ESTEFY HERAS

San Valentín

Apenas faltan unos días para San Valentín, así que decido dejar un poco los libros y aprovechar la tarde del jueves para comprarle algo a Alfonso.

Me pongo un abrigo y un gorro de lana y salgo a la calle. Son las 18.00 y ya está oscureciendo. Hace bastante frío, pero hay mucha gente paseando y algo de tráfico. Voy caminando sin tener mucha idea de a donde quiero ir o que le quiero comprar. Pero sí sé que quiero sorprenderle. Quiero que de alguna forma tenga algo que cada vez que lo mire le recuerde a mí. Entro en varias tiendas a echar un vistazo, pero no veo nada que me convenza… Aun así, no me rindo y sigo buscando.

Mientras voy caminando paso por el escaparate de una joyería y me quedo mirando los relojes. ¡Sí!, creo que eso era justo lo que estaba buscando: un reloj que lleve encima a todas horas, y que le recuerde a mi cada vez que lo mire. Entro en la joyería y le compro un Lotus Azul. Estoy segura de que le encantará, al final ha merecido la pena salir a buscar algo sin una idea fija. Como estoy cerca de la casa de Sofía la llamo para que se venga y cenar juntas, me dice que baja en 10 minutos así que me acerco a la puerta de su casa a esperarla.

  • Laura, perdona que haya tardado tanto, estaba secándome el pelo.
  • No te preocupes, salí a comprarle un reloj a Alfonso por San Valentín, y de camino a casa pasaba por aquí y he pensado en ti. Hace tiempo que no quedamos a solas. ¿Qué te parece si vamos a una pizzería?
  • Me parece genial. Bueno es normal que entre los exámenes y tu novio pues estés más liada y no podamos vernos tanto. No te preocupes por eso.
  • Gracias por entenderme. Aun así, siempre que pueda voy a seguir contando contigo para vernos a solas como en los viejos tiempos.
  • De acuerdo. Sabes que eres mi mejor amiga, y me vas a tener aquí siempre.

En cuanto suena la alarma del móvil doy un salto en la cama. Hoy es martes, 14 de febrero. Y estoy deseando ver a Alfonso y darle su regalo. Cuando me estoy vistiendo recibo un WhatsApp suyo:

  • ¡Buenos días preciosa! Feliz día de San Valentín. Quiero que sepas que te quiero muchísimo.
  • Buenos días guapo. Yo también te quiero muchísimo. Conocerte es lo mejor que me ha pasado…
  • Se me ocurre que podríamos escaparnos las primeras horas de clase y desayunar juntos… ¿Te animas? Te espero en 15 minutos en la cafetería de siempre.
  • Ahí estaré. Un besito.

Cojo mi abrigo y el regalo y salgo de casa. En cuanto le veo esperándome en la puerta de la cafetería con una rosa me lanzo sobre él y le doy un beso.

  • ¿Esta rosa es para mí? No sabía que fueses tan romántico…
  • Ni yo, jaja. Pero ya te dije que tú sacas lo mejor de mí.
  • Me encanta, es preciosa. Eres un encanto.
  • Tú te lo mereces todo Laura.

Mientras Alfonso pide dos cafés y unas tostadas, saco su regalo de mi mochila y lo pongo en la mesa, además también le he escrito una carta, y se la dejo junto al reloj. Cuando llega y ve la caja del regalo me mira y sonríe.

  • Te me has adelantado Laura. No me ha dado tiempo a darte tu regalo aún.
  • ¿Cómo que no? Tengo aquí la rosa.
  • ¿Creías que ese era tu único regalo? Jajaja. Toma anda.

Alfonso saca una cajita del bolsillo de su chaqueta y me la da. La verdad es que no tengo ni idea de lo que pueda ser, pero quiero que primero sea el turno de él.

  • Tú me has dado la rosa. Ahora te toca a ti. Así que abre tu paquete o lee la carta.
  • Está bien, vamos a hacer una cosa, yo leo tu carta primero. Y luego los dos abrimos nuestros regalos a la vez.
  • Me parece bien.
  • De acuerdo. Pues voy con la carta.

