ECONOMISTA

Llevaba dos días en los que no se había atrevido a bajar a la cafetería del hospital por miedo a encontrarse con Andrés. El mensaje que había recibido era muy duro. “Eres un hijo de la gran puta”. No cabía duda de que Paloma le había contado su versión de lo que había pasado en Barcelona y seguramente él no saldría muy bien parado en la historia.

Tarde o temprano tendría que asumir sus actos y afrontar las consecuencias, pero no se encontraba preparado. Prefirió quedarse en su consulta y llamó a Claudia. Ahora alternaban hablar por teléfono o por whatsapp y ya estaban ultimando los detalles para un segundo encuentro. Habían concretado la fecha para mediados de diciembre. Solo quedaban 10 días.

Claudia estaba en su despacho de Jefa de estudios en el instituto, cuando tenía alguna hora libre entre clase y clase se metía allí y se acariciaba el coño un buen rato sin llegar a correrse, hasta que se ponía extremadamente cachonda. En ese estado de calentura acudía a la siguiente clase con sus alumnos con miedo de que pudieran notar como estaba, pero de la que salía mas caliente todavía. Era una bola de nieve que se iba acumulando y ya a última hora antes de irse para casa se acababa masturbando en su despacho para pegarse una corrida con mayúsculas, liberando la tensión acumulada durante toda la mañana. Aquel día estuvo 5 minutos hablando con Víctor por teléfono y cuando colgó puso un pie sobre la silla y abrió las piernas. Era una postura inapropiada e indecente. Siempre se imaginaba que un alumno abría la puerta y la pillaba así, ¡a la jefa de estudios!, incluso se estaba volviendo cada vez atrevida, había dejado de cerrar la puerta con el cerrojo y ahora algunas veces hasta se sacaba las tetas para acariciarse el coño.

Si alguien tocaba en su puerta tendría el tiempo justo de bajarse el jersey y bajar la pierna, si es que no pasaba sin llamar, donde entonces la pillarían haciéndose un dedazo.

No podía dejar en su siguiente encuentro con Víctor, ella sabía que si volvía a Madrid ya era para follar con el médico, no podía seguir poniendo mas excusas, sin embargo cuando se masturbaba pensaba en cosas mas impúdicas y lascivas, no en el atractivo médico. Se le venían a la cabeza sus alumnos, aquellos jovencitos deberían tener bajo sus pantalones unas pollas tiernas y duras, ¡que suerte tenía Mariola que se iba a follar a Lucas en apenas tres meses!, le gustaba hacerse la ofendida delante de su amiga cuando ella sacaba el tema, pero en el fondo deseaba saber todos los detalles de sus futuros encuentros y sabía que Mariola tarde o temprano se lo contaría sin dudar si ella se lo pedía. Su mejor amiga iba a follarse a uno de sus alumnos. ¿Que opinarían en el consejo de dirección del instituto si se enteraban de esa relación?

Luego pensaba en su cuñado Gonzalo, muchos días lo hacía, como la había masturbado en la boda de su prima y ella le había dejado que lo hiciera ¡¡en su sitio público, lleno de familiares y con su marido mirando!!, en cuanto le metió la mano debajo de la falda perdió los papeles lo mismo que le había pasado con Don Pedro, el director del instituto. No podía creerse que hubiera terminado con la mano de Gonzalo y del viejo metida en su coño. Y le había encantado.

Esos pensamientos hacían que se mojara mas y mas. Antes de irse para casa decidió que ese día iba a volver a pasarse por el despacho del director. Era un buen momento para intentar retomar los juegos con él.

Cogió sus cosas para ir a dar clase y de camino tocó en la puerta de Don Pedro.

– Si, pasa, ah hola Claudia, eres tu.
– Nada Don Pedro, era solo una cosilla, como me dijo que estos días le llegaba el informe del consejo escolar para…
– Si, si, justo me llegó ayer.
– Ahora tengo clase, ¿le parece bien si me paso luego a última hora y lo hablamos?
– Vale, perfecto, pero no te preocupes Claudia, ya está casi todo hecho, te puedes considerar la próxima directora del instituto para el año que viene, el informe del consejo para que seas la nueva directora no puede ser mas favorable.

La directora del instituto, que bien sonaba eso, es para lo que se había estado preparando estos años. Sin duda alguna era merecido, era una profesora respetada y reconocida y con un expediente intachable. Dió las dos siguientes clases y a última hora de la mañana se pasó de nuevo por el despacho del director.

– Hola Don Pedro, ¿puedo pasar?.
– Si, pasa por favor.

Claudia entró y se quitó el abrigo dejándole en el perchero de la entrada. Llevaba una camisa blanca con una minifalda muy corta como de lana y medias negras, con botas altas hasta las rodillas. El director sacó una hoja y se la mostró.

– Aquí está el informe preceptivo del consejo escolar, después de las fiestas de Navidad tendremos un par de reuniones sin importancia y se formalizará tu nombramiento y a finales de curso antes de jubilarme te nombraré personalmente la nueva directora.
– Que bien, la verdad es que estoy muy ilusionada.

Pasó al lado de la mesa donde estaba Don Pedro y cogió una silla para sentarse a su lado, cruzó las piernas y la mirada del viejo se fue instintivamente a sus piernas. No sabía si le había llamado mas la atención la falda tan corta que llevaba o las botas a la altura de las rodillas, pero enseguida al director le entraron los calores.

