MOISÉS ESTÉVEZ

Lo despertó el impertinente timbre de la puerta de su minúsculo
apartamento, pero cuando llegó a ver quién era no encontró a nadie. Se ve
que, o había tardado en levantarse y restregarse los ojos por el camino, o
quien fuera que hubiese llamado tenía prisa. Estuvo seguro de lo segundo
cuando se cercioró de que a sus pies había un pequeño paquete, anónimo,
dejado con premura, compañero de lo sibilino… sin abrirlo, lo dejó sobre la
mesa del salón y se adentró en lo que podría llamarse cocina, para hacerse un
café bien cargado y fumarse un cigarrillo…

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s