ESTEFY HERAS

Citas inesperadas

La semana se me hace muy cuesta arriba. En clase cada vez nos meten más presión y yo nunca he sido una estudiante de sobresalientes. Alfonso sin embargo sí tiene más facilidad para los estudios y se puede permitir andar más relajado. Es un chico muy constante. Algunas tardes me acompaña a la biblioteca y me ayuda con los trabajos y los exámenes, pero en general me viene mejor estudiar sola. Suelo ser bastante despistada y me desconcentro muchísimo.

Por fin llega el viernes, pero me siento con muy pocas ganas de salir. Este fin de semana tengo mil trabajos que entregar. Cuando estamos todos en el descanso del recreo, desayunando en la cafetería, Alfonso me comenta que el sábado estará muy ocupado, que tiene cosas que hacer por la tarde y no podremos vernos. Yo casi hasta lo agradezco, así puedo dedicarme a los libros. Tengo que apretar un poco más si quiero pasar este curso sin arrastrar ninguna asignatura… De hecho, necesito aprovechar el tiempo todo lo posible, así que decido irme a estudiar.

  • Oye chicos, ya sé que el profesor de inglés sigue enfermo y ahora cuando termine el recreo tenemos una hora libre, pero yo me voy a la biblioteca. Ando muy liada. Nos vemos luego en la siguiente clase.

Cuando estoy saliendo por la puerta aparece Raúl.

  • Espera, te acompaño Laura, yo también estoy hasta arriba. Me vendrá bien aprovechar esta hora de estudio. Alfonso y Sofía se van a quedar en la cafetería, dicen que necesita desconectar un poco de los libros.
  • Son buenos estudiantes, se lo pueden permitir. Estudian lo justo y sacan buenas notas. ¡Ojalá yo pudiese decir lo mismo! Pero por desgracia yo me desconcentro con una mosca. Y eso implica tener que invertir muchas horas para conseguir mis aprobados.
  • Bueno, nuestro esfuerzo se verá recompensado. Ya lo verás.

Alfonso y Sofía están solos en la cafetería, por un instante ella se queda mirando sus ojos verdes fijamente… Durante un par de segundos sus miradas se cruzan, y ella aparta la vista rápidamente mientras siente como sus mejillas arden. Él está guapísimo, y estar así a solas con él la pone un poco nerviosa.

  • Oye Sofía, dentro de poco más de una semana es San Valentín, me gustaría regalarle algo a Laura. Pero no tengo mucha idea… Aprovechando que mañana es sábado había pensado en ir a comprarle algo por la tarde. A ella le he dicho que

estaré muy liado y que no podemos vernos. ¿Te puedo pedir un favor? Quizá tu podrías acompañarme a buscarle un buen regalo… Tú la conoces muy bien, y sabrás con qué puedo sorprenderla. ¿Vendrías conmigo?

  • ¿Yo? Eh… Bueno… Si, claro. No hay problema. Te acompañaré.
  • Gracias, acabas de salvarme la vida. ¡A este café invito yo!
  • No hace falta hombre.
  • ¿Qué te parece si quedamos a las 5 en la plaza del Ayuntamiento? Te esperaré justo en la puerta.
  • Me parece bien. Allí estaré.
  • Pero ¿No te estaré robando tiempo de estudiar ni de otros planes que ya tuvieses hechos, no…?
  • No, tranquilo. Los estudios los llevo bien y no tenía ningún plan. No me supone ningún problema acompañarte, de verás.
  • Gracias, eres un encanto Sofia. Te debo una.
  • De nada.

A pesar de haberle dicho a Alfonso que no le suponía ningún problema acompañarle a buscar algún regalo, su mente y su corazón le decían lo contrario… Sabía que el hecho de estar a solas, y sintiendo lo que sentía por él en silencio, podía hacerle daño. Pero, a pesar de lo contradictorio de sus pensamientos, también le hacía mucha ilusión la idea de poder verle, de estar junto a él. Aunque acompañarle a comprar un regalo para Laura no era el plan soñado para ella, si con eso podía disfrutar durante un rato de su compañía, no iba a negarse a ello.