“Hola mi amor,

Te escribo para decirte que estas semanas que hemos compartido han sido las mejores de mi vida. Sabes que no se me da muy bien expresar mis sentimientos, pero quiero que sepas que me encanta estar contigo. Te quiero y te querré siempre, porque tú me aprecias tal y como soy, con mis virtudes y mis defectos.

Desde que te conocí has dejado una huella en mi camino imposible de borrar. Sé que a veces me cuesta decirte a la cara lo que siento por ti, pero es que cuando te miro no puedo evitar perderme en tus ojos verdes…. Y entonces ya todo se me olvida.

Hoy en día tengo claro que tú eres el hombre de mi vida. Gracias por enseñarme a amar. TE QUIERO. “

Alfonso se queda un rato mirándome y sonriendo. Puedo sentir la emoción en sus ojos…

  • Esta carta es preciosa Laura.
  • Sólo quería reflejar lo que sentía… Me alegro que te haya gustado.
  • La voy a guardar siempre. Es lo más bonito que me han escrito nunca, muchas gracias. Eres increíble nena.

En ese momento Alfonso se acerca a mí y me regala unos besos llenos de pasión, sólo por esto ha merecido la pena escribir esa carta.

  • Bueno, ha llegado el momento de abrir los paquetes Laura. ¿Preparada?
  • ¡Sí! Sea lo que sea antes de abrirlo quiero que sepas que mi regalo eres tú por esos días que me haces vivir a tu lado.

Mientras le digo eso le guiño un ojo, y con una sonrisa en los labios, empiezo a abrir la cajita. Para mi sorpresa descubro que son unos pendientes preciosos, incluso me sorprende que Alfonso tenga tan buen gusto a la hora de buscar un regalo femenino. Por otro lado, veo que él también se ha quedado sorprendido con el reloj. Creo que los dos hemos acertado.

  • Muchas gracias. Me encanta este reloj Laura. Eres increíble. Me acordaré de ti cada vez que mire la hora.
  • Ese era el objetivo, jeje. Gracias a ti por los pendientes, hacía mucho tiempo que quería unos como éstos.
  • Dáselas a Sofía. Fue ella la que los eligió. Le pedí una tarde que me acompañase a comprarte el regalo.
  • Ya me extrañaba a mí que tú tuvieras tan buen gusto… Jajaja.
  • Reconozco que yo no hubiese conseguido sorprenderte tanto. Me alegro de que te haya gustado.
  • Gracias por todo Alfonso. Gracias por hacerme feliz.

Cuando terminamos de desayunar volvemos al instituto, y en cuanto vemos a Sofía y Raúl, nos dedicamos a enseñarles nuestros regalos con la misma ilusión que un niño el día de los Reyes Magos.

El sábado amanece bastante soleado, apetece pasear por la calle y salir a comer fuera. Decidimos salir juntos los cuatro, a comer y luego a ver una película al cine. Voy a buscar a Sofía a su casa, y cuando está lista nos vamos a un restaurante italiano, allí hemos quedado con Alfonso y con Raúl. Cuando llegamos ya están allí esperando, sentados en una mesa hablando y bromeando con sus cosas. Nos sentamos junto a ellos y nos pedimos unos platos de pasta. Entre risas y confesiones el tiempo se me pasa volando.  Me siento muy cómoda con ellos. Son realmente mis mejores amigos. Y en ese momento siento que lo tengo todo en la vida, el destino me sonríe. No necesito nada más, sólo pido que nada cambie. Todo es perfecto así tal y como está.

Cuando terminamos de comer compramos unas entradas para ver una película de risa y entramos al cine. Una vez sentados y envueltos en la oscuridad de la sala Alfonso me besa. La película resulta ser bastante aburrida, así que poco a poco Alfonso vuelve de nuevo a mí, cada 10 minutos se gira para comerme a besos. Y cuando llevamos una hora

de película la cosa ya se pone bastante intensa. Sus besos empiezan a incluir caricias por encima de mi blusa. Ya somos incapaces de mirar a la pantalla, sólo queremos dejarnos llevar… Para no seguir dando el numerito decidimos salir de la sala entre las bromas de Raúl y Sofía, que se quedan viendo la película.

