ESTEFY HERAS

La vida sigue

Han pasado ya cinco semanas desde aquel fatídico día en el que Alfonso me rompió el corazón. Y aún no levanto cabeza. Los días en clase me resultan incómodos porque tengo que seguir viéndolo, y para colmo no se le ve nada afectado. Al final era cierto que tampoco le he importado tanto. Yo sólo estaba siendo un juego o quizá la novedad del momento, pero realmente nunca ha estado enamorado de mí.

Los primeros días intentó hablar conmigo para saber qué tal me encontraba, pero no me apetecía que fuésemos amigos. Le dije que me haría menos daño si se mantenía alejado y me hizo caso.

La verdad es que me siento en un momento de mi vida en el cual no tengo motivación por nada. Soy consciente de que lo único que ha cambiado con respecto a hace apenas 6 meses es haber vivido por primera vez una relación. Sin embargo, el tiempo que eso ha durado ha sido todo tan intenso para mí, y estaba tan convencida de que esa nueva vida sería así siempre, que el hecho de salir de esa burbuja de repente hace que ya nada tenga sentido para mí.

A apenas un mes de terminar el curso, y con los últimos exámenes suspendidos y bastantes trabajos sin entregar, soy consciente de que he perdido el año. Aunque lo intentase me resultaría muy difícil ponerme al día a estas alturas, y sinceramente, tampoco tengo ningunas ganas de luchar por nada en concreto. He asumido que lo dejaré para septiembre y me prepararé con calma durante el verano.

 

 

Hoy he quedado con Sofía para merendar, así que cojo mi abrigo y salgo a la calle en dirección a la cafetería. Cuando llego ella ya está sentada esperándome.

  • ¿Qué tal estás Laura?
  • Bueno, ya sabes. He tenido épocas mejores. Pero estoy bien.
  • Alfonso me pregunta a veces por ti. Cómo le dijiste que se apartase no se atreve a volver a hablar contigo.
  • Ni falta que hace. No quiero ser su amiga. Prefiero que se mantenga distante.
  • Pero Laura… Sabes que él hizo lo mejor, para ti y para él, si se había dado cuenta de que no estaba enamorado no tenía sentido seguir adelante. Él no quería engañarte o hacerte más daño.
  • Lo sé. Es sólo que ahora mismo no soy fuerte para que tengamos una amistad. Quizá más adelante, no sé. En fin, quería pedirte un favor.
  • Claro, lo que necesites. Sabes que puedes contar conmigo para todo.
  • Voy a necesitar un poco de ayuda para prepararme las asignaturas este verano. Cuento con que me quedarán unas 5 para septiembre. No tengo ahora mismo la cabeza para intentar salvar ninguna antes de que acabe el curso la verdad…
  • Te ayudaré sin duda. Ya verás que en septiembre lo sacas todo, ni lo dudes.

La merienda con Laura me anima bastante. Poco a poco empiezo a aceptar las cosas, y a volver a vivir.  Quizá había tardado demasiado en superar una relación que apenas había durado unos meses, pero había sido mi primer amor, mi primera vez… Lo había vivido de una forma muy intensa, y terminar con todo eso me había dolido justo con la misma intensidad. Afortunadamente no estaba sola, Sofía estaba ahí para todo.

 

Los días fueron pasando y aunque parecía que iba a ser imposible, me iba acostumbrando a no ver a Alfonso.  Sofía venía a mi casa cada tarde, estábamos más unidas que nunca. Me apoyaba en todo, sobre todo en centrarme en los estudios que los había descuidado por completo. Tal y como me imaginaba me quedaron 5 asignaturas, y me tocó aguantar una buena bronca de los profesores por la gran caída que había tenido en los últimos meses, pero les prometí que lo arreglaría en septiembre.

El último día de curso los compañeros de clase decidieron ir todos juntos a comer, a modo de despedida, y yo decidí unirme. Al terminar de comer, cuando estaba tomándome un refresco y hablando en la terraza del bar con un par de compañeras vi que Alfonso me miraba y se acercaba.

  • Hola Laura. ¿Qué tal han ido las notas?
  • Me han quedado algunas.
  • En los últimos dos meses faltaste mucho a clase…
  • Lo sé. Pero no quiero hablar de eso. Ni siquiera sé si quiero estar hablando contigo ahora.
  • No quiero que estés mal por mi culpa. Si necesitas algo yo…
  • Estoy bien gracias.

Aún me dolía un poco verle y tener que actuar como una amiga, como si nada entre nosotros hubiera pasado… Ya no me apetecía seguir allí en aquel bar. No quería estar cerca de él. Así que me despedí de todos, y avisé a Sofía de que me volvía ya a casa.

 

 

  • ¿Por qué te vas tan pronto? Vamos a ir en breve todos juntos a tomar un café. Quédate con nosotros.
  • No me apetece, gracias.
  • ¿Es por Alfonso? Os he visto hablando.
  • No te preocupes está todo bien, simplemente estoy cansada y me quiero ir a casa.
  • De acuerdo. ¿Quieres que te acompañe?
  • No es necesario. Quédate y disfruta de la despedida. Nos vemos mañana por la tarde mejor.
  • De acuerdo. Mañana me paso por tu casa y salimos a tomar algo. Por cierto, te dejaré un par de días para que desconectes, pero después empezaremos cada mañana con el repaso de las asignaturas que te han quedado ¿vale? No quiero que en septiembre te vuelve a pasar.
  • A sus órdenes jaja. Y gracias por todo Sofía. Eres mi mejor amiga.