Sofía salió de casa en dirección al ayuntamiento, donde había quedado con Alfonso. El día estaba fresco y algo nublado, había estado toda la noche lloviendo y en las calles aún se mantenían algunos charcos de agua. Durante todo el camino estuvo pensando si había tomado la decisión correcta, sabía que cuando lo tenía cerca lo único que deseaba era lanzarse sobre él y besarle… Nunca antes había sentido por nadie algo tan intenso como lo que estaba sintiendo por Alfonso desde que le conocía.  Y tampoco entendía cómo era posible estar tan enamorada de alguien con quien apenas tenía una simple amistad. Pero ahora tenía claro lo que significaba realmente tener un amor platónico. Estaba agotada de llorar a solas, de que cada beso que se daban él y Laura se le clavase en el corazón como un cuchillo. Una y otra vez deseaba controlar su dolor, borrarlo, y fijarse en cualquier otro chico. Pero por más que lo intentaba, no conseguía luchar contra sus sentimientos.

Cuando se acercaba al punto de encuentro pudo ver a Alfonso por allí esperándola. Estaba guapísimo. Llevaba unos vaqueros desgastados, un polo azul oscuro, y una chaqueta de cuero negra. Él la vio llegar y fue hacia ella para darle dos besos, y ella le respondió con un fuerte abrazo.

  • ¿Llevabas mucho tiempo aquí esperando?
  • Que va. Acabo de llegar. Por cierto ¿A dónde vamos? La verdad es que no tengo mucha idea de qué regalarle.
  • No te preocupes. Sé de unos pendientes que le encantarán. La tienda está como a unos 10 minutos andando de aquí, tu sígueme.
  • Qué fácil parece todo contigo. Yo me hubiese llevado toda la tarde dando vueltas, y seguro que al final hubiese comprado cualquier tontería.

Sofía miraba de vez en cuando a Alfonso de reojo, y sentía que le deseaba. Pero era consciente de la realidad: él estaba enamorado de Laura.

Con la compra ya realizada y justo cuando pasaban por una pastelería, Alfonso propuso hacer una parada en el camino.

  • Oye, creo que después de acompañarme te mereces que te invite a tomar algo por lo menos. ¿Qué te parece si nos sentamos aquí y merendamos algo?
  • No es necesario Alfonso, mejor me marcho ya a casa.
  • ¡Venga ya! Quédate Sofía, además te lo debo. En serio, déjame invitarte a merendar y estamos en paz.
  • Bueno… vale. Me quedaré, pero sólo un rato.
  • ¿Qué te apetece tomar?
  • Un café estaría bien.
  • De acuerdo. Marchando un café y una porción de tarta de chocolate. Voy a dentro a pedir, ahora vuelvo.

Mientras Alfonso pedía en la barra, Sofía no dejaba de mirar hacia él y de pensar en lo cómoda que se sentía a su lado. Cuando le vio acercarse de nuevo con los cafés, ella apartó rápidamente la mirada y se puso a disimular con su móvil

  • Cuéntame Sofia, ¿qué tal llevas los exámenes?
  • Pues… La verdad es que no los llevo mal. No me puedo quejar.
  • Entonces como yo. Creo que Laura y Raúl son los que llevan peor el asunto. Por cierto, hablando de Raúl, ¿Qué tal con él? ¿Te gusta?
  • Entre nosotros no ha existido nunca nada. Sólo somos amigos. ¿Por qué me preguntas eso?
  • No sé. Pasáis mucho tiempo juntos. Os lleváis muy bien. Raúl es un tío guapo y tú también eres una chica muy guapa y muy dulce. Creo que podríais hacer buena pareja. Así que no creo que esté preguntando nada raro…
  • No tenemos nada, sólo hay amistad entre nosotros. Creo que ninguno de los dos nos hemos visto nunca como algo más.
  • ¿Y no te gusta nadie?
  • Quizá alguien, pero… es alguien inalcanzable, no hay posibilidades.
  • En el amor no hay imposibles Sofía. Si te gusta alguien házselo saber. Nunca se sabe. Laura me llegó a confesar que yo le había gustado desde el primer momento en que me vio pero que nunca se imaginó que yo me fuese a fijar en ella. No entiendo en qué se basaba para pensar algo así. Hazme caso, lánzate y arriesga, quizá ganes.
  • Es bastante complejo Alfonso. Hay un chico que ocupa mi mente cada día, pero… el destino me lo ha puesto difícil.
  • Sea quien sea ese chico lucha por él. No te rindas. Estoy seguro que será incapaz de resistirse a estar con una mujer simpática, risueña, noble y tan guapa como tú, no seas tonta Sofía.

Sofía se quedó mirando a Alfonso durante unos minutos. Deseaba poder sincerarse con el y soltar todo lo que tenía guardado dentro y que la estaba consumiendo… Pero no quería hacer daño a nadie. Decidió que lo mejor era marcharse a casa, se despidió de él y se fue dando un largo paseo mientras pensaba en la descripción de chica guapa, noble y muy dulce que le había dado él.

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