En cuanto Alfonso y yo salimos de la sala, éste me empuja contra una pared y empieza a besarme. La pasión con la que lo hace me encanta, pero agradezco que no haya nadie alrededor, no me gusta nada llamar la atención. Como la cosa está que arde decidimos ir a casa de Alfonso, ya que sabemos que sus padres no llegarán hasta dentro de cuatro o cinco horas. En cuanto entramos por la puerta rápidamente me lleva hasta su habitación, y empieza a desnudarme a la vez que me besa como si el mundo fuese a acabarse hoy mismo.

Durante las últimas semanas ando muy liada con las clases Alfonso y yo nos hemos visto un poco menos.

Hoy vamos a pasar la tarde del sábado juntos así que me pongo un vestido, me maquillo y salgo a buscarle con una sonrisa. Hemos quedado en una terraza para tomar algo, cuando llego ya está sentado y yo voy corriendo a darle un beso en los labios.

  • Estaba deseando verte… Estoy harta de estar en casa rodeada de libros. ¿Qué tal han ido estos días que has salido con Raúl?
  • De vez en cuando me viene genial que me dé un poco el aire y despejarme…
  • Te envidio. Ojalá yo tuviera tu misma facilidad en los estudios.
  • Todo esfuerzo tiene su recompensa y tú serás una gran publicista el día de mañana.
  • Eso espero. ¡No pienso conformarme con poca cosa después del esfuerzo invertido!
  • Voy a pedir algo. ¿Qué quieres tomar?
  • Una Coca Cola. ¡Gracias!
  • Ahora vuelvo.

En su tono serio y en su mirada perdida siento algo que no me termina de gustar. Le noto distraído, distante… Quizá sean cosas mías, pero incluso cuando me he acercado para darle un abrazo me ha dado la impresión de que se sentía incómodo. Supongo que estoy perdiendo la cabeza de tanto estudiar y exagero un poco las cosas.

Después de tomarnos unos refrescos y hablar un poco de todo, le propongo cenar juntos. Pero me dice que está cansado y que prefiere irse a casa. Es la primera vez que Alfonso se va antes de tiempo o que me rechaza pasar más tiempo conmigo… Pero en contra de lo que pienso y de lo que siento, le digo que me parece bien, y que ya hablamos luego por WhatsApp. Le doy un beso y me vuelvo a casa dando un paseo. No me siento bien. Sofía siempre me dice que tengo el defecto de darle muchas vueltas a la cabeza a todo lo que me pasa. Y es cierto. Soy demasiado susceptible, y tengo una sensibilidad extrema. Puedo llorar con una sola frase, o reír como una loca con un simple gesto divertido. No me cuesta nada mostrar mis emociones. Por desgracia eso a veces resulta más un inconveniente que una ayuda.  Es posible que esté malinterpretando las cosas… pero me siento intranquila. Así que decido enviarle un WhatsApp para quedarme más relajada.

  • Apenas nos acabamos de separar y ya te estoy echando de menos. ¿Quieres que mañana desayunemos juntos? Te quiero.
  • No sé. Creo que prefiero quedarme en casa, no puedo descuidar mucho los estudios y me estoy confiando demasiado. Mejor nos vemos el lunes en clase Laura. Un beso.

Su respuesta lejos de lo que yo pretendía, me deja más intranquila aún. No sé por qué, pero algo me dice que esto no va bien. Intento ser positiva y no comerme mucho la cabeza, pero por la noche no consigo conciliar el sueño.

La mañana del lunes se me hace eterna, me paso las horas mirando el reloj y deseando que terminen las clases para hablar con Alfonso a solas. Ha estado toda la mañana muy callado y muy pensativo, casi ni me miraba. Y yo no he podido prestar atención en ninguna asignatura, mi cabeza está en otro sitio. Necesito hablar con él y que me diga que todo está bien.

En cuanto terminan las clases Alfonso se acerca a mí y me pide que vayamos a comer juntos porque necesita hablar conmigo. Su frase no me gusta nada y durante todo el camino me siento un nudo en la garganta. Sólo quiero que todo esto pase ya y que me diga lo que me tenga que decir.

Llegamos a una pizzería. Alfonso pide una pizza barbacoa y un par de refrescos, y se queda mirándome fijamente durante un rato con una expresión triste. Finalmente se lanza a hablar.