Antes de salir del bar miré por última vez a Alfonso, probablemente en todo el verano ya no le vería más. Le vi con Raúl y con un par de compañeros hablando y riendo. Se mostraba despreocupado, disfrutando del momento.  Ni siquiera trató de ir a despedirse de mí o de mirarme mientras me alejaba. Él sabía que no nos veríamos más, por lo menos hasta que no empezara de nuevo el curso. Ésta era la única ocasión para despedirnos, y aunque reconozco que en la conversación yo me había mostrado un poco distante con él, realmente esperaba que hubiese venido a darme un abrazo y a desearme un buen verano. Pero ni se giró para mirarme. Parecía mentira que antes hubiese estado tan unido a mi…

 

 

Alfonso vio de reojo como Laura se despedía de todo el mundo y se marchaba. Pero no se acercó a ella porque no quería molestarla más. Ella había sido clara en muchas ocasiones, todavía su amistad le hacía daño y necesitaba tiempo. Como no había forma de preguntarle directamente cómo se encontraba, él se encargaba de hablar a diario con Sofía para que se lo contase todo. Realmente se sentía un poco mal por toda la situación, nunca había querido hacerle daño a Laura. Pero se dio cuenta de que no estaba enamorado, de que había malinterpretado sus sentimientos, Laura le gustaba mucho, pero jamás había llegado a sentir algo por ella. Y por mucho que intentase convencerse de que la quería, realmente no tenía ese tipo de sentimientos hacia ella.  Aquellos días en los que debido a los exámenes estuvieron más distanciados, Alfonso se dio cuenta de que no la echaba de menos, no la necesitaba, no sentía ganas de volver a verla… Y eso no era amor.

Sin embargo, como amigo se preocupaba por ella y no quería que estuviese mal. Al verla marcharse del bar presentía que había sido por culpa suya, para no tener que verle más. Así que fue a hablar con Sofía para ver si se equivocaba.

  • Sofía, ¿puedo hablar contigo?
  • Tú dirás.
  • ¿Qué tal está Laura? ¿Por qué se ha marchado tan pronto?
  • Creo que se ha rallado un poco, por ti. Aún se le hace un poco raro todo, le cuesta tener que tratarte como a un simple amigo…
  • No sé que hacer. No me gusta verla sufrir. Pero si no siento nada por ella tampoco puedo obligarme a sentirlo.

 

 

 

  • No tienes que hacer nada Alfonso. Simplemente deja que el tiempo cure sus heridas. Se le pasará ya lo verás. Has hecho lo mejor para los dos. No hubiese tenido ningún sentido engañarla a ella o engañarte a ti mismo.
  • Tienes razón. Oye gracias por estar ahí todo este tiempo apoyándola, eres una buena amiga. Sin ti todo hubiese sido más difícil para ella.
  • Bueno, la verdad es que nunca la hubiese dejado sola. Me necesitaba antes y me necesita ahora. Tengo que apoyarla con los exámenes de septiembre y no voy a dejar que pierda el curso, además tenemos que seguir juntas en segundo. Jaja.
  • Pero entonces ¿Tú vas a pasar tu verano repasando cosas de asignaturas que ya has aprobado?
  • Bueno… Ayudándola a estudiar más bien, pero si. Ella me lo ha pedido y no pienso decirle que no.
  • Pues tengo que decirte que eres una gran persona Sofía. No todo el mundo pasaría parte de su verano entre libros y apuntes teniéndolo ya todo aprobado. Vales muchísimo.
  • Tú también eres un gran chico.
  • Muchos de los que están aquí no dirían lo mismo.
  • Quizá no puedan entender que tú has hecho lo correcto. No se pueden forzar unos sentimientos que no existen. Da igual lo que pueda pensar la gente. Eres un chico muy noble Alfonso y siempre lo has sido. No cambies nunca. Ten muy claro que eres el tipo de hombre con el que todas querrían estar.
  • Vas a conseguir que me lo acabe creyendo…
  • Es la verdad, tonto. ¿Oye qué te parece si nos unimos a los demás y les proponemos ir todos juntos a tomarnos un café al Starbucks?

 

 

  • Me parece bien. Y gracias por la charla Sofía. Me has animado mucho, lo necesitaba.
  • De nada, puedes hablar conmigo siempre que lo necesites.

 

Después de darme un par de días de descanso y de preparación, Sofía empezó a venir todas las mañanas 3 horas para ayudarme con las asignaturas. La verdad es que se estaba portando muy bien conmigo. Apenas llevábamos 3 semanas estudiando, pero poco a poco empezaba a recuperar el ritmo que había perdido. Por lo buena que estaba siendo conmigo me apetecía tener algún detalle con ella así que pensé en invitarla a comer y le envíe un WhatsApp para quedar con ella:

  • Laura, ¿Que te parece si pasamos el domingo juntas? Había pensado que podríamos comer en el restaurante ese italiano al que siempre hemos querido ir. ¡Pago yo! ¿Te animas?
  • Hoy no puedo, lo siento. Es el cumpleaños de Raúl. Y va a hacer una fiesta en la casa de su hermano. No te dije nada porque estará Alfonso y supuse que no querrías encontrarte con él… Pero si decides apuntarte me darás una alegría. Me encantaría que vinieses conmigo.
  • ¿Coincidir en una fiesta con Alfonso? Uf, que va. No estoy preparada para ser simplemente su amiga. Pásalo bien y ya comemos juntas mañana 😊.
  • Ya te contaré que tal la fiesta. Un besito Laura.

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