachillerato. Definitivamente este no ha sido mi mejor año. Sólo espero que el siguiente no sea tan catastrófico. Para una semana que me queda de vacaciones decido escapar de todo y me cojo una habitación de hotel en la playa, quizá para pasear por la arena y reflexionar un poco de todo lo que ha pasado en este tiempo. O quizá para recordar aquella escapada con mis amigos en la que tan bien lo pasamos todos y aquella primera noche tan mágica con Alfonso. Es increíble cómo puede cambiar todo en tan poco tiempo, y pasar de tenerlo todo a no tener nada.

La semana a solas en Cádiz se me hace un poco larga, pero los paseos por la playa me ayudan a desconectar y a recargar las pilas. Sentarme en la arena y mirar el mar es para mí la mejor terapia, es lo único que verdaderamente me llena me relaja y me llena de energía positiva.  Creo que este año podré empezar el curso con la fuerza y la motivación necesarias para no venirme abajo.

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