  • Laura, no sé cómo decirte esto. No sé por dónde empezar. Yo no quiero hacerte daño, pero estos días en los que hemos estado más distanciados y yo he estado saliendo con Raúl y tal, pues… bueno, he sentido que…
  • ¿Qué? No te quedes callado ahora. Sigue.
  • Esto no resulta cómodo para mí. Te aprecio mucho y yo…
  • ¿Me aprecias? ¿Pero, cómo que me aprecias? Yo a ti TE QUIERO Alfonso.
  • Escúchame, estos días en los que he estado yo solo pues me he dado cuenta de que no siento por ti lo que creía que sentía. No te he echado de menos, estaba de aquí para allá con Raúl y en ningún momento pensaba en ti, me sentía bien así, a mi aire. No sé, creo que he podido confundir la atracción y la comodidad de sentirme bien contigo con unos sentimientos que realmente jamás he llegado a tener. Y no tiene sentido seguir con esto. Es mejor que cada uno sigamos nuestro camino. No quiero hacerte daño Laura.

Durante unos segundos siento que me quedo parada, incapaz de reaccionar. Era increíble la rapidez con la que se estaba desmoronando la vida que me había construido con Alfonso, aquella que creía que me pertenecía y que nunca iba a cambiar… Mientras él pronunciaba esas palabras que se me clavaban en el alma como cuchillos afilados, yo sentía las lágrimas intentando salir como cascadas a través de mis ojos. Sin pronunciar palabra, asentí con la cabeza, me levanté y me fui sin mirar atrás.

En cuanto salí de la cafetería dejé que las lágrimas inundasen mi cara. Me sentía como si él me hubiese arrancado el corazón con sus propias manos y le hubiese dado unas cuantas patadas antes de devolvérmelo. ¿Por qué esto ahora? ¿Qué había hecho yo mal? No tenía ningún derecho a ilusionarme de esta manera, a llenarme por completo y hacerme feliz, para después dejarme tirada como una muñeca de trapo.

En la cabeza se me amontonaban mil ideas, quería pensar que esto no estaba pasando, que él se lo pensaría mejor y se arrepentiría. Necesitaba creer que todo volvería a ser como antes… Pero era absurdo, sabía que me estaba engañando a mí misma. Cuando un hombre dice “hasta aquí” ya no hay marcha atrás.

Llegué a casa aún con lágrimas en los ojos, no había nadie, estaba sola. Me senté en la cama y con la cabeza apoyada en las rodillas y las manos en la cara lloré hasta que ya no pude más. Una hora después me sentía agotada. Me levanté a beber un poco de agua, los recuerdos de los momentos felices con Alfonso pasaban rápidamente en mi cabeza como diapositivas. En ese momento volví a sentir el nudo en la garganta… Me senté en el suelo con la espalda apoyada en la pared y volví a llorar como una niña, durante un buen rato.

Los días iban pasando poco a poco, pero yo no conseguía salir de la tristeza en la que me había sumergido. Sofía estuvo a mi lado desde el primer momento intentando apoyarme y animarme. Pero yo no tenía ganas de salir, ni apenas de comer, y mucho menos de estudiar. Sólo quería encerrarme en mi habitación y estar sola. Siempre estaba ausente, era incapaz de concentrarme, siempre tenía la cabeza en otro sitio… Y sabía que eso estaba empezando a provocar mi caída en picado en los estudios. Un error que no tendría vuelta atrás, sin embargo, el dolor de la situación vivida y la melancolía que me embargaban, no me dejaron darme cuenta de que me acabaría arrepintiendo de mis actos.  La mitad de los días ni me levantaba de la cama. Dejé trabajos pendientes de entregar, y suspendía muchos exámenes.

Estaba perdiendo mucho peso en muy poco tiempo. Cada día me pasaba horas y horas llorando y pensando por qué había tenido que pasar todo esto. A veces, para que me diese un poco el aire salía a pasear un rato mientras escuchaba la música de mi móvil con los auriculares, pero ni así conseguía dejar de pensar en él. Cada paso que daba, cada calle que recorría me recordaba a algún momento juntos, a esos días de alegría y felicidad que ahora veía tan lejanos…. Y al final acababa llorando más incluso que si me quedaba en mi habitación metida en la cama e intentando dormir para olvidarme de todo.

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