– Me gustaría mucho seguir su camino, lo ha hecho usted tan bien, quiero que me aconseje en todo lo que pueda y que antes de jubilarse me ponga un poco al día en lo que tengo que hacer, dijo Claudia cariñosamente poniendo unos instantes la mano sobre el huesudo muslo del viejo.

Luego se inclinó hacia delante apoyando los codos en la mesa y descruzando las piernas mirando la apagada pantalla del ordenador.

– Seguro que tiene mucho trabajo burocrático.
– Nada tranquila, al final te acostumbras, es siempre lo mismo.

El contacto de la mano de Claudia puso en alerta a Don Pedro y se acordó inmediatamente de cuando tuvo la mano bajo la falda de su jefa de estudios. Durante unos días se sintió culpable y temeroso de que aquel acto pudiera tener alguna repercusión en forma de denuncia por acoso o algo así y ahora esta nueva toma de contacto entre ambos.

Desde luego el comportamiento de Claudia era cuanto menos extraño pensaba Don Pedro, ¿podría ser algún tipo de trampa o algo similar que ella le estuviera tendiendo?. No tenía ningún sentido que ella hiciera eso, él siempre se había comportado de manera muy cordial con ella y había sido su principal valedor para que fuera la futura directora del instituto.

¿A que venía ese comportamiento?

La única explicación posible es que Claudia quería tenderle una encerrona para que él volviera a meter la mano bajo su falda y así denunciarle por lo que pasó la anterior vez. Bien pudiera ser eso o la otra posibilidad es que aquello que pasó no fue algo fortuito y ella lo buscó. Estaba claro que Claudia no le dió ninguna importancia porque sino no hubiera vuelto a su despacho como si nada y menos volviendo a poner la mano encima de su pierna. Ahora le tocaba a él.

– ¿Usted cree que seré buena directora?, dijo haciéndose un poco la inocente.
– Desde luego que si hija, vas a ser una estupenda directora, yo además te voy a ayudar en todo lo que pueda.

Dijo Don Pedro que al pronunciar esas palabras puso su mano sobre el muslo de Claudia. Entonces volvió a suceder, ella notó como un pequeño flujo mojó sus braguitas inconscientemente. No sabía porque se excitaba tanto con que simplemente el viejo la tocara la pierna. No solo la tocó, dejó la mano sobre su muslo unos segundos. Claudia pensó que sin duda Don Pedro era de la vieja guardia y hacía eso inconscientemente, a nadie en su sano juicio se le ocurriría hoy en día poner la mano encima de una profesora y menos estando a solas en su despacho.

– Pues se agradece.
– Tú ven las veces que quieras y pregunta lo que se te ocurra, dijo Don Pedro ahora dando pequeñas palmaditas cariñosas sobre el muslo de Claudia.

Para ella cada palmadita era un pequeño espasmo en medio del estómago, una especie de cosquilleo agradable y morboso que hizo que se excitara mas, “quizás he venido demasiado caliente hoy”, pensó Claudia. Le correspondió poniendo también ella la mano sobre Don Pedro.

– Es usted muy buena persona, si le parece bien podíamos quedar, no sé, un par de veces al mes, por ejemplo y me va poniendo al día y enseñando todo, dijo Claudia.
– Por mi perfecto, dijo él ya poniendo la mano sobre la cara interna del muslo de ella.

“Hoy está mas que lanzado el viejo”, pensó Claudia que no quería que la situación ya se le escapara de control el primer día. De un pequeño salto se puso en pies y se alisó la pequeña falda.

– Será mejor que me vaya, se me está haciendo un poco tarde.

Don Pedro se puso de pies también y le acompañó hasta el perchero, ahora pasó una mano por detrás de la espalda suavemente mientras con la otra le señalaba la puerta de salida en un gesto cortés.

– Por supuesto, aquí tienes tu despacho, vuelve cuando quieras…
– La semana que viene vamos concretando y me dice que días le vienen bien para poder quedar y me va enseñando un poco el trabajo que hace…
– Me parece perfecto Claudia, pues hasta la semana que viene.

Claudia salió del despacho rápidamente y se metió en el suyo. Esta vez si cerró la puerta con el cerrojo, no podía aguantarse más. Jadeando y deprisa se desabrochó los botones de la camisa y tiró del sujetador hacia arriba para sacarse las tetas. Se apoyó sobre su mesa, sacando el culo hacia fuera y se subió la falda para luego meterse la mano entre las piernas y frotarse el coño por encima de los panties.

Al notar el frío de la mesa los pezones se le pusieron duros y la encantó esa sensación, movía el culo en círculos y estaba empezando a salivar, “Don Pedro, es usted un viejo verde”, se le escapó jadeando, “¿usted cree que seré una buena directora?”, dijo cuando le empezaron a temblar las piernas en el momento de correrse…

Recuperándose del orgasmo se sentó en la silla, no se había molestado ni en taparse las tetas, estaba sofocada y todavía se acariciaba los pechos de manera suave. Cogió el móvil y le mandó un whatsapp a su marido.

– Dentro de 10 días hemos quedado otra vez con Víctor. Ya confirmado. 14:21.

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