ESTEFY HERAS

La fuerza del destino

Sofía llegó a la casa del hermano de Raúl sobre las dos de la tarde. Él tenía 28 años, era arquitecto y vivía solo. Se había ido a pasar el fin de semana a Málaga con unos amigos y Raúl aprovechó la ocasión de tener una casa vacía para celebrar su cumpleaños con los amigos. Tenían música, alcohol, comida, y una casa para ellos solos durante todo el día y toda la noche, así que la fiesta prometía.

Alfonso vio llegar a Sofía, y se acercó a saludarla.

  • ¡Menos mal que apareces! Pensábamos que ya no vendrías.
  • Es que Laura me estuvo hablando por WhatsApp y me entretuve un poco.
  • ¿´Como está? ¿Va a venir?
  • Me temo que no. Dice que aún no está preparada para verte, que tenerte cerca todavía le hace recordar vuestros momentos juntos y le resulta doloroso.
  • A veces me hace sentirme como la peor persona del mundo.
  • Lo superará, dale tiempo.
  • Bueno, oye ven al jardín que estamos con la barbacoa y comes un poco, ¡Si es que éstos han dejado algo…!
  • Espero que si, porque me muero de hambre.

Raúl estuvo toda la tarde de un lado para otro hablando con todos, recibiendo regalos, haciéndose fotos, encargándose de la barbacoa… Así que no podía dedicar mucho tiempo a Sofía y Alfonso. Pero pude apreciar que no se separaron en ningún momento.

 

 

Sobre las ocho a Sofía le empezó a doler un poco la cabeza y Alfonso le propuso que entrasen dentro de la casa, ya que en el salón estarían más tranquilos. Sofía accedió, entraron y se sentaron en el sofá. Estaban a solas. Todos los demás seguían en el jardín, comiendo, bailando, y riendo. Alfonso le sirvió un cubata, y aunque ella no solía beber, pensó que quizá la ayudaría a olvidar el dolor de cabeza y lo aceptó.

  • La verdad es que Raúl no se lo ha montado nada mal. ¿Cuándo vuelve su hermano?
  • Mañana por la noche. Es probable que la fiesta se alargue hoy. Hay que aprovechar este tipo de oportunidades jaja.
  • Jaja, si. Se está muy bien aquí, aunque el pobre Raúl anda un poco liado… Menos mal que estás tú si no me sentiría un poco sola.
  • Yo también me he sentido muy cómodo toda la tarde contigo.

Alfonso y Sofía se miraron durante unos segundos. Ella seguía manteniendo en secreto los sentimientos que tenía. Él por su parte siempre la había visto preciosa, y en estas últimas semanas de charlas a diario estaban más unidos. Aunque el motivo de sus conversaciones fuera conocer cómo se encontraba Laura, él había notado que le gustaba mucho estar con ella, su dulzura le atraía mucho.

Sin pensárselo demasiado y quizá por la valentía de los cubatas, Alfonso se acercó a Sofía la cogió de la barbilla, y sin decirle nada, la besó en los labios dulcemente. Cuando se apartó de ella la miró con una sonrisa, y le acarició la mejilla. Sofía estaba inmóvil, no se podía creer lo que estaba pasando. Alfonso, su amor platónico, el chico con el que soñaba en silencio desde hacía casi un año, acababa de darle un beso…

 

Antes de que pudiera darle tiempo a pensar en nada, él volvió a besarla de nuevo. Un beso suave, delicado, perfecto… Alfonso le cogió la mano a Sofía, y empezó a acaríciasela. Ella seguía sin hacer ni decir nada. No sabía si se le había subido la copa a la cabeza, o si eso estaba pasando de verdad. ¿Era posible? ¿Alfonso fijándose en ella? Le había cogido tan de sorpresa que era incapaz de reaccionar.

  • Sofía ¿Estás bien? Te pido disculpas si te he podido incomodar….
  • No, estoy bien, perdona. Es sólo que no me esperaba esto.
  • He sido muy lanzado. No sé cómo he podido pensar que yo te gustase.
  • En realidad… me gustas desde el primer día que te vi aparecer en clase. Pero lo he mantenido siempre en silencio. No quería hacer daño a Laura.
  • ¿En serio?
  • Pero… Si yo te gustaba, y encima siendo el novio de tu mejor amiga, no me quiero imaginar lo mal que lo habrás pasado cada vez que nos veías juntos. Esas cosas duelen Sofía.
  • Aprendí a vivir con ello. Si te digo la verdad a veces me sentía culpable de ser tan egoísta, de pensar sólo en mis sentimientos y no alegrarme por vosotros.
  • ¿Sentirte egoísta era lo que te preocupaba? Eres realmente increíble. Cada día me sorprendes más.
  • Además, yo nunca pensé que te fueras a fijar en mí.
  • ¿Por qué no? Eres preciosa. Y tienes un gran corazón. Para mi eres perfecta.

 

 

 

Mientras decía esas palabras Alfonso siguió besando a Sofía una y otra vez. Y ella se sentía como en un sueño. Lo había visto siempre tan inalcanzable… Y ahora le tenía ahí, a su lado, besándola. Y no quería que eso terminase.

  • Oye Sofía, aquí hay mucha gente y en cualquier momento puede entrar alguien al salón y vernos. ¿Qué te parece si vamos a dar una vuelta? Creo que no es prudente que estemos aquí besándonos…
  • Si, tienes razón. Es mejor que nos vayamos. No es buena idea quedarse aquí entre tanta gente.

Alfonso le dijo a Raúl que iba acompañar a Sofía a casa porque le dolía un poco la cabeza y no se encontraba bien, así que se despidieron y se marcharon. Estuvieron paseando un rato, y charlando un poco de todo. Luego pararon a cenar y a tomar algo. Durante todo el rato Alfonso estuvo muy cariñoso con ella, la besaba, la abrazaba, le decía que era preciosa… Y Sofía se sentía como en una nube.

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